10. CULPABLE POR REIR
Ese viernes por la tarde nos habíamos reunido en mi casa para preparar una clase especial para nuestro curso de tercer año de la secundaria.
Creo, aunque no podría asegurarlo, que se trataba de un tema de historia.
Lo que sí aseguro es terminó siendo una divertida reunión de cuatro chicas con todas las vitales características de típicas muchachas de los quince años que teníamos por entonces.
Distribuidas en mi cuarto, dos sentadas en la cama, otra en un sillón de mimbre y yo en el piso, sobre un almohadón desteñido, nos dedicábamos a tomar mate y comer las confituras que había preparado mi madre, siempre atenta a las visitas.
Nuestras risotadas se oyeron, sin prejuicio ni medida, por un buen rato.
En un momento dado mamá se acercó al dormitorio y me llamó desde la puerta de la habitación.
Cuando ambas entramos a la cocina, ella muy seria y con un gesto censor me dijo en su entrañable dialecto calabrés "hija, por favor, no se rían tanto, acordarte que el que ríe en viernes, llora en domingo".
Volví a mi cuarto y no encontré la manera de moderar aquel ímpetu juvenil de reír por casi cualquier cosa.
Me dejé llevar por la onda jocosa y la pasé genial.
Pasados el viernes y el sábado sin hechos trascendentes, creo que hasta olvidé el episodio de la cocina.
El domingo cerca del mediodía mis padres tuvieron una de sus temperamentales discusiones.
Una vez más mi hermanito y yo escuchamos el portazo de papá yéndose a no sé dónde.
Como siempre nuestra madre quedó llorando sobre la colcha de florones bordados.
Entonces me acerqué y la abracé con toda mi alma mientras le pedía perdón, entre lágrimas, por mis risas del viernes.
ALGUNAS DE MIS FRASES PREFERIDAS
'El que no hace nada nunca se equivoca "
"Tenemos una sola vida"
Cuando no me animo a proponer algo me digo, pruebo, total...
"El no ya lo tengo"
"Hacé el bien y olvidalo, hacé el mal y acordate."
"No escupas para arriba".
"El camino del infierno está lleno de buenas intenciones."
"El zorro sabe más por viejo que por zorro'
"Como te ven te tratan"
"De la muerte y de los cuernos nadie se salva"
"Quien canta mientras vive, vive dos veces."
"Madre hay una sola"
'Cada uno sabe dónde le aprieta el zapato"
"El pájaro no siempre canta porque es felíz. Es felíz porque canta."
"Lo tuyo es tuyo...pero ojo...lo mío también es mío"
'Cada casa es un mundo"
"Al César, lo que es del César"
Hay una frase sobre la estoy reflexionando.
Mi madre decía sobre la gente que hablaba bien de sí misma...
"Duda del burro que se alaba solo"
Hoy día creo que autorreconocernos nos apoya.
Cierto toque de arrogancia no viene mal para el mundo en que vivimos.
Eso sí, reconociendo a los otros sus propios valores.
Cuando hablo de alguien muerto que no me simpatiza digo
"Que Dios lo tenga en la Gloria, si puede"
También ha palabras que uso frecuentemente desde lo más profundo de mí
GRACIAS
PERDÓN
TE AMO
TE ADORO
A DISFRUTAR ...
Hay una frase que es casi una máxima en mí vida
"Tal vez no tengo todo lo que quiero, pero AMO todo lo bueno que tengo"
Melinna Trigo (CABA)
9. EL COLOR DE TUS PLUMAS
“A partir de este momento, tu vida ya no te pertenece,” dijo mi madre al enterarse de mi embarazo, frase que me enfureció. Yo planeaba seguir con mis estudios, trabajar, criar la niña, y un montón de cosas más. Se lo dije. Solo me miró y sonrió devolviéndome el mate.
Pasaron dieciséis años para que aquellas palabras horadasen mis pensamientos. Debía trasplantarme, no era una opción para mí. Girar la cabeza y ver a mis niñas de quince, diez y seis años, hizo que diera el consentimiento entendiendo así el verdadero significado de lo que mamá había querido decir.
“Pájaro del mismo color siempre vuela junto”, solía repetir mi padre.
No se refería al color de la piel, sino a las características socio- culturales. Aquella analogía me ha ayudado a observar y comprender a las personas y sus grupos . Me ha facilitado la vida, dándome la posibilidad de pertenecer o huir sin temor a equivocarme. Me ha permitido ver que hay detrás de cada ser humano interpretando sus gustos, sus prioridades de acuerdo al ámbito en el que se mueve.
Tan hechicera esa frase, que tiene una fuerza sabia sobre mi corazón y mi mente.
María Santandrea (Neuquén, Neuquén)
8. FRASES DE ANTES
Crecí en un pueblo en el cual todo era cuentos de, dijo tal cosa, así hablaba fulanito…
Cuesta recuperar memoria y formar con letras palabras que se unan en aquellas famosas frases.
Todo muy rico ¡dijo Yiya, y se iba entre risas y despistes, mi abuela materna, que lejos de ser la madre ideal, fue tan buena como inconsciente diría mi madre.
Esa frase prendió entre vecinos que la adoraron y que hoy, a casi cincuenta años de eso, aún recuerdan esas tres palabras.
Aparecerse de imprevisto en penumbra y en silencio, era la manera de ser más espontánea de Margot. Eso ponía de pésimo humor a mamá y cada vez que sucedía, un reclamo surgía de mi madre, y, por más empeño que hacía en disimularlo, su enojo sobresalía.
A la abuela parecía importarle poco….
En una oportunidad, ya grandulona yo, estando solas con amigas en casa, se apareció sigilosamente por la cocina, y el grito mío se contuvo para no delatar lo prohibido: estábamos todas fumando y yo, al verla entrar, lo tiré debajo de la mesa y pise el cigarrillo que por poco perforó mi pie.
Mamá y sus mandatos. Pobre mamá, una vez más cae la personalidad con toda furia.
¡Ya vas a ver cuándo seas madre!
¡Te vas a acordar de mí!
¡No vas a pegar un ojo en toda la noche!
Frases que repetía hasta el cansancio cuando yo llegaba tarde de noche desobedeciendo sus horarios y estilo de vida.
Poco me importaron en esos tiempos, más los años se vinieron encima y en las noches de insomnio retumban en mis oídos.
También me decía, no gastes en cosas de la casa, date los gustos que quieras vos, ahora que sos joven….
Cuando tengas hijos la prioridad serán ellos …
De papá no tengo frases propias, mas sí, cantidad de cuentos, chistes, travesuras, enseñanzas.
Toma petisa, para la nafta, así salís en el auto a la noche.
Nunca, jamás, ni en los peores momentos, dejó de dar al otro.
Cada historia del pueblo él la contaba con lujo de detalle y si aparecía un nuevo espectador, una cuota extra venía en el combo.
Tenía un compañero de primaria que pronunciaba la R algo gangoso decían en esa época.
Lo llamaban Mogon, supuestamente por Morrón.
Según papá, bastante bruto e inocente.
Una tarde en la escuela la maestra tratando de enseñar a leer, escribió sílabas a la par de dibujos significativos.
R con A Ra. T con A Ta. ¿Cómo se dice todo junto ? ¡Laucha!, gritó orgulloso desde el último banco.
Esto basto para que toda su vida, él mismo de grande, recordase esa anécdota y riese siempre.
Mi suegro, un tano muy exigente con él y con todos, renegó cada vez que su cuñado le hacía la misma broma matinal:
¡Bongiorno por la matina! lo saludaba entre risas y corridas para evitar el empujón y el enojo reiterado….
Otro cuento que quedó en el colectivo de todos, un autodidacta que hacía de semi electricista, en una de sus andanzas parece que había un desperfecto en una casa y supuestamente cortó cables, los arregló y gritó fuerte: conecten.. y salto térmica y todo
De ahí la frase, Conecte dijo Pililo. Cada vez que se corta la luz, todos nos acordamos de él.
Malala, con cuatro o cinco años, quedó al cuidado de unos amigos de mis padres. Parece que la chiquita comió de más y se descompuso.
Quien cuidaba de ella, al verla tan caída le preguntó: ¿estás con ganas de vomitar o querés ir al baño?
Las dos cosas, dijo ella
Otra frase que resuena y cuando suceden las de una situación, yo repito eso
Las dos cosas, dijo Malala…..
La memoria se activa y aparecen muchas historias, cuentos, relatos.
Algunos son reales, otros, no sabemos si pasaron o no, pero forman parte de la idiosincrasia del pueblo.
Tarea nuestra la de pasar de boca en boca para que los que vienen tengan algunos de tantos.
Ellos tendrán los propios ……
María Vivarelli (La Plata, Buenos Aires)
7. FRASES QUE DUELEN
Frases, hay de todo tipo. Algunas construyen y otras destruyen. Hubo dos frases que quedaron por siempre dando vueltas en mi memoria. Mi papá me decía: "Cuando tengas algo que hacer, hacelo bien o si no, no hagas nada". Esa teoría o consejo, además de ser un ejemplo que él me demostró, me sirvió de guía. Había aspectos de él, como sus enojos frecuentes, que no fueron inspiradores para mí vida; lo que sí lo fue, y de ahí mi admiración, fue su increíble prolijidad en todo lo que hacía. Mi papá solo tuvo estudios primarios, sin embargo su letra era admirable, perfecta; leía el diario, le gustaba estar informado. Mi casa era humilde pero muy digna, todo lucía impecable, ya que las paredes estaban pintadas por él de manera perfecta, así mantenía su taxi, como si recién lo hubiera sacado de la agencia. Lo mantenía brillante, por fuera y por dentro, perfumado, conocía todos los barrios y sus lugares más recónditos. Para reyes me regaló una bicicleta, armada totalmente por él. Aún hoy la recuerdo, el cuadro lo había hecho pintar de rojo, con filetes blancos, los cuadros de las mismas eran de color, sus rayos y manubrio brillaban increíblemente; esa bici era la admiración de los chicos del barrio cuando salíamos a dar vueltas por la vereda. Así era él, siempre hizo honor a su frase, porque cuando hacía algo, lo hacía de manera perfecta.
La otra frase no la tomé como ejemplo. Esas
palabras tan desafortunadas salieron de la boca de mi mamá. Su frase fue, "Para eso la traje al mundo". Se lo hizo saber a una vecina, cuando esta le reclamó lo injusta que era conmigo al exigirme trabajos pesados siendo yo tan niña. Una frase desprovista de todo sentimiento amoroso, al igual que cuando era yo más pequeña, al acercarme para abrazarla me separaba aduciendo: "Salí con esa falluteria". Comprendí, dolorosamente y a muy temprana edad, que las demostraciones de afecto no iban con ella. Yo la quería, pero nunca más pude expresarle con palabras mis sentimientos.
Yo no tuve frases que me caracterizaran, pero pensando bien, creo que varias iban muy bien con mi manera de encarar la vida. Por ejemplo: "Siempre que llovió, paró", llevando esa frase a mi vida, siento que después de sortear varias tormentas, pude lograr encontrar la calma tan deseada.
Otra como, "Al mal tiempo buena cara", esta frase me transporta a momentos donde la tristeza era una carga imposible de ocultar, aun así cuando estaba acompañada por gente trataba de demostrar mi mejor versión, no por ocultar, sino para no contaminar con mis problemas a los demás.
Por ultimo, hay una frase que me demuestra que en la vida, nada es eterno. "No hay mal que dure cien años", claramente es tal cual, porque mis malas rachas no duraron para siempre, también hubo otras muy buenas.
Li (CABA)
6. Y LO ANUNCIÓ
Cuando yo me muera ¿quién va a hacer el asado?
Acostumbraba a ponerse su gorra vasca cada vez que la ocasión se presentaba para compartir un asado. Era casi inevitable que al hablarse de dicha preparación no se lo asociara -casi como un mandato adquirido a través del tiempo- para la elaboración de aquel plato. ¿Sería adquirido o legado? Quizás estaba sujeto a saberse necesitado exponiendo sus habilidades al encontrar el punto justo entre el dorado de la superficie de la carne y el jugo, que se esperaba corriera a través del corte cuando el cuchillo era introducido para separar una porción. La ceremonia comenzaba temprano, casi siempre acompañada con un mate amargo. Limpiar el lugar. Verificar el sector desde donde corría el viento por si había que hacer algún reparo. Buscar la leña fina para dar comienzo al ritual de encender el fuego. Le seguían troncos más gruesos para formar buenas brasas. Limpiar cuidadosamente la parrilla o estaca. Arrimar al lugar la carne. Salarla. Cuando había suficiente cantidad de brasas y el calor era parejo a lo largo de la parrilla, se acomodaba toda la carne.
Lo había hecho a lo largo de los años. Se lo podía ver con una campera de gamuza; camisa fina; su gorra, en sus últimos años la visera había dado lugar a la vasca; un cuchillo pequeño con mango de alpaca e incrustaciones doradas que lucía en su cintura y su sonrisa amplia bendecida por una dentadura blanca y simétrica. Disfrutaba de aquellos momentos. Su vista se fijaba en las llamas dando lugar a recuerdos lejanos. Le gustaba la charla dando vida a anécdotas donde se había sentido vivo, lleno de fuerzas y desafíos.
Los años pasaron. Las fuerzas de la juventud lo fueron abandonando. Un día de julio sus carnes se vieron invadidas. Una tarde de febrero calladamente se fue. Pasaron los meses. Un domingo, su mujer volvió a reunir la familia. El mandato recayó en el hijo varón mayor. Era el elegido para seguir la tradición y hacer aquel asado. El lechón lo aguardaba en la heladera. Comenzó con el ritual de prender el fuego en el fogón del patio. Cuando creyó que había suficiente brasas y calor llevó la carne y la tapó con un cartón –que según los dichos de un tío servía para mantener el calor.- La miró un rato hasta que decidió que todo iba muy bien. Llevaría un tiempo aún poder darlo vuelta, se dijo. Fue a la cocina buscando un mate cebado. Charló con su esposa. Ayudó a su hijo que hacía una cola de un barrilete. De pronto un grito desesperado lo dejó a él y a todos los presentes paralizados. ¿Qué pasa?, ¿qué pasa? se preguntaron. Se escuchó ¡se prendió fuego el lechón!. Corrió a la puerta del patio. Su mirada enfiló directamente hacia el fogón. No podía creer lo que sus ojos le mostraban. Las llamas se habían ensañado con el cuero de aquel bicho utilizando la grasa como su combustible. Agarró una frazada vieja -que encontró a su paso- y las dejó sin aire. El humo se hizo presente. Esperó unos instantes. Sacó el bulto calcinado de la parrilla. Lo miró con estupor. Los colores rosados y dorados habían dado lugar a un negro carbón.
Un hermano que lo había acompañado en el salvataje, entró a la cocina. Los ojos expectantes de los presentes esperaban el veredicto de lo sucedido. En realidad querían saber si comerían o no ese mediodía. Bueno -dijo. ¿Quién me acompaña a la rotisería de Vieytes? Si querían comer lechón será en otra oportunidad. Vamos a comprar un pollo.
Galu Juin (Junín de los Andes, Neuquén)
5. CHARLIE LÓPEZ
Los refranes forman parte del acervo cultural de este país.
Desde que era joven esas frases populares han motivado mi aprendizaje.
Como no soy una gran lectora, al escucharlas las incorporaba como enseñanza para mi vida, por su sabiduría intrínseca, así que me parece inútil escribir una lista interminable de frases inconexas como demostración de que conozco muchos refranes; ya que ahora los incluyo en mis relatos muy a menudo.
Hace tiempo tuve que componer un diálogo que empezaba con las veintiocho letras del abecedario; fue un ejercicio pedido en un taller de escritura. No importaba el argumento, pero debía ser coherente y respetar la consigna en cada respuesta.
Lo recordé porque en un momento pensé que con los dichos tan conocidos podía armar algo parecido, que tuviera un hilo conductor; pero lo deseché de inmediato.
¿Me falta inspiración?
¡No! Me niego a escribir sobre esto, tan solo eso.
No recuerdo haber escuchado de mis padres algún refrán, pero mis hijos no pueden decir lo mismo, los he enloquecido hasta con expresiones de mi propia autoría.
Como aporte extra recomiendo los acertijos de Charlie López, docente, escritor, historiador y profesor de inglés. Autor de “Por qué decimos lo que decimos”, libro que ayuda a entender el por qué de más de trescientas palabras y expresiones de uso cotidiano, a la vez que revela relaciones insospechadas con hechos y personajes históricos y con prácticas y costumbres de otros tiempos.
Lo veo y disfruto todos los sábados a la mañana por TN. La mayoría de las veces busca enlazar vocablos o dichos por todos conocidos, con las efemérides del día.
El 8 de septiembre se celebró en Argentina el día del agricultor, así que las frases elegidas para esta oportunidad por Charlie, estaban relacionadas al campo.
No quiero “sembrar cizaña” con este tema que vale “chaucha y palitos”. Ustedes pueden pensar que tengo “la vaca atada” como siempre, pero se “comerán un garrón”; no quiero “meterles la mula” ni “levantar la perdiz”, así que voy a ir “directo al grano”.
Los refranes y yo somos “mala yunta”; pero no me importa porque “a caballo regalado no se le miran los dientes” y “uno cosecha lo que siembra”….
Mágico Abril (CABA)
4. DICHOS EN MI INFANCIA
“Me cago en Diez” decía mi mamá cuando se enojaba y yo pensaba, ¿Por qué
la liga el pobre Diez?, ese amigo de mi papá que venía a los asados de hombres de los jueves.
“El que nace barrigón es al ñudo que lo fajen”. Añares tardé en descifrar el significado de ese dicho materno.
“El que mucho abarca, poco aprieta”. ¡Ah! era porque seguro cargaba o hacía más cosas de las que podía, no recuerdo la edad que tenía cuando comprendí lo que me quería decir.
“No te hagas la chancha renga”. Ahí si entendía que mi intento de engañarla no estaba surtiendo efecto.
Así es como mi infancia estuvo repleta de dichos que querían dejarme una enseñanza, pero no estoy segura de que lo lograran, ya que evidentemente los eufemismos no estaban hechos para mí, o quizá no eran acordes a mi corta edad.
También me acompañaron frases divertidas y ocurrentes
“Má, ¿qué comemos hoy?”. “Canguingos y patas de peces”, respondía ella, harta de que le hiciéramos la misma pregunta todos los días.
Se sumaron con el tiempo algunas palabras divertidas, por ejemplo mi papá, que cuando terminaba de hablar por teléfono, se despedía diciendo “fonómeno” con voz nasal, que le valía las cargadas e imitación de todos en la casa.
Se sumó más tarde una frase que aún es un clásico entre nosotros “Qué muchacho pelotudo”, aplica a conocidos, no conocidos, seres queridos y no queridos y a todo bípedo que diga alguna “burrada” (otro término acuñado por mi viejo).
También hubo frases que eran de uso popular y hacían referencia a personajes del pueblo. “Voy y vengo, dijo Calaucha y no volvió más”. “Le dicen kiosco, chiquito cuadrado y lleno de boludeces”, se refería a Estévez, candidato a intendente en el 83. A otro candidato, Enrique Cabeza, que se sabía que no iba a tener más de un puñado de votos le decía “Poroto, candidato al pedo”.
Y así el ingenio y las costumbres heredadas forman conceptos y dejan su sello, también hacen que nuevas frases vayan acuñándose. Mis hijas conocen los “canguingos y patas de peces” y me han visto abrir la heladera y decir “Qué pobreza franciscana”, cuando en la misma no había más que una jarra de agua, dicho que también yo le escuché a mi mamá.
También tenemos frases propias que nos hemos adquiridas (no entiendo) en diferentes circunstancias, como por ejemplo “me puse lo primero que encontré” o “mirá que no te teletransportás”, haciendo alusión a salir a horario para la escuela o “metele que son pasteles” cuando algo está muy rico y alguien pregunta si puede comer más.
Elena Rudoni (La Plata, Buenos Aires)
3. FRASES CÉLEBRES EN MI VIDA
“Dios nos libre”, ha sido una sentencia en boca de mi mamá de modo continuo. ¿Qué es librar? (Me viene a la mente “Una libra de carne” de Agustín Cuzzani). ¿De qué nos libra don Dios? Más tarde la frase se agrandó: que nos libre y que nos guarde. ¿Qué? Mucha información para una cabeza pequeña.
Hasta el día de hoy mi papá murmura frases sin sentido en un supuesto alemán que no es tal. Sospecho que su mamá -mi abuela Úrsula- ,de padres del imperio austrohúngaro, las diría. Por ese motivo, considero yo, me enviaron a estudiar alemán, cosa que agradezco, aunque hoy no me sienta capaz de hablarlo. También hacía facha conmigo en reuniones con la familia y vecinos. Pedía silencio y me obligaba a decir alguna frase en ese idioma. Todos festejaban mi proverbial sabiduría (¿lo qué?). Me resignaba a hacerlo porque él era feliz. A la vez entendía que me prestaban tanta atención como a la tele. O sea, poca.
Otra frase interesante que él siempre dice es “No te puedo llevar a lo de Ortulo”, aplicada sobre todo si algún niño en la mesa hacía zafarrancho: tirar la bebida y/o hablar con la boca llena. Aún mis hijos la repiten enfatizando el sonido /r/ del término. En algún momento este restorán “Lo de Ortulo” existió en Buenos Aires. Mis chicos lo googlearon y se mataban de la risa en pensar en que no podríamos ir por la máxima del abuelo.
Refranes a montones: “al que madruga, dios lo ayuda” (¿y si uno trabaja de noche y no madruga, don Dios lo abandona a su suerte?) Ahora recuerdo este. También como refrán “familiar”: “lo que se sirve en la mesa, se termina” y “la comida no se tira”. Cuestiones prácticas en una casa donde el alimento era importante. Se le otorgaba una entidad y había que respetarlo a rajatabla.
Inventé mis frases. Cuando mis hijos eran chicos no tuve aparato de teléfono inalámbrico. Necesitaba cinco minutos de conversación tranquila sin fijarme qué estaban haciendo o por hacer. Ya sabemos todas lo creativo en que se transforman. Unos genios totales. Les señalé que “cuando mamá habla por teléfono, el mundo se para”. Ahí quedaban como estatuas los muchachos esperando que su mamá concluya alguna conversación. Otra fue “una sí, una no”. El cochecito de bebé que fue útil para ambos no soportaba la contundencia de Sebastián con cuatro años de pie en el parante trasero. Para que el transporte infantil permaneciera hasta que el bebé en cuestión pudiera caminar con pericia, Sebastián se “subía” al cochecito una cuadra sí y otra, no. Me echa en cara hasta el día de hoy que yo elegía las cuadras “cortas” (por nuestro barrio hay varias cuadras que fueron parte de nuestro derrotero habitual de menos metros que las comunes) y -literalmente sus palabras- “lo afanaba”. Otra cuestión que me importaba era que consumieran frutas. Si había postre (flan, gelatina, postrecito), soltaba mi dictamen: “Primero la fruta, después el postre”. Y me hacían caso. Quizá la promesa a cumplir el “premio” de lo rico, los animaba a cumplir la tarea.
Edith Oxilia (CABA)
2. FRASES QUE MARCAN
Me detuve a pensar cuánto uno puede decirle al otro, o podemos nosotros escuchar del otro, palabras que pueden dejar marcas o influir de alguna manera.
Por mi parte, traté en lo posible, no establecer mandatos para mis hijas, ni modelos a seguir. Soy consciente de que la línea es muy delgada y lo que uno les dijo, pueden haberlo considerado como tal. No solo por cómo ellas lo pudieron haber tomado sino también, quién sabe cómo yo lo pude haber dicho.
La primera frase que viene a mi mente, es haberles repetido varias… muchísimas veces, es: “Un lápiz pesa menos que una pala”.
Ante la respuesta que una vez me dio mi hija menor: “Pareciera que para vos tienen importancia las personas con estudios” fue un tema tratado por mi cuando he hecho terapia. La conclusión a la que llegué con mi terapeuta fue que no era mi propia frustración por no haber seguido estudiando pero si era posible que influyera mi inseguridad frente al futuro. Mi frase tenía como base el pensar o creer (quizás equivocada) que el estudio podría brindarles un arma más para desarrollarse, incluso laboralmente, en su adultez. De todas formas, cuando terminaron su etapa de secundario, dejé la frase de lado.
Antes de escribir este texto, les pregunté a mi hijas qué otras frases les había dicho y si las percibieron como mandatos. La respuesta fue:
“Mandatos… no sé. No lo sentí así”
Frases: “Viste, yo te lo dije”. Pero porque siempre tuviste una buena intuición.
“Siempre nos dijiste que estudiáramos, ninguna te hizo caso y así estamos”
Supongo que les debo haber dicho mil cosas más, pero quién sabe por qué estas son las que prevalecieron.
En cuanto a mi familia de origen, es muy poco lo que pude rescatar de mi memoria. Lo que me haya dicho mi padre, no lo registré o ni lo habré escuchado.
Lo mismo me pasa con tía Filito. Siempre he dicho que influyó en mi crianza más con actos que con palabras. Pero recuerdo una frase que me dijo, que hoy me causa un poco de gracia. Yo era ya adulta, estaba casada y había tenido a mis hijas. Cierta vez, charlando con ella, le mencioné que me seguía viendo con amigas del secundario y que vendrían a casa. Me dijo: “No invites tanto a tu casa, hay que resguardar la casa, al marido… No es bueno tener tantas amigas”
Nunca le hice caso, pobre tía. Qué la hizo pensar así, no lo sé. Quizá no fuera en su época bien visto hacer prevalecer a los amigos. De todas formas, pienso que en parte, esa frase pueda tener relación con mi introspección y con ser un poco reservada.
Una frase que me ha marcado y he tenido que luchar contra ella, es una que me ha dicho mi hermana. Estaba relacionado con mi mamá, entendí que mamá se lo había dicho a ella.
Estoy confundida en qué momento me lo dijo, no puedo precisar si fue en el momento en que estaba esperando su segundo hijo, contando yo con diecinueve años, o fue cuando cayó en una depresión mucho más profunda de la habitual, y pasó unos meses en mi casa. En ese entonces yo tendría unos veintiocho años, y ya había formado mi propia familia.
La frase fue: “Para qué tener hijos, si todos vamos a morir”
Nunca hablé de esto con nadie. Ni cuando hice terapia. No sé por qué cuando leí esta consigna es esto lo primero que se me presentó.
Fue una lucha interna durante mucho tiempo en mi vida, intentar borrarla, tratar de entender que si mi mamá lo dijo, lo hizo en medio de su enfermedad. Y mi hermana al repetirlo, también fue en las mismas circunstancias. Que ella también debe haber tenido que luchar contra esas palabras.
Sin embargo, apoyándome en mis libros, en el teatro, en los amigos, en mi propia familia, pude comprender que la vida tiene un significado que abarca mucho más que la finitud. Que transitarla es lo valioso.
Y también, lo más sorprendente y maravilloso.
Claudia Martorelli (CABA)
1. ALGUNAS FRASES
Cuando era muy chica, mi mamá repetía muchos dichos de la familia. En cambio, mi papá decía las cosas con canciones. Por ejemplo, cuando nos despertaba el día feriado del 25 de mayo, nos cantaba el comienzo de la zamba: El sol del veinticinco viene asomando.
Cada vez que mi hermano y yo no queríamos comer algo - esto era muy raro- mi mamá nos decía: Comé, Martha, comé, que era un dicho de mi bisabuela Enriqueta. Martha era una prima de mamá, muy flaquita, que nunca quería comer, y le repetía esa frase una y otra vez. Lo decía también mi tía Amanda, y por supuesto mi prima Paula y yo se la repetimos a nuestros hijos, una y otra vez. La otra frase adoptada por la familia de mamá fue: Me subí y me asomé, un dicho que decía su primo Roberto cuando era muy chiquito, sobre todo cuando Dani, mi hermano, hacía travesuras.
Cuando volvió la democracia, yo era adolescente, escuchaba hablar mucho a mis padres de política. Ellos siempre fueron radicales, y toda la vida se quejaron de la oposición, tanto de derecha como de izquierda. Mi papá nunca estuvo conforme con los gobiernos, salvo el de Alfonsín, y repetía: La gente vota con el bolsillo, una frase que yo repito mucho actualmente, cada vez que hay elecciones. En esa época, con la hiperinflación, mi abuela Mary estaba muy mal económicamente, y la única que la ayudaba era mi mamá. Cuando hacía las compras, mamá siempre separaba mercadería para llevarle, y le decía: Hoy por ti mañana por mí, una frase que la usó conmigo cuando me separé, y es el día de hoy que nos lo decimos mutuamente, y la frase termina con como le decíamos a la abuela. Con respecto a los gobiernos escuché a mis padres decir: No hay mal que dure cien años. También lo decían cuando mi papá se quedaba sin trabajo o alguien estaba enfermo.
Cuando moría alguien de la edad de mis padres, había una frase que a mí me gustaba mucho, y un día la analicé: Cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar. Me interesaba saber de qué había muerto ese artista o vecino, y prestar atención. Hoy en día, con todo lo que se ve en las redes sociales, esa frase quedó un poco en el olvido. Siempre fue una de mis favoritas.
Alejandra Busconi (San Martín, Buenos Aires)
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