Otros Puntos de Vista



 3. FELICES FIESTAS

Paula

 Levantó la única copa de cristal con vino rosado frío y la movió en el aire, brindando con la nada que la acompañaba, por el nuevo año que comenzaba. Había sido su decisión, pero empezaba a arrepentirse de su exceso de rebeldía y de una determinación, a esas alturas, estúpida o muy infantil.

Todo había sido preparado desde temprano, comida poco convencional comprada en una confitería cercana, vino del bueno que sirviera para brindar, dado que nadie podría destapar la sidra o el champagne; seguramente sus vecinos no estarían, su piso quedaba bastante solitario en épocas de festividades. Se maquilló, pero no estrenó ropa para sacarse la patética foto junto al arbolito iluminado, simulando un bienestar inexistente.

   Doce y minutos, llovían fotos de sus grupos de gente reunida a la mesa familiar, alegres, felices. Sintió envidia, sí, era lo más parecido a ese sentimiento. Luego, el primer llamado fue de su hija, que festejaba con su familia política (esta vez no la habían convidado porque no cenarían en la casa de sus consuegros, quienes siempre habían sido amables y con los que había compartido navidades y pascuas).

   Segundo llamado, la voz de su madre sonaba alegre, como si todas las angustias de veinte días atrás se hubiesen borrado con la visita de la otra parte de su familia, Analía, su yerno, sus nietos y bisnieta compartían excepcionalmente una cena de fin de año, por supuesto en la terraza y como un beneficio otorgado. La pandemia los había transformado en seres ¿cuidadosos o temerosos? Qué más daba. 

   A principios de diciembre se había producido el cataclismo que se venía gestando desde el día de la madre: la abuela había quedado sola en una casa vacía de todo, especialmente de comprensión y gratitud. Su nieta, quien nunca fue suficientemente clara, había decidido mudarse después de siete años a casa de sus padres, donde el lugar disponible era el de siempre, o sea, escaso. Al parecer, la convivencia se había tornado difícil. Yolanda quería recibir con los cuidados pertinentes a su otra hija, nieta y bisnieto, pero en su hogar reinaba un temor casi absurdo al contagio. No se ponían de acuerdo. La abuela se apagaba, no se conformaba con verlos desde la ventana, reja de por medio. María, no quería ceder, porque según ella, que pensaba como su madre, la cuidaban. Así que, borrando todo de un plumazo y haciendo “como si”, el festejo se realizó con todas las pautas que Analía había decidido que se cumplieran si aceptaba asistir: “Vamos a estar al aire libre, comeremos alternadamente usando en tiempos distintos los barbijos y quien utilice el baño, deberá limpiarlo exhaustivamente”- le informó a Paula en una comunicación previa. Sí, parece raro, pero sonó así, cual cláusula de contrato.

   ¿Otra vez va a manejar los hilos de todo? Bastante vengo callando por no entristecer más a mamá ¡A mí no me va a imponer esas ridiculeces! Prefiero pasarlo sola- dijo para sí Paula.

   Quiso mostrarles a todos que era autosuficiente y otra vez se había equivocado. Varias amigas habían insistido hasta el cansancio con sumarla a las mesas de sus festejos. Paula no aceptó. Le parecía inapropiado, como una intromisión que la haría sentir incómoda. Además, ella podría estar sola, ¿acaso no vivía en compañía de su perra? Sabía que no podía invitar a gente porque su departamento era demasiado pequeño y por qué no decirlo: no solo sentía molestia, sino vergüenza por la situación. Prefería no dar pena al quedar como la pobrecita agregada a una mesa ajena.

   Se sintió profundamente (mentes)sola e infeliz: todos parecían disfrutar y ella no. De la angustia reprimida pasó al enojo. Se indignó especialmente con su hija y su madre. Con la primera porque no insistiera en el convite, con la segunda, por ser tan condescendiente con quienes no habían tenido la consideración dejándola sola y triste justo el mes de las fiestas, a sabiendas de que el encierro la estaba apagando. Se autodenominaban empáticos; para Paula eran desagradecidos sin solución.

   Pero la cadena de desaciertos no terminó con un sueño reparador después de varias copas solitarias y algunos capítulos de una serie de Netflix. A la mañana siguiente, se encargó de reprocharle a su hija y confesarle su arrepentimiento, victimizándose por algo que había decidido con exceso de confianza o tozudez. Por supuesto, con su madre actuó en forma diferente, le confesó en términos poco claros su arrepentimiento y pasó por alto los pormenores de esa noche en la que, a su manera, Yolanda disfrutó sin su presencia. Su hermana el primero no iba a ir, así que acompañó a su madre en un almuerzo improvisado con las sobras de la cena. Con Analía directamente no dialogó, nunca le demostraría lo molesta que estaba.

   Eran injustos con ella, solo era considerada cuando la necesitaban. Y otra vez se autocompadeció.

   Pasó del disgusto a la culpa por haberle reprochado a su hija algo de lo que sabía era absolutamente responsable.

   Esta vez, Paula reflexionó y creo que aprendió la lección.


 Analía

   Cada día entiendo menos a Paula, ¡qué rara es! En un principio estuvimos de acuerdo, el veinticuatro irían ellos a casa de mamá y el treinta y uno, nosotros. De esta manera evitábamos que se juntara mucha gente, además Carina pasaría fin de año con sus suegros. Mi hermana sola se podría sumar.

   El caso es que la llamé para coordinar qué platos llevaría cada una, solo sería para esa noche porque el primero nos quedamos en casa para descansar. Se hace difícil conseguir taxi, pues no tenemos auto. Más ahora que somos cinco, no es suficiente un vehículo. Veinte cuadras de distancia llevando bolsas y bandejas se torna complicado.

   Por supuesto tuve que advertirle, porque sé que ella no se cuida como lo hacemos nosotros, que para comer vamos a bajarnos el barbijo por turnos, tendremos que ir sí o sí a la terraza y quien use el baño, deberá limpiarlo exhaustivamente. Si le gustó o no, poco me importa. Tengo que cuidar a mi familia, mi marido es cardíaco, aunque no deje el cigarrillo; pero sobre todo lo hago por mi nieta y mamá, que es mayor.

   Mauro nunca le tuvo mucha simpatía a mi hermana, pero tampoco es un ogro. Sé que las charlas son escasas y que podría haber un clima de tensión, dado que lo ocurrido con María, supongo que no le gustó ni un poco. Pero ella tiene una visión de los hechos y nosotros tenemos otra mirada. Nos preservamos, el que piense que exageramos, que haga lo que quiera. No obligamos a nadie, por eso mi hija decidió mudarse, así no hay recriminaciones de ningún tipo. ¿Querían entrar? Bueno, que entren y se hagan cargo de las consecuencias. Nosotros tratamos de hacer lo mejor y no vamos a permitir exponer al contagio a mi nieta. Así nos respetamos todos. Luego de la mudanza, mamá lloró y dijo lamentarlo. Lo hubiera pensado antes. Ahora tiene toda la casa para recibir a quien quiera. Y no me vengan con eso de que pasarían directo hacia la terraza luego de ponerse alcohol y mantendrían la distancia necesaria; no iban a seguir los protocolos, a ellas las conozco bien. Se ven con amigas y otros parientes. Yo no.

   Pero esta vez, por hacer una excepción, íbamos a estar todos juntos en la terraza y ella sería bienvenida. Mi hermana no está muy bien de la cabeza, dice que se va a quedar sola, que lo prefiere. ¿Quién que esté en su sano juicio va a pasar solo el fin de año? Justo este final de 2020 que fue tan especial. Le dije que solo por esa noche y que luego mi conducta y la de mi familia seguiría igual: no entramos a la casa de nadie pase lo que pase, y a la de mamá mucho menos, puesto que ingresan “sus visitas” con bastante frecuencia.

   Nosotros solamente vamos a trabajar con todos los cuidados protocolares posibles. No tenemos la suerte que tienen mi hermana y mi sobrina que pueden trabajar desde la casa. Parece que no lo apreciaran porque frecuentan a otras personas. Paula se excusa con su soledad, ¿qué más quiere que cuidarse y quedarse resguardada en su casa junto a su perra? Que la visite su nieto vaya y pase, pero que se reúna con sus amigas y que mi sobrina vea a sus cuñados, no, es una inconsciencia. A casa venía mi futura nuera y nadie más.  Si nos relacionamos con otras personas es porque las obligaciones así lo requieren. En cambio, ellas no tienen esa necesidad.

   Bueno, que haga lo que le parezca, yo le di la oportunidad de que festejara con nosotros. Allá ella con sus determinaciones, no le voy a rogar ni mucho menos, encima que hago la excepción y acepto que se sume para que no se quede sola… ¿no lo aprecia? Pareciera que le gusta el papel de víctima:“Mujer sola en su casa dejada de lado por la familia” sería el titular. Que haga terapia de una vez y se deje de complicar las cosas.

 

Bertha 2003 (CABA)

2. TÍA Y SOBRINO

 Adrián 

A mí no me fue bien en el reparto de tías. 

Mi tía Susana, la hermana de papá, me regaló los juguetes máas lindo y caros, y me adoraba, pero lástima que lo cagó a mi viejo y se pudrió todo con él y con mamá. 

Hasta mi abuela se enfermó cuando por culpa de ella casi nos rematan la casa. 

Y mi tía Moni, que es mi madrina, es buena mina y nunca jodió a nadie, al contrario, ella y mi tío Roberto ayudaron a mi viejo con lo de la casa. Pero nunca estuvo muy presente. 

Siempre vino cuando la invitamos, me hizo lindos regalos, no sé si muchos pero buenos. Lo que pasa, según dice mamá, es que ellos viven lejos, en un departamento, se juntan con otro tipo de gente y no son como nosotros. 

Para míi la tía no es muy sociable, el tío sí

Trabajan mucho y están en su mundo, esto también lo dice mamá. 

También dice que la tía es buena, y que es incapaz de cagar a nadie. Pero qué puedo decir… conmigo es cariñosa pero hasta ahí.

Sabe que mamá es muy celosa, y si me demuestra cariño va a tener problemas con ella, y le tiene miedo. 

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Mamá murió. Susana se quiso acercar por Facebook, y mi tía Moni intentó que la familia con mi mujer y las nenas se uniera, pero como las madres siempre tienen razón, nosotros nunca vamos a ser iguales. 

 

La tía Moni

 Cuando Adrián nació yo tenía veinte años. 

Cuánta emoción e ilusión sentí el día que me enteré de que iba a ser tía. 

Además ya sabía que iba a ser la madrina y mi papá el padrino. 

El veinticinco de diciembre a las doce de la noche llegó Fernando Adrián Jesús, el primer nombre elegido por la mamá, el segundo por el papá y el tercero por el día de nacimiento. 

Gracias a Dios nació sano y fuerte, pero ochomesino., así que fue directo a la incubadora. Recuerdo la angustia que sentimos durante un mes hasta que salió y lo llevaron a su casa. 

Mis padres estaban tristes y por qué no, algo resentidos con mi cuñado, que cuando mi hermana se empezó a sentir mal en diciembre y le prescribieron reposo absoluto, él la trajo con el bolsito a casa aduciendo que así iba a estar mejor, bien cuidada y cerca de la clínica. 

La vida fue transcurriendo, mi  cuñado nunca vino a mi casa, de hecho se murió sin conocer mi departamento. En relación con  nosotros la premisa siempre fue “no dejo mi casa sola”, "el que quiera venir, yo estoy acá y las puertas están abiertas”. 

A la casa de mis padres iban con Adrian solamente a saludar para los cumpleaños el día del padre, o de la madre, en principio hasta que él dejó de hacerlo e iba solo mi hermana. 

Una vez les propusimos, cuando aún no teníamos hijos, llevarlo a Adrián por unos días a la costa. Se negaron porque dijeron que era mucha responsabilidad para nosotros y a ellos les daba miedo. 

Adrian vino solo a visitar nuestra casa cuando tenía catorce años, y ese fue para nosotros un día muy feliz. 

Gracias a Dios Roberto y yo pudimos participar de su casamiento y todavía recuerdo la noche que muy tarde nos pidió venir de visita con su esposa  para contarnos que iban a ser papás por primera vez. 

Con el tiempo se fueron yendo abuelos, tíos, mi cuñado, mi marido, y la vida nos cambió a todos. 

Siempre rescaté los buenos momentos vividos aunque debo reconocer que nunca me sentí muy querida. Él tiene una imagen diferente a los demás por eso fue muy crítico conmigo. Cuando enviudé se abrió una grieta que nos mantiene aún en veredas separadas.  

Florencia Zaldívar (CABA) 

 

1. ACÁ SIN LUZ

Mónica

Qué calor, vieron chicas, la tele dice que hoy hará 38 grados…

Voy a ponerme a cocinar algo fresco.

Uh, se cortó la luz…

Salgo a mirar y enfrente tienen la lamparita prendida, ¡es nuestra fase!

Ya voy a llamar a Edesur.

Espero que vuelva pronto, justo hoy que va a hacer tanto calor.

Miro el teléfono, aún tengo bastante batería, voy a decirle a Vivi que me cortaron la luz, a ver qué me contesta.

Aunque no creo que me diga de ir a su casa, está tan asustada con este virus, que parece que se volvió loca, no sale desde marzo…

Justo me escribe Graciela y Betty y les cuento que no tenemos luz y me ofrecen que vaya a sus casas, pero la  verdad no tengo ganas de cambiarme.

Al único lugar que iría sería a lo de Vivi, pero seguro que sigue con su paranoia.

Además aún ni vio el mensaje.

Desde que empezó la pandemia se volvió loca, primero con todas las cosas que quería hacer para cuidarse, y también cuando pretendía que yo no saliera, está mal de la cabeza esta chica, yo se lo comente a la psicóloga , y me dijo que hay gente que se cierra mal ante estas situaciones.

Cada vez que charlamos y ella no me dice nada, pero estoy segura que piensa que estoy haciendo todo mal, y mira, gracias a Dios siguiendo los protocolos ni yo ni mis hijas, nos contagiamos.

Ella es una exagerada.

Últimamente cada vez la entiendo menos, hasta justificó a Oscar cuando le trajo esos cuadros a Florencia.

No entiende que a las personas hay que regalarles lo que necesitan, no lo que a uno se le ocurre.

Como cuando se le ocurrió comprarle una picada para el cumple de Ana Paula, ella me había dicho que le iba a hacer la torta, y como no le salió perfecta, le encargo la picada sin consultarme, menos mal que pudo anularla, porque las chicas me habían dicho que no tenían ganas de picada.

Y sigue sin mirar el mensaje, para mí que lo vio y no me contesta, claro, qué me va a ofrecer, si no quiere que vaya a su casa.

Al final no somos como familia, yo si a ella le pasase lo mismo, lo primero que le ofrecería es que viniera.

Pero eso de que somos familia, es una expresión, porque seguro que si viniese su hermana de EEUU, no la iba a dejar afuera, o si viniese un hijo de Dany de Tandil, ni loca lo dejarían afuera, sin embargo a mi ni me contesta.

No se aguanta el calor, y la luz que no viene, este Edesur, ya va a tener que responder cuando mi hija abogada le mande una carta documento.

Uh ahí parece que se dignó a contestarme, pero mira qué buena, me ofrece cargar los celulares….

Como si con eso bastase.

Voy a contarle que todos los que vinieron a mi cumple, al que por supuesto ella no vino, claro, por cuidarse, me invitaron a sus casas, y no tuvieron miedo del virus.

Realmente no puedo entenderla, siempre dijimos que somos familia.

Vivimos tantos momentos juntas, yo siempre estuve cuando me necesitó.

Ella dice que hay que hablar en vez de enojarse, bueno, esta vez yo voy a decirle esto que me molesta,

Además teniendo la pileta llena y con este calor, lo menos que podría hacer es invitarnos. Parece que el Covid nos volvió a todos contagiosos, porque no deja que nadie entre a su casa. Y eso que sabe que en el exterior hay menos posibilidades de contagiarse.

Todavía tiene carga el celu, voy a ir al fondo a ver si corre más aire…

Hola Betty, ¿qué tal?

Si, aún sin luz, ¿y podés creer que Viviana no nos invitó a su casa?

Después dice que nos siente como familia…

Si ya sé que puedo ir a tu casa, tal vez en un rato vamos, porque realmente no se aguanta este calor.

Si mi hermana también me ofreció ir, y también Carina, me dijo de ir a la pile, no sé, es que ni ganas de manejar tengo…

No, pero como me vas a venir a buscar, sí, Carina, mi sobrina también se ofreció, pero vemos, tal vez se dignen los de Edesur a arreglar esta bendita fase.

El muchacho que alquila el negocio llamó a un electricista y dice que nos va a cambiar de fase, parece que en un rato viene, y se termina esta tortura.

Lo que más me indigna es que Viviana siga ofreciéndome cualquier cosa, menos su casa. Si es por ella podemos morirnos en el desierto porque su miedo a contagiarse puede más, yo nunca hubiese actuado así con ella. Pero en la primera oportunidad que tenga se lo voy a decir.

Uh… Hay luz finalmente…

Viviana me mandó varios mensajes pero ni los escuché. Estoy esperando que me pregunte para poder decirle todo lo que siento.

Ahí está, como buena samaritana, viendo en qué me puede ayudar, bueno es mi oportunidad para hacerle saber cuánto me decepcionó.

Vamos a ver con qué sale.

Pero no me entiende, vuelve a su temor a morirse sola y bla bla bla.

Parece que hablamos lenguajes distintos…

Es tremendo que no le importe perder una amistad de toda la vida solo por cuidarse de un virus…

En las malas es donde se conoce a la gente, y tal vez no era tan amiga mía como yo creía.

 


Viviana

Qué hermosa mañana, estoy feliz, por fin hace calor para quedarme todo el día en la pile…

Dany está haciendo cosas en la casa y siempre le parece el agua muy fría.

Qué bueno que no estuviese la pandemia y pudiera disfrutar la pileta con amigas…

Suerte   que me regalaron el cobertor del teléfono para el agua, y me puedo entretener con el celu.

De pronto miré el Whatsapp y leí un mensaje de hacía unas horas de Mony…

-Acá sin luz…

Me asombró esa  afirmación así sin más…

Le respondí lo primero que se me ocurrió…

-Vos sabés que contás conmigo, no sé si querés traerme los celulares…

Pero pensé: esto es raro, desde marzo que la relación con Mony esta diferente, ¿tal vez quiera decirme algo más?

Todo había cambiado al comenzar la pandemia yo realmente me asusté al ver que la gente que se enfermaba y se  agravaba terminaba aislada y muriendo sola…

Entonces me ocupé de llamar a todos las personas que yo quería y pedirles que se cuidasen como pensábamos hacerlo Dany y yo. Les pasaba data de supermercados, verdulerías y demás a los que se los podría contactar online y nos traerían el pedido a nuestra casas para no salir.

Fue allí y durante uno de esos llamados que tuve una desacertada palabra con ella.

Recuerdo que yo temiendo por su problema cardíaco buscaba aun más que no saliera, y ella me decía que iba a salir con todos los recaudos, entonces yo le insistía y ante su negativa  se me soltó la palabra que  tanto la ofendió.

-       No seas estúpida- le dije, y ella colgó el teléfono.

Luego vino un audio de Whastapp en donde me decía que yo no tenía derecho a insultarla con la excusa de cuidarla, que  mi palabra le había hecho recordar a su ex marido.

Me dolió mucho todo, quizá porque pensaba que tenía una confianza con ella, ahora descubría no era tal, y también, porque nunca había imaginado que me comparase con alguien a quien en nada me asemejaba.

Le pedí disculpas.

Y pensé que esto debíamos hablarlo frente a frente cuando todo  se terminase.

Claro, las cuarentenas iban sumándose y la charla no llegaba.

Yo, por mi parte, decidí continuar mandándole mensajes diarios, por más que nuestra confianza y comunicación  no era igual, sentí que valía más una amistad de tantos años.

Entendí que somos todos adultos y que cada cual podía cuidarse como le pareciese. Y no insistí a nadie más con los métodos que nosotros habíamos armado para protegernos  del COVID.

Pasaron muchos meses y  nos seguimos tratando con la cordialidad de siempre, pero nunca sentí que podía contar con ella, si me pedía algo o sabía que tenía algún problema y podía solucionárselo sin salir, yo lo hacía, o hasta le decía a Dany, si era algo que estaba en sus manos. Pero a pesar de eso las veces que le insinué que necesitaba algo, encontré una indiferencia total de su parte.

Pero decidí no hablar del tema, ya tendríamos tiempo cuando la pandemia terminase, de solucionarlo con una charla frente a frente.

Además desde hacía mucho las diferencias políticas nos desunían, por lo que yo intentaba cambiar de tema cuando ella hacía comentarios que pudiesen molestarme.

Siempre prioricé esta amistad que estaba muy cercana a cumplir un lustro.

 Aun seguía sin luz, y las charlas por whastapp se hicieron más espaciadas, noté que estaba molesta.  Comentó  varias veces que estaba descompuesta del calor y que varias personas  ofrecían sus casas, pero que no quería ir, por no molestar. Entendí que el enojo era conmigo.

Al fin le volvió la luz, aunque se notaba muy molesta, entonces le pregunté qué le pasaba..

Y ella me cuestionó nuestra amistad. Me dijo que no soy empática, que ella en la misma situación, me hubiese ofrecido la suya.

Volví a explicarle mi temor, le dije que en todas las situaciones de la vida que alguien de mi familia estuvo internado, aun en terapia intensiva, yo jamás abandoné la clínica, entonces no toleraba el morir sola o que a  Dany le sucediera lo mismo.

Pero  me respondió que a ella  le gustaría que el miedo no me atase.

Le dije que yo no sentía que el miedo me atara, de hecho, si ella u otra persona se hubiese cuidado como yo, no hubiera tenido problema en abrirle las puertas de mi casa.

El tema es que entendí que todos somos distintos en la forma de cuidarnos y aprendí a respetar a cada uno.

Pero  no pudo entenderme.

 Busqué otra forma explicarle para que se diera cuenta de que no era personal el tema, solo que teníamos distintas visiones.

Entonces leí las palabras que me escribió…

Y me hicieron mucho ruido…

Me preguntó si yo hubiese actuado igual con mi hermana o con alguien de la familia de Daniel.

Y realmente no la entendí porque ella sabe cuánto soñé con el casamiento de mi sobrino, y que elegí no ir, y como  amo festejar las fiestas de fin de año con familia y amigos, pero que a pesar de tantas invitaciones, nuestra decisión fue pasarlas solos, y mi cumple al que desde chica solo concebí como una fiesta eterna y multitudinaria, tuve que conformarme con vivirla por Zoom…

Su respuesta me dejó muda,   dejémoslo ahí, nunca vas a entenderme porque vos hablas japonés y yo chino!.  

Le contesté  con mi última tentativa de buscar su comprensión y vi que era en vano.

Creo que ella esperaba que me disculpase, pero no podía ser hipócrita y pedir disculpas por algo de lo que no me sentía culpable.

Y se terminaron los Whatsapp y se produjo un largo silencio.

Ya pasó una semana y realmente me duele que nuestra amistad haya terminado así, pero no encuentro como salvarla, porque siento que ella solo me acepta si es bajo sus condiciones, y eso para mí nada tiene que ver con un amigo.

Abro el facebook y ya no la encuentro entre mis contactos, guau parece una pavada pero me bloqueó.

Será una señal…

Se terminó una amistad que creía nos acompañaría siempre.

Estoy triste pero por primera vez no tengo ganas de hacer nada para limar asperezas.

Yo también me sentí avasallada y no respetada por ella.  

El respeto es una condición básica para la amistad, siento que lamentablemente todo termin.

Y me asalta la duda… ¿Alguna vez me considero su amiga? 

Clara  Lucía Márquez (Adrogué, Buenos Aires)

 

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