11. LA DEMORA
El empleado del banco me dice que tengo que ir a firmar el documento con mi marido.
-Se necesitan las dos firmas. Tiene tiempo hasta el jueves, no se preocupe.
-Ok - le respondí- Me organizo con mi marido y venimos juntos.
Salgo del banco y vuelvo al estacionamiento, para partir rumbo a La Plata. Por suerte, a esta hora el tránsito se tranquiliza. En cuarenta minutos llego al Museo del Bosque. Me reúno con el Dr Gómez y también aprovecho a pasar por Bago y el Bioterio del IBM.
Regreso a casa, previo pase por Cevallitos y la retiro a Anna que está muy feliz de verme antes de las 7pm. A la noche, Vitaliy llega y mientras cenamos le comento el tema del Banco Río. Acordamos pasar el miércoles y avisamos en ambos trabajos que llegaremos al mediodía.
Llega el miércoles. Desayunamos, organizamos nuestras cosas y la mochila del jardín de Anna. Le decimos:
-¿Tenes ganas de ver dibujitos?
.- ¡Sí!! - responde mi nena de dos años.
Le pongo el canal de Disney y le digo
- Ya vengo, hija en un ratito.
Aún recuerdo perfectamente todo lo que pasó ese día. Fuimos caminando las dos cuadras que me separan de la sucursal Irigoyen del Banco Rio. El trámite no podía demorar más de quince minutos. Pues bien, por alguna fuerza del destino, faltó un empleado o justo cobraban los jubilados y en el 2005 no existían los cajeros automáticos. Los quince minutos se volvieron cuarenta y cinco. Algo común en los trámites de cualquier tipo: bancos, municipalidad, turnos médicos, etc.
El bendito trámite estaba relacionado con el préstamo que sacamos para comprar la casa. Era importante hacerlo bien.
Al finalizar, Vitaliy se fue en el sesenta a Martínez y yo volví a casa a buscar a Anna para llevarla al jardín.
Llegué y me encontré al vecino en el pasillo. Me dijo:
- La nena estaba llorando detrás de la puerta y me contó que no sabía dónde estaba la mamá,pero yo le hablé y le pedí que se tranquilizara, le dije que la mamá había ido a hacer compras y volvía enseguida.
-Ah…gracias, gracias - le conteste.
Corrí hasta mi departamento por el pasillo, crucé el patio y abrí la reja y la puerta de mi casa. Anna estaba con la cara mojada, los ojos rojos y el pelito desparramado. Al fondo del comedor sonaban los dibujitos del canal Disney.
-¡Mami!...?dónde estabas?, ¿por qué no volviste? -exclamó y corrió a abrazarme- Yo tenía miedo, pensé que no ibas a volver más.
Me relató el episodio con Juan, el vecino. Le conté el papa y yo habíamos ido al banco a firmar el documento de la compra de la casa y que demoraron en atendernos porque necesitaban una autorización especial de casa matriz y que teníamos que estar los dos, pero demoramos menos de una hora.
- Nooo… Hace mucho que te fuiste, hace muchas horas y me dijiste que venias enseguida.
Me reprochó lagrimeando indignada. La abracé y no respondió. Unos minutos nomás porque teníaque depositarla en Cevallitos y correr para la oficina.
No fuera a ser que protestasen en la oficina porque había demorado más de lo que había avisado.
Pasaron quince años y una tarde escuché a niños gritando en mi edificio. Fui a ver que pasaba y el nene del Dpto dos estaba asomado por la ventana del primer piso a los gritos, desesperado. Me acercqué y le pregunté qué le había pasado. Me miró y lloriqueando me contestó:
- No sé dónde se fue mi mamá, llama al celular por favor- me suplicó con la mirada. No tenía el celular de la mama. Apenas si nos saludamos con esta chica cuando nos cruzamos. Lo miré y traté de tranquilizarlo
- no te preocupes, mamá ya viene, quedate tranquilo. Yo la voy a llamar y le cuento lo que me decis.
-Bueno- me contestó.
No recuerdo bien de qué seguimos hablando, cuando a los pocos minutos llegó la chica y le comenté que el nene estaba asustado.
-Ah…bueno, bueno – exclamó y fue a abrazar a su hijo que tendría unos tres o cuatro años en ese momento y estaba con su hermanito de dos.
Rosana L. (CABA)
10. LA LENTITUD
Cuando mi abuela materna murió, yo tenía cuatro años y medio, conservo un vago recuerdo de ella, pero a través de mi mamá siempre tuve presente sus palabras, dichos y refranes.
Hoy, tantos años después, tengo muy presente cuando decía: hoy cerrás los ojos y mañana cuando los abrís, la vida ya pasó.
Me doy cuenta más que nunca de cuánta razón tenía. Tengo muy claras cosas de mí infancia, adolescencia, juventud y madurez. Los hechos que me marcaron, los momentos felices y, sobre todo, detalles de personas y lugares.
Creo que en mí caso, todo eso se lo debo a mí forma lenta de ver y hacer cosas. Soy detallistas, puntillosa, ordenada y lenta.
Amo la lentitud es mí esencia, mi marca registrada.
La lentitud tiene mala prensa, a la gente no le gusta hacer las cosas con lentitud.
En este mundo, apurado, donde nadie aguanta un audio de un minuto en el celular y lo acelera, donde la gente come en locales de comida rápida, en diez minutos y se va sin siquiera llevar la bandeja al cesto y toman la coca por la calle. Donde diarios y revistas ya no se leen en papel sino en el celular y podría enumerar miles de cosas más.
No es que no entienda a la gente y sus ocupaciones, veo que nadie disfruta sus momentos, parejas, amigos, que se juntan a tomas un café y cada uno está atento a su celular.
Yo como y saboreo, hablo y cuento tomándome mí tiempo, escucho con placer veinte minutos de audio. Nunca corrí colectivos, ni insulté al subte que se me fue porque sabía que vendrían otros.
Siento que el disfrute y la lentitud me alejan de la muerte.
Florencia Zaldívar (CABA)
9. HOY
Las monjas tenían la costumbre de taladrar nuestros cerebros con su célebre frase ”Lo único que se pierde y no regresa nunca más, es el tiempo”.
Tiempo, relojes, horas caladas en mis huesos, queriendo demoler mi sangre hechicera.
Tiempo pasado, una historia para contar. Futuro no existe. Presente irreverente que intenta a veces ser ladrón de calma de sosiego y de cautela y yo, firme hacedora de sueños renovados con los pies en la tierra bien anclados, le dedico una sonrisa y un baile bien meneao.
Minutos que no saben que ya pasé por el salón de los espejos.
Horas que se resisten a esta fuerza humana que sabe que se va, que solo está paseando, y no le importa nada.
Tiempo que me enseñó el arte de volver, el orgullo de gustar.
Tiempo rebelde que no comprende el silencio de mi voz, la maravillosa locura que me da la paz de no saber nada.
Tiempo que me rompió, que desactivó mis alarmas.
Tiempo que miró hacia otro lado cuando mi corazón seguía haciendo el amor, aun cuando no se notaba.
Tiempo al que ya no le pregunto cómo será el próximo invierno.
Tiempo que ya no eres incertidumbre, ya no eres ambivalencias. Eres aire, eres luz, eres noche eres estrellas.
María Santandrea (Neuquén, Neuquén)
8. MI TIEMPO ES HOY
Le he dado vueltas y vueltas, y cuesta encarar el tema.
Quizá por ser tan amplio y tan estrecho; por contemplar diversas cuestiones y vivencias o quizá porque me resisto o no me alegra aceptar que pasa y pasará.
Somos instantes, una frase muy expuesta en estos tiempos.
No quisiera repetir la palabra y me cuesta buscar un sinónimo para no ser reiterativa.
Me he pasado casi todos mis años pensando en el pasado.
En las relaciones que tuve y ya no.
En los amores que tuve y ya no.
En lo que fue y no es.
Y por más que siempre supe que no era bueno, algo de mi rebeldía y mi ser, me direcciono a lo mismo.
Hasta que un día entendí que no servía para nada. Me lo dijeron hasta el cansancio.
Yo tenía que tener mi tiempo.
Solo que lamento no haber reaccionado antes, así, hubiera sufrido un poco menos.
El futuro no fue mi preocupación diría que nunca.
No hice planes más que a muy corto plazo.
Creo que el plan más ambicioso fue la echa de casamiento con meses justos para poder organizar todo.
Lo demás se fue dando casi sin pensarlo.
Nunca me preocupe en lo que pasaría mañana.
Al contrario de mi marido que muchos años dio vueltas en su cabeza la idea fija de qué vamos a hacer cuando los chicos se vayan a estudiar…
Falta mucho, amor, no te preocupes, le respondía serenamente yo y él, refutaba con un no sé cómo podes estar tan fresca como una lechuga.
Mi pensar fue resolver el presente con tres niños que nos necesitaban sanos y fuertes para poder darles una linda vida.
Y así fue y así lo hice.
Me siento orgullosa de eso, muy….
Años duros, muy duros.
Trabajos que eran estables durante un ciclo lectivo y a fin de año a cruzar los dedos: en mi carrera docente solo titularicé cuatro horas.
Lo demás era temporal ..
Algo va a salir…
Confiar y esperar (la copié de un personaje que amé en Montecristo)
Dios proveerá (sin ser creyente y practicante, más esa necesidad imperiosa de nombrarlo siempre)
Y llegamos a buen puerto.
Excelente diría yo.
Le dismos todo lo que necesitaron.
Hasta lo más sagrado: tiempo…
Los fines de semana eran para los cinco.
Lo que no podía ser en la semana era en esos dos días.
Disfrutar de lo pequeño pero inmenso: eso que perdura por muchos años.
Y quizá de eso se trata la vida, prolongar momentos, lugares, personas, en nuestro corazón más que en nuestra vida.
Los que se van antes continúan en nosotros.
La gran duda es que pasará con nosotros…
Solo aspiro a que recuerden algo mío, y vaya que es bastante generoso el deseo.
Sé lo que hice con los que se adelantaron en la partida.
Nombrarlos, recordarlos, reírme, llorar, enojarme.
Sensaciones diversas e infinitas.
Ojalá hubiese tiempo para ensayar la vida y luego vivir sin errores.
Más es una utopía y una tontería.
Hace un tiempo solo intento disfrutar del día a día.
Ese que no vuelve.
Observar el cielo en las noches chillarenses y disfrutar de la oscuridad de mi patio repleto de estrellas y visualizar las tres Marías y la Cruz del sur que solo se ve por estos lugares.
Ni hablar si hay luna llena.
Reír con mis hijos y marido.
Conversar de muchos temas y volver a reírme de que se rían de mí.
Estallar a carcajadas con Gaby.
Abrazar a mis hermanos y respirar hondo.
Darle fuerte la mano a mamá y decirle que la quiero mucho
Estar en silencio pensando en nada y en todo a la vez.
Seguir soñando, aun despierta.
Este es mi tiempo hoy.
Lo demás, ya pasó….
María Vivarelli (La Plata, Buenos Aires)
7. MOMENTOS
Nos pasamos la vida diciendo que el tiempo pasa rápido, que siempre hay tiempo para todo, que pena que no aproveché ese tiempo, como me hubiera encantado cumplir ese sueño, pero ya pasó el tiempo, como si dependiese de él no haberlo aprovechado dejándolo pasar sin al menos haber intentado cambiar el rumbo de las cosas, aun sabiendo que somos nosotros los dueños de nuestro tiempo.
Cuando éramos niños deseábamos que pasase el tiempo rápido para ser grandes; de adolescentes solo queríamos tiempo para la diversión; en la adultez las responsabilidades no nos dejaban tiempo para nada.
Pero llega una etapa en nuestras vidas en que el tiempo comienza a tener un papel preponderante, dónde al revés que los niños, deseamos que el tiempo pase lento porque aún sentimos que nos quedan cosas por hacer. Es en esta etapa de mi vida cuando el tiempo lo mido en momentos y lo digo con plena convicción, ya que es en este tramo donde aprendí a observar con detenimiento lo que acontece a mí alrededor. Hoy disfruto mirar el cielo azul y sentir los rayos de sol que me abrazan dándome energía, como también caminar con el viento frío que atraviesa mi rostro y lejos de apachucharme me vigoriza; me emociona sentir el amor y el respeto de mis hijos y la admiración y la cercanía amorosa de mis nietos; también valoro a mis amigos de siempre y a los que circunstancialmente se cruzaron en mi camino y de a poco pasaron a ser parte de mi entorno con los que comparto vivencias de las cuales aprendo y agradezco. Respeto la mujer que soy hoy, no me paso factura, sé que en cada gesto, en cada acción mía siempre hubo valoración y respeto por el otro y mis errores muchas veces fueron producto de mí ignorancia, nunca por la premeditada intención de lastimar a nadie. Amo a la persona que soy, como a mí manera de pensar siempre reflexiva y positiva, mi actitud testaruda que me permitió muchas veces alcanzar mis metas, mi vitalidad que hasta a mí me asombra y mí fuerza resolutiva, siento paz interior y deseos para seguir dando batalla. No me creo indestructible, tengo conciencia de todo y lo acepto, por ahora este es mi presente, es mi momento y me pertenece por derecho propio, mi pasado quedó guardado como un tesoro en un lugar preferencial de mi ser, porque en él está escrita la mayor parte de mi vida, pero mí momento es hoy y en él enfoco mi atención.
El tiempo no es solo lo que marcan las agujas del reloj, a través de él se escribió mi historia, y también será él quien me perpetué por siempre en el corazón y en el recuerdo de los seres que me amaron.
Li (CABA)
6. DUEÑA DE MI TIEMPO
Siempre quise tener más tiempo…
Tiempo para mis deseos, para viajar, para encontrarme con quienes quiero y
conmigo misma, para conocer gente nueva, para que la vida me sorprendiera con
nuevas experiencias, para dormir sin que un reloj amenazara con despertarme.
Tiempo para mis libros, para mi fiel PC, para mi programa favorito, para una maratón
de series, para pasear con mi perra sin apuro.
Tiempo para charlar con un amigo sin pausa y sin prisa.
Tiempo para acostarme mirando al techo y pensar en nada.
Para salir a caminar bajo el sol dejando que el viento se lleve mis
pensamientos.
Tiempo para ser, para estar, para sentir.
Hoy soy dueña de cada uno de mis minutos y lo disfruto siendo consciente de eso. Lo agradezco y lo celebro cada mañana al despertar.
Pienso en esa otra etapa de mi vida en que el reloj y las obligaciones me marcaban el ritmo al que debía vivir. También tenía su encanto. Había tanto más por vivir todavía…
Miro a esa Gla con añoranza. Más joven, más ocupada, con más proyectos, pero menos sabia, menos plena a pesar de lo mucho que tenía…
Tengo alma de tango. La melancolía corre por mis venas. El paso del tiempo me lastima y, contradictoriamente, lo agradezco con la misma intensidad. Doy gracias por cada día en que puedo abrir los ojos y respirar. Sé que soy una privilegiada sólo por contar con eso. Seres a los que amé profundamente ya no tienen esa bendición. Paradójicamente, también sufro por lo que fue y hoy ya no es.
Por mis papás jóvenes, mis hermanos y yo viviendo juntos, mis abuelos vivos, mi hija chiquita, mi guardapolvo y mis cientos de alumnos llenando mi mesa de trabajo y mis días. Las mariposas en el estómago del amor que nacía, los amigos de la juventud y tantos otros que fueron quedando en el camino.Los cumpleaños con mesas rodeadas de tanta gente que ya no está, aunque en muchos casos siga viva. La infancia y adolescencia de mi hija que pasaron tan rápidamente, casi sin que me percatara de ello. Y ni hablar de tantas cosas que el cuerpo ya no permite…
Nostalgia pura.
Años de intensidad, vértigo, incertidumbre y proyectos. La adrenalina que todo eso me producía.
Agradezco cada experiencia vivida, pero, aunque pudiera elegir con qué Gla quedarme, sin dudarlo me quedaría con la de hoy.
Por mis papás aún conmigo, mis hermanos y yo unidos a pesar de nuestras diferencias, el recuerdo de los mejores abuelos que pude tener, mi hija convertida en una mujer plena
con todas las herramientas para lograr ser feliz, dos sobrinas hermosas que llegaron a enseñarme un amor distinto y a la vez tan parecido al que se siente por un hijo, mi guardapolvo colgado para siempre con el corazón pleno por la felicidad que me brindó. Mi mesa de trabajo con el desorden de mis escritos que, ojalá, algún día, se conviertan finalmente en el libro que siempre soñé escribir.
Mis días por fin son sólo míos. Elijo qué hacer con cada una de sus horas. Hasta cuando las destino a otros es porque así lo decido. Aunque a veces me enoje conmigo misma por eso ya me amigué con esa idea, porque, en definitiva, esa es quien soy.
Las mariposas en el estómago en cada proyecto que decidimos en pareja, los amigos que pude conservar y algunas amigas nuevas que llegaron a enseñarme tanto de mí y de cómo quiero vivir a partir de ahora. Las que adelantaron su partida sé que siguen ahí, cerquita, acompañando cada uno de mis pasos.
El agradecimiento a los que fueron quedando en el camino, por lo que aportaron en las diferentes etapas de mi vida. También soy quien soy por ellos.
Los cumpleaños hoy tienen mesas rodeadas de menos personas, las necesarias, las indispensables, las genuinas. ¿Para qué más?
No me da miedo mirar hacia adelante. No le tengo miedo al paso del tiempo Seguramente también seguirán años de intensidad y proyectos. No lo pienso ni me anticipo. Ese es el modo en el que elijo vivir. Para los golpes que lleguen tengo varios manuales de experiencias pasadas que podrán ayudarme un poco. Pero también aprendí que cada crisis es única. Traerán nuevos desafíos, pero después de tanto vivido, al menos, ya sé que las tormentas algún día terminan. También sé que haré todo lo posible por ser feliz en cada elección que haga.
Si hay algo que el tiempo me enseñó fue que no puedo cambiar la realidad pero lo que sí puedo elegir es la actitud que tomo frente a ella. Tal vez esa sea la lección más importante que aprendí en mis cincuenta y siete años.
Gla (Ituzaingó, Buenos Aires)
5. TIEMPO NO APURADO
Escribo acerca del tiempo a destiempo y sin querer robarles el de ustedes. Pero resulta que hace una semana emprendí un viaje de tres días con Marisol y Lucía. Les propuse irnos a San Antonio de Areco, aceptaron, acordamos fechas, hice una reserva en un hospedaje y salimos. Fue tal mi entusiasmo por la partida que hasta me olvidé que era martes (¡Perdón!)
Sin dudas el tiempo mejor invertido desde hace mucho. Las pude saborear, con risas, bromas y charlas en un devenir íntimo lleno de miradas sostenidas, brazos y oídos abiertos y el pecho ensanchado de tanto dar y recibir.
Hacía mucho que no viajábamos solas y que no nos veíamos más que para una comida o unos mates, en general con otras personas. Me di cuenta cuánto extrañaba tenerlas cerca y compartir “tiempo no apurado” como decía María Elena Walsh.
Todo sumó al bienestar: dormir las tres en una habitación, usar el mismo baño, planear el día, elegir la música que íbamos a escuchar en el auto, comer rico, intercambiar sensaciones y miradas sobre los lugares que visitamos. Estuve todo el tiempo en presente, sin la mirada puesta en el pasado ni en el futuro, disfrutando la presencia íntegra de todo mi ser y del de ellas. El cuerpo se me aflojó y el alma se puso más mullida. Fueron casi ochenta horas que valieron como ochenta días. Ahora quiero repetir.
Elena Rudoni (La Plata, Buenos Aires)
4. PARA QUÉ QUIERO MÁS TIEMPO
El tiempo es inasible. El tiempo que pasa. No tiene una corporeidad fija. Y a la vez la tiene. Porque si llegás temprano o tarde a alguna cita, el tiempo cuenta. Cuenta con los dedos y los números del reloj del celular. Tic toc. Se habla mucho del presente, obsequio, regalo de la vida. Cada minuto bien utilizado, ¿me hace más feliz? Mientras escribo este texto, que al figurar en un Word en la computadora, ya es un texto pasado, me cuestiono por el término: presente. Porque existe el presente de mi escritura, el presente del envío del mail a Yima, el presente de la lectura y corrección de Yima, el presente de la lectura en nuestra reunión virtual. ¿Cuántos presentes? Cada uno de ellos revitaliza a este texto que aún se está construyendo. En presente.
Luego también la existencia de diferentes presentes. Por cuestiones personales que se me plantearon a raíz de lecturas (gracias, Borges), pienso mucho en la existencia de realidades paralelas. Mi otro yo que ya vivió la escritura de lo que escribo. Mi otro yo que todavía no sabe que escribirá este texto que estoy escribiendo.
¿El tiempo de cada uno? Diversas ¿paralelas? en el proceso temporal que nos gobierna. Porque el tiempo también se escapa de la marcación puramente humana. La luna y el sol nos rigen diariamente sin horarios prefijados. A pesar de que los humanos estudiaran esas horas de salida y de puesta. ¿Para la vida? ¿Es importante? Me imagino a la luna corporeizada esperando que sea la hora de aparecer brillante por nuestro cielo argento.
En mis clases de Filosofía aprendí “tiempo enajenado en beneficio de nadie” , que se aplicaba a la espera de un colectivo, de una persona, al tiempo de hablar por teléfono,. El tiempo sirve o no sirve. Cuando Jantipa le llevaba la comida a Sócrates, ¿él perdía tiempo por no filosofar?
¡Tiempo para leer todo lo que me falta leer! La lista de no-leídos supera ampliamente a la de los leídos. ¿Necesito días más extensos?, ¿solucionaré este temilla?
Es un término que está asociado necesariamente a la finitud. Tiempo finito. Porque es inasible y a la vez se termina. El tiempo de cada una de nosotras. El de cada uno de nuestros seres queridos. Aunque evitemos pensarlo. Aunque nos duela pensarlo.
Mucho pasado, muchísimo pasado y poco y nada del futuro. Me da rabia cuando desde las agrupaciones políticas en el gobierno de turno proclaman a los cuatro vientos: trabajamos para el futuro. ¿Qué futuro? Las urgencias, señores gobernantes, son hoy, en el presente de la gente que vive en este momento. No se puede esperar por el agua, por calle mejorada, por el servicio de gas, la escuela, etc. No se puede. A pesar de que mucha gente sigue en esta espera silenciosa y atemporal en sus vidas. Muchas veces, por generaciones.
Somos instantes. Seamos felices.
Edith Oxilia ( CABA)
3. EL TIEMPO
Cuando se piensa en el tiempo, por lo menos así me pasa, varias ideas sobre él vienen a la mente. Hasta en lo cotidiano, como despertar y pensar qué vamos a hacer ese día. Nos da un abanico de posibilidades mientras atravesamos horarios y situaciones.
El tiempo muchas veces se tiñe de esperanza, nos hace pensar en todo lo que podríamos hacer, en los viejos anhelos que pueden concretarse y en los nuevos que estén por llegar.
Para mí también tiene un margen de desengaño, cuando veo su paso en mi rostro. Nunca fui muy amiga del espejo, pero ahora, cuando me miro y descubro un nuevo surco, me pregunto si además de por la edad, también haya nacido por alegría o una tristeza. Hace que tome una nueva conciencia sobre la finitud, que se hace más palpable. De las pérdidas, no solo las físicas sino también de algunos afectos que se desdibujaron en el camino. De los recuerdos que empiezan a querer salir de los cajones que creíamos no volveríamos a abrir.
Podemos caer en la trampa del tiempo, que es la espera. Esperar que llegue la noche para que termine un día complicado. O al revés, esperar el amanecer que aleje la noche insomne y los tristes pensamientos.
Esperamos el comienzo de la nueva semana, las vacaciones, que los hijos crezcan, que un trabajo surja, que llegue el momento adecuado en que hagamos esto o aquello. Esperamos un comienzo o un final… mientras tanto las agujas siguen girando. El tiempo, hábil y escurridizo, nos toca el hombro para que nos demos cuenta de que está a disposición, que es nuestra la responsabilidad de aprovecharlo.
Hablando sobre la brevedad de la vida, Séneca dijo que: “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho”. Cosa rara y contradictoria el humano, queriéndose beber la vida sin tener en cuenta el valor del tiempo.
Pero me quedo con otra frase que leí hace poco: “El hoy es un regalo, por eso se llama presente”. Sería mi homenaje al tiempo, el recordarlo cada día.
Claudia (CABA)
2. NEKA
Se vino el fin de semana largo, extra largo. Cuatro días seguidos. Una parte de mí se alegró por ese tiempo libre. Otra parte entró en estado de alerta: ¿qué hacer con todo ese tiempo no pautado? Los imperativos de productividad se me fueron presentando de a uno: avanzar en las lecturas, en el estudio, ordenar los placares... Listar todos los pendientes como un resguardo ante el abismo, ante el vacío del tiempo libre. Cuando el sentimiento de no saber qué hacer apareciera, bastaría con leer y encarar alguno de esos pendientes. Pero no hice nada de eso. En cambio, llamé a Martha, y la invité a pasar cuatro días en Villa Gesell. Sin objetivos, sin planes. Con la excusa de ver el mar, y descubrir cómo se sentía el no tener que hacer nada. El clima iba a estar lluvioso y la ruta repleta de autos. No me importó. Llevé solo lo necesario: un bolso mínimo, el equipo de mate, un cuaderno, un libro y buena compañía. Me fui con las dos: Martha, de sesenta y dos y Neka, una salchicha de doce años perrunos. Éramos dos adultos y Neka, un adulto mayor. Pero eso último lo fui descubriendo con el paso del tiempo.
Las primeras señales se presentaron cuando hicimos la parada obligada en El Atalaya. Bajamos a comprar medialunas y llevamos a Neka con abrigo, correa y pretal. Ella siempre fue impaciente, mandona y de pocas pulgas. "Como buena petisa", dirían algunos con maldad. Lo cierto es que ahora camina lento, en parte porque ve poco y cada sombra le parece un pozo, en parte porque escucha menos y el entorno se vuelve un misterio, y en parte porque la cadera se demora en responder, bloqueando al principio el andar de sus patitas cortas. Las de adelante están completamente blancas, como si usara medias escolares. El morro también está blanco, pero eso decimos que es por los besos que le da con frecuencia su mamá, y que le han ido destiñendo la trompa. Como sea, camina lento. Y no se detiene ante las cosas, se detiene contra las cosas. Es que no las ve, así que va topándose contra los objetos del mundo, pero dobla y sigue. Eso sí, siempre sigue.
Duerme mucho. Su lugar favorito es la falda de Martha. Reconoce su tacto y su olor. Con sol, calefacción o cualquier otra fuente de calorcito, entra en un sueño de calma y regocijo. Envidio su abandono, la seguridad que le da el saberse sostenida y arrullada. No tiene idea de dónde está, pero sabe con quién. Y eso le alcanza.
Históricamente fue enemiga de perros y pajaritos. Les ladraba por igual. Ahora los perros la ignoran, y creo que ella ni siquiera sabe que están. Un gorrión se posó en el respaldo de su silla buscando migas. Neka nunca lo supo.
Cambiaron muchas cosas. Las porciones de pollo ya no son las mismas. Un riñón le funciona mal, así que de proteínas poco y nada. Pero un gusto, cada tanto, se le da. Manzana come bastante, en trozos chicos, que pueda masticar.
No siempre llega al baño, donde están los diarios en el piso, que sabe que debe usar. Así que limpiamos pis en el living, en la cocina y en el pasillo, diciendo siempre en voz alta "son cosas que pasan", para que ella no se preocupe, pero se va a la cucha porque sabe que estuvo mal.
En la playa, algo en ella se despierta, algo muy genuino, de muy atrás. Sale corriendo (poquito ahora, porque se agita), sun embargo, en lo que dura ese impulso se ve claramente lo que fue hace unos años. Aunque ya no puede perseguir su pelota como loca, cuando las patas tocan la arena, su instinto es el de correr, el de avanzar.
No sufre, no hay dolor, ni se queja. Es cuidada, querida y acompañada. Donde Martha vaya, Neka va a estar. Cada mañana la despiertan con besos y con besos también se va a acostar. Es una buena vida, me digo. Pienso quién hará eso por mí cuando envejezca. Por ahora creo que nadie, y eso me está empezando a preocupar.
MAD (CABA)
1. VIDA O TIEMPO
El tiempo corre. La gente corre en las grandes ciudades. ¿Hacia dónde? ¿Por qué? ¿Para qué? El niño quiere crecer cuando el anciano quiere retroceder.
A mis quince años me dijeron: ¡Tenés toda la vida por delante! y de repente me encontré con un marido y una hija corriendo detrás del dinero. Sin dinero no podés alimentarte, sin dinero no podés vestirte, sin dinero no podés acceder a una vida digna. Entonces había que trabajar y correr detrás del tiempo para cumplir con las obligaciones. Correr detrás de los horarios de los demás: escuelas, jefes, medios de transporte, comercios o dependencias del Estado. Y la sociedad se apodera de tu tiempo.
La vida es tiempo y me arrepiento de no haberla disfrutado durante mi juventud como hubiese querido,. Gran parte de mis días me la pasaba tratando de cambiar a mis parejas como si yo fuese una maga. Reclamaba y demandaba lo imposible. Fui esclava del tiempo, hasta que pude construir, de a poquito, mi camino hacia la libertad. Mientras tanto, mis hijos crecían. Hoy trato de no perder el recuerdo de su imagen infantil, sus risas, sus voces y sus abrazos. Hoy trato de disfrutar cada momento con esos seres, ya adultos, y el tiempo se detiene en esos pequeños instantes.
El tiempo me robó a mis seres queridos: tíos, primos y abuelos. Me sigue doliendo la muerte de cada uno de ellos… y los extraño. Me subo a mi propia máquina del tiempo y trato de revivir momentos que pasé con cada uno. Oigo sus voces, sus chistes y, sobre todo, siento sus abrazos. La última vez que vi a mi abuela fue en su cumpleaños postrero. Yo tenía diecinueve años. Me subió en su regazo y me dijo: Siempre vas a ser mi bebé. La última vez que abracé a mi prima Raquel, yo tenía treinta y nueve y ella treinta y seis y sigo reviviendo aquella mirada tan triste y tan hermosa. Repito: La vida es tiempo y me pregunto: ¿Quién se llevó a mi hermano?, ¿la vida o el tiempo? No presté atención. Pensé que Dani iba a vivir para siempre.
Hoy me encuentro a mis casi sesenta años y me detengo a pensar sobre el transcurso de mi vida. Fue un suspiro. Me encantaría poder acordarme de muchas cosas más para poder revivirlas, pero estoy viviendo aquí y ahora, disfrutando de mi propio futuro: mis nietos. Cuando estoy con cada uno de ellos voy cargando recuerdos para mi ancianidad.
Dicen que hay quince minutos, antes de morir, donde pasan la vida y los seres queridos. Es lo único que me quiero llevar.
Alejandra Busconi (San Martín, Buenos Aires)
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