Decisiones

 

9. SIN FALSA MODESTIA

La vida es, a mi entender y en muchos sentidos, un circuito de situaciones, oportunidades, elecciones y decisiones. 

Yo he elegido tomar decisiones aun  cuando no me daba cuenta de que el "no hacer" también era una elección y una decisión. 

Desde niña vengo siendo resolutiva y ningún tipo de inacción de mi parte dejó de ser una decisión  

Dentro de mi familia de origen me fue otorgado, casi impuesto, un lugar de cierto poder, pero yo decidí quedarme en ese rol. En algún momento puede que haya sentido incomodidad por eso, pero decidí permanecer en él por muchos años. 

En la familia que he construido con mi marido y mis hijos decidí quedarme con mi tarea de madre que no trabaja fuera del hogar. 

Al principio no fue sencillo por cuestiones emocionales y económicas. Cuando me di cuenta de que lo había elegido yo, empecé a disfrutarlo inmensamente. 

En cuanto a mi matrimonio, no me resultó y en ocasiones no me resulta fácil aceptar que algunas situaciones fueron y son también fruto de mis decisiones. 

Por ejemplo, me he rebelado por no tener idea del dinero que entra y sale de nuestras cuentas, pero he decidido recoger los recibos de servicios, resúmenes de cuenta bancarias y otros gastos y colocarlos en una primorosa canastita de mimbre, destinada para ese fin. Después mi esposo las verá sin siquiera haberme ocupado de leer las cifras que ellas detentan. 

Siempre dije que no manejo un auto porque mi marido no estaba de acuerdo en que lo hiciera, pero en realidad, yo decidí no manejar para evitar incomodidades 

De esas situaciones tengo mil, pero de a poco las voy develando y me hago cargo de mis decisiones. 

Aun el hecho de que estemos juntos como pareja ha necesitado una firme decisión de mi parte. 

Casarnos, comprar y vender diferentes inmuebles, seguir adelante con los embarazos de mis hijos y viajes, entre otras decisiones, fueron en mucho más porcentaje obra mía que de mi marido.   

Lo mismo sucede cuando se trata de organizar reuniones, renovar mobiliario y la decoración del hogar, diría que en esos casos son decisiones unipersonales en las que fluyo "a piacere". 

También diré que ninguna de esas decisiones, sobre todo las más onerosas, fueron poco laboriosas de obtener.

Mi marido también tiene con respecto a las cuestiones de dinero férreas posiciones, pero finalmente, la más de las veces, he visto coronar con éxito mis propuestas

Es que como me dijo uno de mis grandes formadores en Coaching:

"Melinna, tal vez no te has dado cuenta, pero vos venís siendo Coach desde siempre" 

Y lo voy a reconocer sin falsa humildad.

 Melinna Trigo (CABA)

 

8. CAMINA CONMIGO UN RATO

Ser la consecuencia de las decisiones no tomadas, aquellas decisiones encubiertas, aceptadas.

Hacer un trato con la vida de aguantar el paso de los que van marcando huellas delante de la suela de mis zapatos, indicando dónde debía seguir, intentando no fallar.

Despertar una mañana, ya más fuerte y más segura, decidiendo que todo lo enseñado y aprendido ya no me acompañaba.

Proponer ante los ojos azorados, que ahora sí, caminaras a mi lado. La decisión está tomada.

Ver el espanto del vuelo del pasado, hablar del porvenir, mucho más complicado.

No saber si es el camino correcto, si será el más corto o el más largo, tener la certeza de que no lo hice tan mal.

Si quieres hacemos pacto, camina conmigo un rato, un tramo tan solo y hablamos después, si te sirve seguir a mi lado, qué puedes perder…

 María Santandrea (Neuquén, Neuquén)

 

7. DECISIONES

Palabra que ya al escribirla, hace que uno piense muy bien cómo hacerlo, sin con s o con c.

Palabra que ponemos en práctica diariamente diría, en acciones, hechos, gestos.

En mis últimos siete años fue mi compañera y mi oponente a la vez, puesto que en el lugar en dónde trabajé no siempre fueron bienvenidas las decisiones por mí tomadas.

Una vez una inspectora que nos dio una clase, nos dijo algo que me quedó muy grabado.Todos los días decidimos, a veces bien a veces mal, más nunca debemos dejar de hacerlo.

En la vida personal siento que me marcaron dos, no por eso ignoro o desmerezco todas las demás.Mas reconozco que estas, a las cuales me referiré, me pegaron muy fuerte.

Enero del veintiuno, con vacaciones que no tenían destino determinado aunque sí, escala en casa de Chillar a fin de hacer unos pequeños arreglos.

Los chicos habían ido dos días a la playa con amigos y solos los dos nos dispusimos a hacer algo de eso.

Desde el vamos hubo complicación: que faltaba material, que era caro, que no gustaba, que hacía calor, que iba a llover.

Luego de renegar a más no poder le pedí a mi marido que dejase todo así nomás y el domingo nos dedicamos a mirar pelis puesto que el cielo pintaba amenazante y no se podía hacer pileta.

Cenamos, vinito por medio, encuentro más que pleno y gozoso y al otro día, ya éramos cinco nuevamente.

Salí con Cate temprano para Olavarría a turno médico en medio de una ruta colmada de tractores, cosechadoras y gente que felizmente terminaba su trabajo de cosecha. Fuimos y volvimos con algunas gotas que cada tanto hacían que el limpiaparabrisas se activase. Al tomar la ruta de regreso llamé a César avisando que salíamos y pregunté cómo se sentía por la leve molestia que había mencionado al despertar.

Bien,  bien, después te cuento, dijo como para no inquietarnos.

Llegamos a casa y él dormía. Lo mire de costado y no quise despertarlo para comer.

A la hora y media se levantó con algo de hambre mas al segundo bocado que pasó por  el estómago, con cara de mucho malestar dijo: me siento muy mal, vamos a ver a Daniel. Nuestro médico de cabecera, amigo y confidente no estaba en el pueblo ese día, por lo tanto salimos rápido al hospital.

Desastrosa y bizarra la escena con una médica que hizo un electro por pedido nuestro y la decadencia de un sistema que ya es perverso y miserable, nos ponía a prueba la paciencia y  los buenos modales. El aparato no arrancaba. No tenían papel y se le saltaban los broches que pegan al cuerpo. Cuerpo que estaba gritando que algo andaba mal. Salvo nosotros dos que lo notábamos, los seudomédicos que nos asistían parecían de fiesta.

Salimos rápidamente con un electro que marcaba normal. Nada de análisis de enzimas ni mucho menos, para qué , no hacía falta …

Llegamos a casa y a los cinco minutos otra vez dolor y ardor.

Me siento muy mal, amor …

Y ahí, en medio del living de casa, con los tres chicos alrededor con caras que mostraban su temor yo me planté y dije: Gian, ponete zapatillas; Cate, trae la billetera con el Carnet de papá y vamos, ya , nos vamos a Olavarría.

Creo que en cinco minutos subimos al auto. Manejó Gian, temeroso pero más seguro que nunca, firme con sus dos manos al volante metiendo cambios entre máquinas y tractores que aún, en menor cantidad, ocupaban la ruta.

A mitad de camino, un leve pero contundente sonido de respiración que denotaba molestia irrumpió la cabina y ahí le dije: tranqui, amor, todo estará bien, respirá despacio, por la nariz,  a modo de decir algo que sabía, era una tontera.

Ahí sentí que el motor del Nissan bramó como nunca y no quise mirar las agujas, solo indiqué: despacio, Giani. Deja que él sabe lo que hace, dijo el padre …

Llame a la primera clínica que asoma al bajar la autovía y conté la situación.

Creo que en quince minutos llegamos y lo bajé del auto pero al salir  dejó caer su cuerpo y una señora que pasaba  lo sostuvo del otro lado. Por favor, amor, no caigas ya llegamos…

Levanté la cara y la puerta corrediza dejo ver a dos médicos que esperaban y lo sujetaron para inmediatamente meterlo al shockroom.

No alcancé a transcribir el número de afiliado que tenía al doctor detrás de mí. Dijo: señora, llegó justo, está en pleno infarto, pero, tranquila, lo vamos a salvar. Eso sí, me preguntó, ¿cómo hizo para llegar de Chillar hasta acá tan rápido?¿Quién fue quien decidió esto? Y yo  le dije, asustada como nunca en mi vida:Fue lo que atiné a hacer y mi hijo que es un sol manejó cual el mejor  corredor de autos.

Bueno, sepa dos cosas: esto que ha hecho ha sido la mejor decisión que ha tomado en  su vida… Si se quedaba cinco minutos más, otra era la historia.

Y así fue y así es.

Recordé a esa inspectora, que casualmente, es de Olavarría. Me abracé con Gian y lloramos en silencio.

Todo salió bien gracias al médico, a Gian que lo llevó, al cielo y a lo que decidí, primera vez sola ante la familia que me acompaño siempre.

La otra decisión, muy dura, muy dolorosa, pero a la vez, sin retorno.

Sacar a mamá de su casa para llevarla a un geriátrico. Lo hice junto a mis hermanos mas la primera que se atrevió a mencionar la leve idea fui yo. Ella sentada en su comedor y yo enfrente tratando de calmar sus miedos. Y de pronto me dijo mirando a los ojos: Yo voy a terminar en un geriátrico, ¿cierto?Yo no doy más acá. Esto no da para más.

Se levantó de la silla y comenzó a caminar para atrás, agarrándose las manos, como pellizcándose los dedos. Experimenté  una sensación de tristeza, ternura, amor y lástima, sentí en mi pecho y por mi  cabeza, se me vinieron cientos  de momentos en los que la lucidez de mamá pese a su tiranía, me llevó a época dorada. Simplemente, entendíó y aceptó. Lloró un rato y quiso despedirse de su gran amiga, hermana, Elsa. ¿Querés verla? Te llevamos mami, le ofrecí.

No, mejor por teléfono. Vamos a llorar mucho las dos…

Y al otro día, firme, segura, recorrió la casa, verificó las ventanas cerradas, la llave de gas para abajo y que la alarma estuviera conectada.

Dejó su casa en la que fue muy feliz durante sesenta y cinco años…

 María Vivarelli (La Plata, Buenos Aires)

 

6. DECISIÓN DRÁSTICA

No es fácil tomar decisiones drásticas, sobre todo cuando se trata de definir una situación que venía arrastrando  conflictos, que por falta de determinación llegaron muy lejos perjudicando, no solo al que los provocó,  sino  también a los que haciendo oídos sordos minimizamos, de algún modo, la gravedad de lo que estaba sucediendo.

No es fácil hacerse cargo y poner un punto final, eso implica tomar conciencia de que uno también es culpable por no haber podido parar a tiempo las transgresiones y de esa forma evitar a futuro consecuencias más graves. Muchas veces creemos que poner límites es arriesgarnos a que dejen de querernos,  nada más errado. En realidad, creo que es la

incapacidad de asumir que no nos animamos a enfrentar los hechos. Cuando en realidad animarse a decir "No" en el momento justo es un acto de amor  responsable, más allá de la reacción  del otro.

No nos faltó amor, nos faltó valor, ese valor que hubiera evitado tanto sufrimiento.

Tampoco dejamos de acompañar, estuvimos junto a mi hijo en cada recaída, en cada tratamiento, pero flaqueamos a la hora de hacer cumplir las normas, esas normas claras y precisas que marcarían el límite para siempre.

Llegó el día en que hubo que parar de algún modo esa situación que a esa altura era insostenible. Tuve que ser yo la que tomara esa decisión, aun  con el corazón roto.

Las cartas estaban jugadas, para bien o para mal, pero con la convicción de que era la última carta por jugar y lo hice más allá de mis temores y de mis culpas.

Mi decisión fue desgarradora para ambos, tal vez cruel para algunos, pero aleccionadora para mí. Mi intención fue que con esa resolución él pudiese reaccionar y luchar por su vida, esa vida que ya no era tal. 

Y lucho, sufrió, padeció, pasó hambre, frío, no tuvo un techo donde buscar cobijo. Lo que si tuvo fue tiempo para darse cuenta de que lo único que le quedaba era cambiar el rumbo de su vida o, literalmente, terminar con ella.

Pudo comprobar lo que había sido  vivír como un rey y terminar siendo un   mendigo, entendió que los excesos lo dejaron vacío, con ese vacío que solo se llena con afectos, esos que también había perdido.

La luchó y salió y de a poco fue recuperando la dignidad y con ella las ganas de seguir viviendo.

 Li (CABA)

5. DECRETOS PERSONALES

¡Cuándo no, Marita, con los pies en la tierra!

Mientras mi cabeza trataba de organizar un texto buscando motivación en el grupo para el encuentro del jueves, ella se encargó de hacerlo fácil y…!real!

¡Chicas todas son decisiones! Qué comer, qué ponernos,  a dónde ir de vacaciones, qué estudiar, cambiar de laburo, te cortaste el pelo y no te gustó…miles!

 Aceptar un lugar que no querías, llevar un sarcoma en un sobre al laboratorio, decidir no responder el teléfono, contestar agresivamente, abrazar porque querías, aceptar un cargo por obligación y  también, por tu enanito interior controlador y silencioso, proteger a alguien y ligar un sopapo, llevar la mochila que le correspondía a otro toooodo el camino como protagonista de un hecho trascendental_…tenés razón, Marita, hay zapatos que tengo guardados y que nunca doy…tampoco los uso.

Ahora que nos detenemos para contar me doy cuenta.

Apostar a decidir acertadamente con esa sensación de bienestar que queda o decidir en el desacierto por error o necesidad. Acertar mirando el atrás y dar vueltas y vueltas en cada equivocación cometida. Asumir y no animarse a decir me equivoqué, me hubiera gustado hacer lo contrario.

Suelo decidir desde hace tiempo. Escultora de mis decisiones, examinadora  de la magnitud de una decisión y la  extensión de lo que abarca en su totalidad porque decidirse es optar y en la elección algo se pierde  y algo  se gana indefectiblemente… alguien resiste y otro reclama.

Una vez leí que ante las atrocidades tenemos que tomar partido, el silencio estimula al verdugo.

Sin llegar a una atrocidad, creo que el verdugo existe en cada uno de nosotros y está atento a nuestros descuidos, tomar decisiones calculándolo para que no nos destruya en pequeñas dosis seria increíble.

Decir NO como sanación tan oportuno a veces como un sí.

Decir SÍ grande y sonoro con la convicción que a veces grita un no espontáneo.

Ya no tengo el alboroto de decidir por otros, por otros que esperan algo  de mí, por otros que decidieron alejarse ante mis cambios, por otros de otros que ya no me afecta lo que dicen.

Ya no tomo decisiones ni por encargo ni sin mí.

Mis decisiones se transformaron en decretos personales cuestiones que deliberan conmigo misma sin herir a nadie y principalmente a una tal Gabriela.

Si gustan genial, si no gustan también.

 Gabriela Potenza (CABA)

 

4. LO DIFÍCIL DE DECIDIR

¿Y si en vez de esto, tomo aquello? Debo evaluar las opciones que se me presentan, para saber cuál es la mejor no solo para mí, si no para quienes están involucrados en mi decisión.

¿Y si digo lo que siento y no me aceptan por eso? Pero necesito decirlo a pesar de lo que genere en los demás. Si lo callo, ¿puedo vivir con la carga de haberme silenciado? ¡Cómo saberlo a ciencia cierta!

¿Voy por este camino o por aquel otro? ¿A quiénes participo de mi decisión? Ojalá supiera si mi elección es la correcta para el momento y la situación que me atraviesa.

Siempre decidir es difícil. Porque algo se gana, pero algo se pierde. Se corren riesgos y rara vez afecta solamente a quien la toma.

Me han tocado unas cuantas decisiones que han puesto en jaque mi calma y gambetearon mis certezas. Me vi contra las cuerdas más de una vez y me he llenado de preguntas, dudas y cuestiones en las que se han ido noches de insomnio y angustia.

Obvio, no hablo de qué vestido ponerme para una fiesta, hablo de cuando la fiesta se terminó y a la princesa se le convirtió la carroza en calabaza.

He tenido que encontrarme con que mi decisión fue juzgada, aceptada, celebrada o rechazada. Y es muy difícil tener en claro que a la que se juzga, acepta, celebra y rechaza es a la decisión y no a mi persona.

 Elena Rudoni (La Plata, Buenos Aires)

 

3. DECISIÓN 2023

Cada dos años -corresponde por ley- los argentinos nos dirigimos a las urnas a emitir nuestro voto. Mi impresión es que elegimos al menos malo en cualquiera de los dos géneros. Esta sensación me acompaña desde el año 1983 cuando voté por primera vez. Una puede invertir tiempo en leer las plataformas electorales, informarse e investigar al respecto para después llegar a la conclusión de que hacen lo que se les da la gana. La real y reverenda gana (marcar las /r/ con exagerada fuerza). Existen dos tipos de elecciones: las que implican cambio de gobierno (presidente y gobernadores) y las que cambian la hegemonía en las cámaras legislativas. La realidad señala que la primera es la que conlleva más énfasis de parte de las agrupaciones políticas. Mucho más dinero en propaganda gráfica, radial y televisiva. En un mundo cibernético, aparecen también en las redes sociales. Como si fueran un artículo que debe ser comprado por el público. “No te lo podés perder, fíjate qué negoción, al mejor precio de mercado”. Algo así. El segundo tipo de elecciones justamente ocupa un segundo plano, lejos. Porque en definitiva ninguna de nosotras conoce a quiénes se presentan: votamos un pensamiento, una ideología que creemos viable.

Los políticos hablan hasta hartarnos/se. En una realidad paralela donde “archivo mata palabra”, o sea, lo que han dicho en otras oportunidades se pone en consideración del público para que saque sus propias conclusiones. Pareciera que “lo que pasó, lo que se ha dicho” no tiene ninguna importancia. Horror de los horrores. Uno pretende cierta -dicho este término con mucha lentitud y sentimiento- coherencia. Es lo que nos falta en tanto sociedad por todos lados en muchos temas.

Converso hasta el cansancio con los jóvenes de mi familia para conocer sus puntos de vista, tan disímiles al mío. Muy disímiles. Está bien que sea así ya que los años vividos nos brindaron diferentes bagajes. Además, mi opinión consiste en escuchar todas los comentarios posibles y no pretender que piensen lo que yo pienso.

“El pueblo es sabio”: lo he leído y escuchado millones de veces y la verdad es que me parece la falacia más grande por alguien dicha o escrita. El pueblo es un constructo filosófico: pueblo trabajador, pueblo solidario y otras. ¿Qué implica la sabiduría de la población? ¿Títulos, experiencia de vida, el bolsillo de cada cual?

Como cada vez que se acerca la fecha de las elecciones generales, me da una suerte de angustia existencial. ¿Cómo es posible que con un país tan rico en materias primas y en capacidades inteligentes (tres premios Nobel en ciencias), una parte de la población desee partir hacia otros países? No es la situación de guerra de nuestros abuelos/bisabuelos europeos. No. Es el cambio vertiginoso de las reglas de convivencia día tras día. Lo sabemos.

Y como si esto fuera poco, siempre me pasa lo mismo: no me gusta ninguno. También sé que no debo caer en la trampa del voto en blanco para favorecer al primero. Evito malas palabras en la persona de un presidente ya muerto (¡graciadió!) que modificó la Constitución en su propio beneficio. Fea y atroz actitud. Con esta medida, el voto en blanco se diluye, pierde entidad, no existe.

Sigo buscando información que me cierre. No creo ser la responsable última de lo que suceda el próximo domingo 22 que vaya a cambiar el decurso de las cosas. Pero cuánto me cuesta.

Edith Oxilia (CABA)

 

2.ELIJO DECIDIR

“Las decisiones son buenas en el momento en que se toman. Después si no fueron acertadas, si es posible se modifican, sino se buscará una nueva solución”.

Esta frase creada por mí, no sé si en su totalidad o adaptada por haber escuchado algo similar, me la he dicho a mí misma y la he repetido a mis hijas y amigas.

Suena a conformismo, pero no es así. Solo considero que ciertas circunstancias, hechos e incluso personas, nos hacen decidir tal o cual cosa en un momento determinado, siendo a veces la única opción. Creo que nadie tomaría a conciencia una decisión que luego se pueda volver en contra.

No titubeo en tomar decisiones importantes, mi guía es que ciertas cosas hay que resolverlas y punto. Contrariamente, algunas veces dudo en decidir sobre situaciones tontas, como por ejemplo, comprar un placard nuevo.

Traté de aprender que se vive a prueba y error, de allí mi frase anterior. Uno puede decidirse por un determinado trabajo, un estudio, una pareja, la elección de amigos, sobre la crianza de los hijos y mil ejemplos más,  y  sin embargo, luego, con el tiempo, darse cuenta de que lo elegido no cumple las expectativas o no funciona como se esperaba, pero en el momento de tomar la primera decisión, existió algo que nos hizo pensar que era la mejor.

Algunas decisiones se pueden revertir. Otras no, pero siempre cabe la posibilidad de buscar nuevas sobre la misma situación.

Más que las decisiones tomadas, tengo en cuenta, las decisiones “NO tomadas”. Las que dejamos de lado por temor, por inseguridad, por pensar en otro más que en nosotros, viéndonos decir “sí” o aceptando lo que en verdad no tenemos ganas, conformándonos con lo que no queremos.

Hasta ahora, siempre elegí decidir, pues prefiero la duda de si será lo correcto a seguir dudando por no poder tomar la decisión.

                                                                             

                                                                                    Claudia (CABA)

 

1. TORBELLINO

Soy una persona impulsiva. Todas las decisiones que he tomado en la vida fueron por impulso. Me he golpeado infinidad de veces, como por ejemplo cuando vendí el auto, que es algo de lo que me arrepiento. Pero muchas decisiones me salieron muy bien, como cuando decidí ir a cantar a España con mi grupo vocal: acepté ir de viaje, fui a grabar el disco, me compré todo lo necesario, saqué el pasaporte y me subí al avión. Todo en tres meses.

La decisión más difícil fue la separación con Daniel. Yo quería que fuéramos La familia Ingalls pero terminamos siendo Los locos Adams. Repito una y mil veces que aún añoro la Institución que habíamos creado. Pero yo era una mujer insoportable y Daniel un hombre apesadumbrado, no daba para más. Lo fui pensando durante dos años y me costó mucho hablarlo con él.

No me doy el tiempo para reflexionar o analizar los pro y los contra en una decisión. Sí sé que dentro de mí hay una vocecita que me taladra durante meses, o tal vez años y no me doy cuenta muy bien qué sucede. No sé si lo tapo, no sé si lo bloqueo, pero de repente tomo la decisión: surge como un torbellino y no importa a quien lastimo, no pienso si es correcto o no.

En lo que siempre estuve segura fue en las decisiones que tomé junto a Daniel para la educación de mis hijos: enseñarles el respeto por los demás, fomentar la solidaridad y darles libertad. Tal vez confundí un poco libertad con falta de límites. Son seres conscientes del mundo en que vivimos. Uno se adaptó al sistema, el otro no. Ante todo, valoran su libertad y la de los demás.

Alejandra Busconi (San Martín, Buenos Aires)


 

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