24. VACACIONES EN ZONA
Acá estoy tomando mi cafecito frente a estos renglones en blanco.
Desde que supe el tema a referir para el encuentro de jueves, nada parece venir a mi mente para contar sobre estas, mis vacaciones vernáculas, como suelo nombrarlas.
Nada de playas, ni quintas, ni montañas, ni
siquiera la permanencia de
alguna noche fuera de mi casa.
Quien no me conoce o ama hacer planes especiales para vacacionar podría interpretar que fueron días aburridos, sin embargo, para mí han sido felices.
Mi nieta más pequeña fue una colonia de vacaciones, pero dos veces a la semana y los demás días se quedaba conmigo. Compartimos muchos bellos momentos.
Jugar a la casita, cual todería, debajo de la mesa, con sábanas y mantas es uno de nuestros pasatiempos preferidos. Vimos algunas películas de las plataformas y conocí a varios influencers de los que ella prefiere,"terribles decidores de palabras soeces", pero eso es un secreto entre ella y yo. Fuimos al cine, a veces al shopping a jugar competencias de hockey de mesa donde siempre pierdo y se me vuelan las fichas.
A la llegada de mi hija, su mami, del trabajo, cerca de las dieciséis horas, comíamos facturas con pastelera, (ojo, yo una solita) y dormíamos las tres en la cama grande con el aire acondicionado al máximo.
Los días en que las nenas no venían yo a las ocho y media estaba tomando un café debajo de mi arbolito preferido en la esquina de La Maga.
Este verano encontré otra cafetería con sombra natural también cerca de casa. La situación económica del país me ha llevado a ser más austera también en estos casos y ese lugar es autoservice y más barato.
Tengo un gracioso envase amarillo porta banana
que traje de Barcelona, entonces con él
en mano, un libro, el repelente y el celular en mano me
siento en mi mesita preferida al aire libra no menos de hora y media cada
mañana de verano, cuando el clima lo permite
Allí ubicada recibo piropos y hasta comentarios como el de una señora que siempre saca a pasear a su majestuoso perro Golden la que me manifestó abiertamente su envidia por verme tan distendida.
Después a mis quehaceres domésticos
por un rato.
Por las tardes merienda caserita, series y películas hasta el arribo de mi marido alrededor de las veinte.
Algunas salidas con él, con amigos y con mi hermano y su mujer los fines de semana fueron haciendo de estas vacaciones un tiempo dichoso.
Algo debo admitir, durante dos años viaje a España y allí disfruté de la temporada estival, entonces últimamente cierta nostalgia sopla con suavidad en mis días.
No extraño las playas, sino la cálida compañía de mi hijo y mis nietas que viven allí, allende el mar.
Puedo decir que han sido muy buenas vacaciones
Melinna Trigo (CABA)
23. UN BUEN PROGRAMA
Mi hija se postuló este verano para participar en el Festival SOIJAR (Sistema de orquestas infantiles y juveniles de Argentina). La aceptaron y fue becada para los nieve días que dura el evento en la ciudad de Chascomús, en los que se la pasan ensayando y haciendo conciertos en el Parque de los Libres, al lado de la famosa laguna.. Dos de los principales conciertos fueron con Lito Vitale, Baglietto e Hilda Lizarazu. El otro evento era el concierto por los doscientos años de la novena sinfonía de Beethoven. Esta obra tan popular y universal, subraya valores fundamentales – libertad, igualdad, fraternidad- dentro del marco de la alegría.
Ambas ocasiones fueron interesantes para asistir, pero en la primera fecha Nacho estaba estudiando para rendir un examen al día siguiente del concierto. Así que lo vimos por la transmisión en You tube. Al fin de semana siguiente fuimos a pasar el día a Chascomús ya que al atardecer era el concierto.
El día fue muy lindo, agradable. Llegamos al mediodía y buscamos una parrilla que conocíamos de paradas en viajes a la costa. La encontramos y pudimos comer unos regios sandwiches de milanesa, sin esperar y a buen precio. Después salimos hacia el parque donde estaba el escenario y vimos a mi hija que nos saludó desde allí cuando ya terminaba el último ensayo con los ciento cincuenta jóvenes y niños que conformaban la orquesta del festival Soijar.
Aprovechamos el lugar de estacionamiento estratégico y nos fuimos a pasear por los alrededores. Nos tomamos unos mates en el muelle de la laguna, donde había bastante viento que espantaba a los mosquitos, que estuvieron toda la semana protagonizando los noticieros y diferentes eventos. Volvimos a dejar el equipo de mate y las reposeras en el auto y seguimos caminando por la laguna. Habíamos visto que se alquilaban bicicletas y conseguimos un par. Las alquilaban por dos horas. Recorrimos el borde de la laguna, fuimos hasta un portal japonés de la buena suerte o algo así y recorrimos calles muy tranquilas de la ciudad. Después buscamos un bar en el centro y merendamos un rico café con muffins de chocolate y de arándanos. Muy pintoresco el café Costal y las calles adoquinadas de la avenida Lastra. Terminamos y fuimos a devolver las bicis. Mientras volvíamos caminando, recorrimos la feria de artesanos del parque. Regresamos para buscar las reposeras del baúl del auto y la mantita que había llevado para tirar al piso en el césped. Al atardecer había refrescado bastante y después del calor que pasamos en Buenos Aires los últimos días no habíamos pensado en llevar campera. Así la mantitahizo las veces de abrigo. Conseguimos una buena ubicación delante del escenario, en el Parque de los Libres. De fondo se veía el atardecer en la laguna y a lo largo del escenario cantidad de reposeras y mantas en el césped que llevaba el público para disfrutar el concierto. Tanto los músicos, voces del coro como los chicos de orquestas de toda la Argentina y los directores invitados se lucieron con la actuación. Por mi parte era la primera vez que escuchaba la novena sinfonía completa.
Al finalizar el evento, mi hijo se fue al auto, guardamos las cosas y regresé al escenario. Después de dar unas vueltas encontré a mi hija para saludarla, en medio de la muchedumbre de gente festejando.
Al salir de la ciudad, pase por la estación de servicio a cargar nafta. Mientras cargaba agua caliente para tomar unos mates de regreso, vi unas ofertas de aceite de oliva en el mercado de la YPF y las aproveché. Atrás de mí vinieron otros clientes y quedamos felices de compartir el dato.
Viajamos tranquilos tomando mates y escuchando música del playlist del Spotify de mi hijo. Satisfechos porque habíamos hecho un montón de actividades y acompañado a mi hija en su evento.
Rosana L. (CABA)
22. UNA PAUSA
Una Navidad sin sobresaltos, contando con la presencia de Alejandra y su familia.
Agustina y Martina habían llegado a España para pasar las fiestas con su hermana, siendo ese viaje un gran desafío.
Año Nuevo nos encontró solos, cuidando tres casas, siete perros.
Pregunta obligada, ¿qué vamos a hacer?
-Cocinar no quiero, comenté.
Después de deliberar llegamos a resolver el tema de la cena para dos.
Se me ocurrió preguntarle a mi amiga Susana qué iba a hacer, como no tenía planes vino a casa con empanadas y cosas ricas para el brindis. La noche se presentó cálida y estrellada, nos encontró la madrugada con copas, risas, fotos. Los tres divertidísimos.
El cinco de enero viajé a Trenque Lauquen con mis amigas, eso me cargó de energía. El mes seguía con la rutina, yo trabajando, no fui a natación.
Las chicas regresaron de Europa el ocho y el once Agus partió sola a la cordillera, me instalé con mi nieta en la chacra.
Febrero, Agus, nuevamente viajó a Buenos Aires a control, yo seguía instalada en su casa. Comencé natación, creyendo que el agua me quitaría esa sensación de tristeza que se estaba apoderando de mi, no fue así. Llamé a Raúl, mi psicólogo, él siempre pone mis patitos en línea.
Conclusión, terapia de pareja, con cierta resistencia él aceptó, dos sesiones no mas. Algo ayudó, el ambiente diario se tornó más liviano.
Un amigo me invitó a hacer la flotada del Río Limay, cuatro horas en ese caudaloso y majestuoso río, sin más que una cámara de auto y patas de ranas. Un desafío maravilloso, hasta el dolor de mi costilla fracturada despareció.”No está permitido perder el tiempo”, como dijo nuestra querida Ana.
Última semana de febrero nos fuimos a Monte Hermoso, por primera vez en mi vida reconocí que me sentía cansada, que lo necesitaba.
Días agradables, caminatas, nadar tras la rompiente, comiditas ricas, copas de vino.Tres kilos extras bien ganados.
Marzo, aquí me encuentra, con mil horas extras sin cobrar, pero con ganas de ir por más, reconociendo que estoy en el perfecto lugar que mi alma escogió.
María Santandrea (Neuquén, Neuquén)
21. EL PODER DEL DISFRUTE
En estas vacaciones hubo ausencias donde el recuerdo de ese ser tan querido acompañó mis tardes de mate en el balcón, lugar mágico para ambas en donde las charlas o simplemente el estar juntas nos hacía sentir como en el mejor de los mundos. Siempre menciono el balcón porque allí reflexionó, escribo, miro el afuera y juego a imaginar que por sus expresiones puedo descubrir el perfil de las personas que pasan caminando por la vereda. Es el lugar donde logro conectar conmigo misma evitando así, que las preocupaciones invadan mi paz.
Con respecto a los meses de enero y febrero debo decir que los mismos transcurrieron de manera tranquila. Sí destaco, y muy positivamente, el hecho de haberme animado por primera vez en la vida a pasar Año Nuevo alejada de mi familia.
El 31 de diciembre, con mi sobrina Laura y su hijito de cinco años. viajé en tren hasta Mar del Plata y de ahí a Santa Clara, localidad que está situada a pocos kilómetros de La Feliz. Llegamos al departamento cerca de las 17 horas, acomodamos nuestros bártulos y salimos a comprar provisiones para la cena de fin de año. Pasadas las once nos dirigimos a la playa para recibir el nuevo año.
Realmente nunca imaginé un espectáculo tan emocionante. Había gente por doquier, todos con un único propósito, festejar y disfrutar. Cantos, música a todo volumen, el descorche de las botellas sonaban y con ellos las carcajadas al levantarlas propiciando un
brindis acompañando el conteo que marcaba la llegada del nuevo año. Para mí fue una experiencia mágica y novedosa, reunía todas las condiciones para ser una gran fiesta en un escenario perfecto. El mar iluminado por la luna era testigo de tanta algarabía, el cielo se iluminaba de colores con los destellos de los fuegos de artificios que resaltaban aún más las estrellas, la arena todavía tibia conservaba el calor del sol de la tarde ofreciendo una sensación muy placentera y acogedora. Para completar la noche recibí las llamadas de mis hijos y mis nietos y, gracias a la tecnología y a través de la camarita, pudimos juntos disfrutar de ese maravilloso momento, a pesar de la distancia que nos separaba.
Pasamos unos días hermosos, fue la primera vez que compartí tiempo completo con mi sobrina y la experiencia resultó agradable para ambas. Se podría decir que todo iba resultando perfecto, hasta que al tercer día surgió un inconveniente que tuvimos que resolver con rapidez y decisión. Se inundó mal el departamento que estábamos ocupando, no fue un simple desborde de agua que salía por las rejillas, sino agua sucia que provenía del baño, inundando el ambiente e invadiendo todo de un olor insoportable. Ante la falta de respuesta por parte de las personas que nos habían alquilado, decidimos preparar los bolsos e irnos. Todavía nos quedaban cuatro días de vacaciones y además debíamos recuperar parte del dinero que habíamos pagado. Cuando al fin logramos dar con los responsables del lugar les comunicamos lo sucedido, se negaban a devolvernos el dinero, no aceptamos ningún trato y después de mucho hablar lo logramos, buscamos otro lugar y los días subsiguientes pudimos disfrutarlos plenamente.
El resto de enero y febrero no hice demasiadas cosas. Compartí mucho con Viki, realmente es una beba que me colma el alma, compartí su primera vez en calesita y tardes en la plaza. También acompañé a Guada algunas veces a la colonia y otras, no muchas al parque Centenario. Me visitó Mica, mi nieta mayor, ya no la veo tanto como antes, su trabajo y su vida en pareja no le deja demasiado tiempo libre, de igual modo los momentos que pasamos juntas los disfrutamos mucho. Ella cumplió años el 19 de febrero, por tal motivo al día siguiente nos reunimos a festejar con una merienda en una confitería del centro. También unos días atrás viví un momento muy emotivo, que me llenó de orgullo, Mica recibió el título de Licenciada en Administración de Empresa e hizo el juramento en la facultad de Ciencias. El resto de la familia bien, Diego sigue en casa y Guada, Francisca y Feli creciendo sanas y bellas
El broche de estas vacaciones fue que me hija se fue una semana a las termas de Colón y me pidió si podía cuidarle al perrito. Acepté con gusto ya que de ese modo Toto, así era su nombre, estaría acompañado todo el día. La cosa fue que lo trajo, el primer día se lo veía emocionado por lo nuevo del lugar, igual aclaro que Toto, era un perrito ya grande y con problemas de salud, aún así con dificultades iba tirando.
Al segundo día lo noté agitado y con poco ánimo, la llamé a Vane, se lo mostré por la camarita y me tranquilizó diciéndome que en su casa también se la pasaba acostado y agitado, porque tenía problema de corazón. Me dijo que le diera las gotas que pronto se sentiría mejor y así lo hice. Al tercer día noté que estaba caído y pensé que extrañaba la casa y a sus dueñas.
Me preocupada mucho verlo desanimado, esa noche me fui a dormir intranquila. Cuando me levanté lo busqué en la cocina, en el comedor y cuando fui al baño, estaba acostado. Lo toqué y no se movía, casi me muero. Yo estaba tan nerviosa que no sabía qué hacer. Lo primero que se me ocurrió fue llamar a Ema, que a los cinco minutos estuvo en casa, lo miró, lo tocó y me dijo con cara de susto, vieja se fue Totito. Llamé a Vane, le conté y me dijo que llamase a la veterinaria y que ella se ocupara.
Ema fue a consultar al Pasteur
que queda a unas cuadras de casa. Cuando regresó, lo envolvió y lo llevamos, El trámite fue muy rápido, me tomaron unos datos y lo dejamos para su cremación. Feo y triste momento para mí, yo no tenía la culpa, pero estaba en mi casa y me sentía de alguna manera responsable. Gracias a Dios que Ema me ayudó, si no Toto todavía estaría en el baño, yo inútil total. Los días siguientes no podía evitar recordarlo y ponerme a llorar.
Dicen que las cosas pasan por algo y se me ocurrió pensar, que Toto vino a terminar sus días en mí casa, para que Vane y Guada no tuvieran que presenciar el triste momento de verlo partir. Siempre lo recordarán como el día que se despidieron para dejarlo.
Li (CABA)
20. TRANSICIONES
Empecé este nuevo año en casa de Diego, primo de mi yerno Nicolás, pero también su jefe, ya que ambos trabajan en la empresa familiar de venta de ropa.
Laura había viajado al sur con un grupo de amigas para despedir el año y acompañar a una de ellas, Camila, que se quedaba a vivir en Bariloche.
Si bien no era la primera vez que compartía un fin de año con esta gran familia judía, las veces anteriores había ido sola con Laura, esta vez iba acompañada de mi novio.
Como recuerdo de esa hermosa noche tengo algunas fotos de mi brindis con Carlos, con mi yerno y su madre, también con el resto de los parientes, todos sonrientes, pero en ninguna de esas imágenes está mi hija que estuvo ausente con aviso; …. raro no ….
Paula tenía que mudarse a su nuevo departamento. Decidió hacerlo el sábado 23 de diciembre de 2023, fecha rara no … pasaría Nochebuena rodeada de cajas, que no serían de regalos precisamente; además no podía dejar sola a Draky, una perra Golden de apenas seis meses integrada recientemente a su grupo familiar.
Para celebrar la Navidad les envié un mail a mis tres hijos invitándolos a casa para una merienda sin regalos porque Francisco, mi nieto, no sabe quién es Papá Noel …raro no ….
Debo agregar también dos situaciones que me alteraron bastante durante ese mes.
El primer evento ocurrió el once de diciembre con Susana, mi psicóloga. Fue una situación planteada dentro de la sesión que derivó en un distanciamiento que continúa hasta ahora.
A este hecho totalmente inesperado se sumaron los destrozos del solárium del edificio ocasionados por el temporal del día diecisiete que arrancó los paneles de protección hundiéndolos en el fondo de la pileta.
Por lo tanto, sufría el intenso calor sin poder refrescarme, mis hijas habían decidido no organizar ni compartir las fiestas, y yo había quedado a la deriva sin terapia.
A esa altura del año con mi cerebro quemado y mi cuerpo agotado, no estaba pasando mi mejor momento, mi buen humor no estaba en la cresta de la ola.
En medio de este conglomerado de complicaciones y de rarezas comencé el 2024.
El inicio de la estación veraniega me vuelve irritable desde que tengo memoria; esperaba que con el correr de los años esto pudiera aliviarse, pero se ha agravado y hoy me encuentra más rebelde que nunca.
Mis vacaciones con Carlos en Mar del Plata en la segunda quincena de noviembre ya estaban recontra olvidadas y no había posibilidades de otros viajes con amigas o familia;
así que me dispuse a disfrutar de la piscina en el décimo piso que se habilitó después de terminados los arreglos necesarios casi a fines de enero.
También dediqué muchas horas a la escritura, no me gana ni el cansancio, ni el aburrimiento cuando de escribir se trata.
A pesar de estas distracciones, odio el verano. Dicho así suena fuerte, pero sufro tanto las elevadas temperaturas que bajan mi presión arterial y limitan mi accionar, que lo detesto. No quiero aceptar restricciones de ningún tipo, ni aún climatológicas. Como estoy en la cima de mi rebeldía me permito vivir de acuerdo a mis ganas ….
En este cambio tuvo mucho que ver Carlos que, al trabajar los fines de semana, me obligó a modificar el ritmo de mis actividades en los días laborables para estar sin hacer nada y poder disfrutar con él sus francos, o dicho románticamente, para poder alimentar un vínculo que me interesa y al que quiero dedicarle horas de exclusiva atención.
Estamos transitando desde hace un tiempo, el pasaje del enamoramiento al amor adulto.
Es así como surgió la palabra “convivencia” y mi estructura mental, no emocional, se alteró de tal forma, que entré en una etapa difícil, ¡entré en pánico!
Soy tan reacia a las reformas que prefiero seguir viviendo en esta nube ya conocida.
Carlos, como digno representante de tauro, tiene los pies sobre la tierra y reclama avances certeros, lentos pero seguros…
Esto nos ha llevado a tener extensas charlas de conocimiento mutuo que nos han permitido profundizar temas que habían quedado pendientes y seguir así apostando a la relación ya que, ante estas nuevas propuestas de cambios que comenzaron hace unos meses, mi actitud ha sido dubitativa, pensante y reflexiva.
Me pregunto si estoy preparada para poder enfrentar esta transición amorosa y ante tal cuestionamiento recuerdo una charla con una amiga de Federico hace muchísimos años una tarde de enero en la playa Estrada de Mar del Plata.
Estábamos las dos paradas al borde del mar mojándonos los pies.
----- ¡Qué bien que lo veo a Fede! Está enamorado.
----- ¿Te parece?- le pregunté con una falsa sonrisa tratando de disimular mis celos.
----- Si, te lo digo porque hemos hablado mucho…. ¡está distinto!
Micaela es dos años mayor que mi hijo y su amistad había surgido en la Cultural Inglesa donde ambos estudiaban el idioma.
----- Pero tenía que ponerse de novio justo antes del viaje de egresados, ¿cómo no lo pensó?, ¿era necesario? Podría haber disfrutado más sin ese compromiso.
Me extraña de él que es tan pensante y reflexivo….
Es en ese instante que Micaela me respondió:
----Tal vez a Fede le llegó el momento de dejar de “pensar” tanto y empezar a “sentir” más.
¡Quedé perpleja! Esa jovencita me acababa de dar una buena lección dejándome sin palabras con esa frase reveladora que nunca olvidé.
La guardo en mi memoria para situaciones como las que estoy viviendo ahora, donde me pregunto si a mí también me habrá llegado ese momento… todavía no tengo la respuesta.
Mágico Abril (CABA)
19. VACACIONES GESELL
A pesar de ser sindicada por mi hijo más joven como una persona que siempre vive de vacaciones, se genera en mí una expectativa infinitaen el ánimo al organizarlas y prepararlas. Me pongo inquieta, pienso una y otra vez qué hace falta llevar. Desparramo mi ropa en la cama y descarto de plano una y otra prenda. Una vez que seleccioné lo que voy a llevarme, no vuelvo a fijarme ni a agregar nada. Listo: tema cerrado.
Nosotros somos “bartoleros”: acarreamos bártulos. Odio que en los lugares en los que cualquiera puede vacacionar se pretenda una avivada con los precios para “salvar” la temporada. Más ahora, en un contexto complicado para la economía de todos. Si bien se trata de un hábito que no se sabe quién lo instauró: total todos lo hacen -cobrar todo más caro-, que no disculpa ni conforma ni nada de nada.
Así que munidos con ropas, bártulos y perro -por favor, no olvidar de la presencia perruna en nuestra vida-, en un auto que tiene un muy buen andar (Golf) salimos a la ruta. Cuestión número uno: los otros autos. No existe ya un horario en el que uno circule en soledad por las calles de nuestra ciudad o por las rutas. Siempre, siempre, siempre hay otros vehículos cuyos conductores harán maniobras impensadas. Cuestión número dos: los peajes. Celebro la invención del pago electrónico que ocupa el lugar de la entrega del efectivo y del papel de constancia de haber abonado. Lo fastidioso es que el sistema de circulación de los peajes (en su mayoría) se abre en quince vías para luego pasar a ser dos. No hay más explicaciones.
El perro ama viajar en auto. Munido de su pretal y cinturón de seguridad, posa toda su corporeidad perruna sobre la funda para las butacas de atrás. Duerme como si fuera la única actividad para la que fue creado. No le gusta, siento señalarlo, que el auto baje su velocidad. Se levanta sobre sus patas finas con rapidez y esmero y su cara parece preguntar: “che, ¿qué pasa?”
Llegar hasta el mar es rebozar de energía. Debo haber sido pez en otra vida. O caballito de mar. O ballena franca. O agua viva. O mojarra. Me aferro al paisaje que me hace suya con mi total beneplácito. Con un ojo observo y me maravillo en el concepto de infinito: la delgada línea celeste que se dibuja allá atrás y donde parecen besarse mar y cielo. Con el otro ojo, no podía fallar, al señorito perro que fabrica agujeros movido por cuestiones típicas de su raza. Respira arena, babea arena, es un pegote de arena todo él.
Al regresar a la casa, que posee un parque importante, la corrida detrás de las piñas y la fabricación de agujeros, ahora en el parque, continúa.
Este período de vacaciones fue diferente porque los señoritos hijos han elegido sumarse a nuestro viaje en Semana Santa debido a que será un feriado de seis días. Ellos dos se fueron una semana con amigos a Mar del Plata en diciembre del 2023. Las siguientes microvacaciones serían las del Carnaval. Los crecientes aumentos en los pasajes hicieron que optaran por el feriado de fines de marzo/principios de abril.
Estuvimos solos los dos acompañándonos. Si todo sale tal como está previsto, Federico se mudará a su departamento en este año y empezaremos a vivir los dos solos. Como al principio. Fue un hermoso momento de descanso, de largas conversaciones y de proyectos para este año que ya arrancó.
Edith Oxilia (CABA)
18. VERANO 2023
Me resulta un poco difícil escribir sobre este tema, la primera sensación es que no tengo demasiado que decir.
Como muchos saben, el verano no es mi estación preferida. Su temperatura deja de resultarme agradable cuando supera los 22 grados. Pero también es cierto que la mayoría de las actividades que se relacionan con él, no son las preferidas por mí. Me gustan las salidas al aire libre hasta cierto punto, ya con un par de horas para mí es suficiente. No me gusta la playa ni meterme en el mar, tampoco me verán caminando, así sea por un paseo, a pleno sol, cualquiera fuera el lugar.
Quizá por eso tampoco asocio la llegada del verano con las vacaciones. De poder tomar unos días, prefiero sea en otra época del año. Nunca las he considerado como prioridad. Cuando he podido tomarlas las he disfrutado y si no puedo, no es algo que me afecte.
En estos meses he paseado por la ciudad, con mi marido y mi nieta mayor. Algunas veces los tres, cuando él salió de vacaciones y en otras, nosotras dos. Visité el Teatro Colón, el Museo de Bellas Artes, varias librerías, entre ellas el Ateneo Gran Splendid (un paraíso que une libros y su bella construcción), paseamos por Recoleta, desayunamos o merendamos en lindas confiterías. Así pasó el mes de enero.
Febrero es un mes de cumpleaños, tanto de nietos como de amigos, por lo que transcurrió en medio de reuniones, sumadas a encuentros y salidas con amigas.
En mí suena contradictorio que muchas veces, siento querer escapar de la rutina, pero me resulta muy difícil desconectarme del todo. A lo mejor por esto es que me cuesta incorporar el término “vacaciones” en mi vida, ya que entiendo que además del disfrute, vacacionar significa por unos días dejar atrás las preocupaciones y lo atravesado durante el ajetreado año.
La idea que tenemos mi marido y yo, es irnos unos días en marzo o en abril. Es solo una idea, después veremos si se concreta o no. Mientras, me alegra volver a mis actividades, que comienzan en este mes. Hacer lo que me gusta, me renueva mucho más que salir de vacaciones.
Claudia (CABA)
17. 2023... VERANO CON HUEQUITOS
Los veranos empiezan en diciembre y teñidos de entusiasmo cada año, asoman con mesas en rojo y verde, regalos navideños, estrenos blancos recibiendo enero.
Tratando de mantener la calma, no falto la sensación única del sol abrazando mi cuerpo al salir de la pileta.
Un huequito para “La Mantis”, hecha en letras y audios conmovedores.
Otro para el mar, otro para cenas con
los que quiero, otro para la soledad planeada algún domingo en campings
cercanos, asado, heladerita, reposeras. Él y yo cuando el mundo nos supera y
pedimos paz.
Un huequito para los meses que vienen.
¿Y si nos salteamos febrero?
Empezó frío y cruel con la noticia de que Martín volvía.
No alcanzaron ni los rezos, ni la campaña solidaria, ni su música, ni su baile, ni su fortaleza sacándole la lengua a cada transfusión, a cada pinchazo, a cada sonda.
No alcanzaron las video llamadas, ni su celu contándonos salidas en Barcelona en los días de descanso del tratamiento.
No alcanzó la fe, el sacerdote, ni la psicóloga.
No escucho Dios su llanto diciendo basta.
¿Y si nos salteamos febrero?
No...porque sería saltear los siete febrero en que vi su risa andar en cuatriciclo con su papá, los siete febrero de mares, de berrinches, de amor.
Queda otro huequito en este verano 2023.
El de la esperanza del milagro o el de la resignación.
La seguridad de que no somos nada si no sabemos hacer un huequito cada día para reconocer la dicha, para demostrarnos y demostrarle al mundo que somos célula, que estamos vivos.
Edith Martini (Jáuregui, Buenos Aires)
16. LO MEJOR Y PEOR DE ESTOS MESES
Meses de verano, meses con días de vacaciones para los seres afortunados
que las pueden disfrutar ya sea en el propio hogar como en un ámbito diferente.
Soy uno de esos seres y no solo
durante el verano, sino a lo largo de las cuatro estaciones, ya que mi vida la
vengo trascurriendo desde hace algunos años como unas largas vacaciones donde
hago lo que quiero y cuando quiero, con la aclaración de que tengo gustos y
placeres muy sencillos y modestos, lo cual facilita esta forma de ver las
cosas. Más allá de eso, quiero contarles que cuando se
acercaba la última Navidad tuve ganas de pasarla en la costa con Héctor, mi
marido, Ariel y Mariano, dos de mis hijos y Rocío, la pareja del último. No es
que no quisiera hacerlo con Marcelo, mi otro hijo, es que él siempre festeja esa fecha con la familia de Vane, su
pareja y de forma muy especial, con Papá Noel incluido y todo. Yo hace rato
perdí el interés por esa celebración y ni Sofi, mi única nieta, me hizo
reconsiderar mi postura. Retomando el tema escapada navideña, me había costado
bastante convencer a mi peor es nada de dejar la casa, la perra y el gato en
época de fiestas, pero con la complicidad de Rocío logramos convencerlo y
señamos una cabaña en Mar Azul. Lástima que, como ya sabemos… el hombre propone
y el diablo mete la cola, y tres días antes de la partida apareció en mi hogar
el monstruo del 2020, el maldito Covid, clavando sus garras primero en mí y
luego en mi marido. Conclusión: Ariel, Mariano y Rocío pudieron por suerte
disfrutar la Navidad junto al mar. Nosotros dos nos quedamos aisladitos
en nuestra casita, yo al principio con mucha, mucha bronca, sumada a lo mal que me sentí durante tres
días. Después me resigné, otra no me quedaba. Como compensación estoy ahora, el
primer día de marzo, escribiendo cerca del mar y desde este mismo lugar leeré
esto ante mis compañeras del taller y también…quizás…
festejaré el domingo mis sesenta y cuatro años con los mismos acompañantes que
no pudieron ser al comienzo del verano. Espero que el diablo no vuelva a meter
su cola entre nosotros.
Olgui (Hurlingham, Buenos Aires)
15. VACACIONES A MEDIAS
Allá por septiembre,
octubre, no me acuerdo bien, estábamos comiendo en familia como lo hacemos casi
todos los domingos y se nos ocurrió la idea de ir a pasar unos días a la playa
y festejar el año nuevo allí. Mi nuera todavía estaba embarazada, le faltaban
días. Mi marido dijo: ustedes busquen
hospedaje, yo lo pago. Y así se hizo. La verdad es que no
fue una buena idea. La convivencia fue difícil, la beba de mi hijo era muy
pequeñita, mi nuera estaba infumable, le pegó mal la maternidad. No quería que
nadie la ayudara con Catalina, salvo mi hijo. Todo el día en la casa con la
niña en brazos, no quería salir. Se enojaba cuando los chicos de mi hija mayor jugaban y gritaban, como toda criatura de
esa edad. La noche del treinta y uno fue hermoso en familia, luego fuimos a ver
los fuegos artificiales a la playa, todo bien hasta ahí. Después vinieron los
roces entre hermanos, especialmente los mayores. Mi hijo,
entre la familia y su mujer, estaba muy incómodo, fue el que
peor la pasó. La cuestión es queé
había un clima tenso en la casa. No la pasé bien, la
verdad. Recién ahora volvieron a la normalidad, porque estuvieron los mayores
medio alejados durante enero. Volvimos de allá y empezó la era “visitas de
Córdoba”. Tres semanas con gente. Se iban unos, venían otros. Mi humor y mi
paciencia estaban desbordados. Cocinar para tantos… porque mis hijos cuando hay
gente en casa se acercan a las comidas bastante seguido.
Allí se les va el enojo. Íbamos a la pileta y ahí todo el día marchaba comida y
bebidas a discreción. No contemos el presupuesto. Llevarlos a recorrer, salir,
ir de acá para allá, acostarme tarde y ser la primera en levantarme para
preparar el desayuno o comprar algo, me agotaron.
Y como si esto fuera poco, a la semana que se fue la última visita, el siete de febrero, se infarta mi marido. El susto fue grande, hubiera esperado cualquier cosa referida a él, pero infartarse…no lo podía creer cuando el médico me lo dijo. Un hombre joven aún, saludable. Sin antecedentes, sin enfermedades previas. No se explica. Aún hoy, recuperado, están haciéndoles estudios para ver de dónde derivó ese infarto. Como dice mi amiga, seguro que cuando vio el resumen de la tarjeta se infartó, muy gracioso.
La cuestión es que estuve lejos de disfrutar a pleno de unas vacaciones. Ahora me gustaría irme unos días con mi marido, solos, a algún lugar.
Si bien Aa
pesar de todo lo expuesto, no dejo de agradecer los momentos diarios en
familia, el halago que se tomen unos días para venir a vernos, los momentos
divertidos, especialmente con mi hermano, cuando cuenta anécdotas del pueblo.
Debo reconocer el apoyo y la preocupación de toda la familia y amigos en los momentos difíciles. Siempre al pie del cañón, como decía mi padre. Eso es inobjetable. Ahí uno se da cuenta del amor, el afecto incondicional.
Mari (Neuquén, Neuquén)
14. VERANO INTENSO
En estos meses de verano intenso
pareciera que las emociones vividas, tocaron mi alma de igual manera....
Recibí el año junto a amigos cerca del mar. No precisamente frente
, como
siempre lo sueño , más estuvo cerca y el oleaje y la
brisa marina, rozaron mi
cuerpo.
Todo el mes de enero fuimos novios casi adolescentes: muchos besos, salidas nocturnas y siestas de series y mates.
Me redescubrí junto a mi esposo, en etapa de adultos. Tanto
que por momentos, pareció que estuviéramos solos en
el mundo.
Sin preocupaciones, sin alarmas, sin apuros.
Los chicos , ya tres personas grandes, en la
otra casa, en el campo, con sus amigos y rutinas, de las cuales nada nos pertenece.
Febrero y el mar, otra vez el mar....
Mi lugar en el mundo, ese que habitaré
cuando me haya ido..
Encuentro con mi hermana, sin hablar de nosotras, pero abrazándonos
y permitiendo sentir que siempre el amor nos salva.
Los años de mamá que se vinieron todos de golpe a mostrar una persona casi
entregada, con ciertos aires de tirana y pases de factura, cual niño que ansía
protección y atención permanente.
Más la vida de los cinco y sus complejidades, hacen que estemos atentos pero no
contentos, mucho menos ella....
Su voluntad no es correspondida y la tensión se siente algunas veces .
Mis hijos y sus sueños que se concretan :
cuesta, cuesta mucho y verlos así ,
duele y la impotencia se apodera de mí ser.
Cuando eran niños cobijé
sus noches y sus pesares.
Hoy siento que no alcanza.
Está fuera de mi
posibilidad.
Siento que no debo caer.
Pasará como todo.
Seguramente....
María Vivarelli (La Plata, Buenos Aires)
13. LA PAZ DE MI CASA
Hola
grupo, les cuento que en este tiempo que
dejamos de conectarnos a través de los textos, personalmente no hice grandes
cosas, lo que no quiere decir que haya estado aburrida ni desanimada.
Estos meses los había programado para aprovechar la paz de mi casa,
Mi
balcón en los días que el calor terrible me
lo permitía. Este pequeño espacio pasó a
ser mi lugar en el mundo. Mis plantas, la lectura y,
como nunca,
me empaché de
novelas turcas y películas.
También
recibí visitas y visité a familiares y
amigas, con las que en oportunidades salimos
a cenar o a tomar mate al parque Centenario, lugar que disfruto mucho. Algunas
veces lo aproveché para hacer caminatas como una forma de hacer
algo de gimnasia, siempre que las altas
temperaturas me lo permitían.
Hubo
varios días a la semana en enero que me ocupé
de llevar y traer a Guada a la colonia, además de darle una mano a mi hija
mientras ella trabajaba. Caminaba
quince cuadras de ida y otras tantas de vuelta:
las tomé como una actividad física.
Febrero
fue más tranquilo.
Emanuel
me invitó quince días a
Mar del Plata, agradecí su
propuesta pero la desestimé.
A mí me gusta decidir mis vacaciones, cómo, dónde, cuándo y también invitar gente, pero no me gusta ir de invitada, siento que por convivencia debo limitarme un poco a aceptar el compartir cosas que por ahí no son de mi gusto o de mi elección.
Coómo
conozco a mi hijo, que todo lo quiere hacer en manada,
preferí rechazar la invitación.
Últimamente
tránsito una etapa dónde solo quiero paz, no estoy negativa ni bajoneada, solo elegí esta manera de pasar el verano y me resultó diferente y saludable. No quiero olvidarme de contarles, que en este tiempo en que no nos vimos tuve noticias que me hicieron muy feliz. Ustedes ya sabían que en mayo iba a llegar una nueva nieta, días atrás me anticiparon que viene en camino otro bebé más, Nati y Patricio van a volver a ser padres y si Dios quiere yo seré abuela por sexta vez.
Estoy feliz de retomar el Taller de Escritura, es un espacio que me hace muy bien, me ayuda a repensar mejor las cosas y a abrir mi mente a otras posibilidades.
Además, aprendo a escuchar, a reflexionar y a comprender sobre las historias de vida de mis compañeras.
Li (CABA)
12. VACACIONES, SINÓNIMO DE TRANQUILIDAD
Mi hija Dalila planificó las vacaciones con mucha anticipación. En septiembre reservó una cabaña en Villa Ventana, cerca de Sierra de la Ventana. Mi mamá no quería ir, entonces tuve que pensar en quién se quedaría con ella. Hablé con mi nieto León, que tiene quince, y le dije que le pagaría un dinero por cuidarla. Cuando se iba acercando la fecha se me ocurrió comprarle un celular en cuotas y todos quedamos contentos. Nos fuimos el día después de la Navidad del 2022. Hacía mucho tiempo que no me ausentaba de mi casa con tanta tranquilidad.
Villa Ventana es un pueblito como salido de un cuento. Todo es limpio, bello y perfecto. En general, cuando llego a un lugar de Argentina que no conozco, tengo el deseo de saber cómo se fundó, cuántos habitantes tiene y de dónde proviene la gente. Me gusta viajar porque reflexiono, hurgo en la historia, me intereso por la flora y fauna, y mi mente se ocupa de temas más profundos. También me quejo de lo caro que es… Viajé en el auto con Daniel, mi ex. Somos amigos, y no dejé de recordar que las vacaciones con él siempre fueron una tortura, pero esta vez fui en modo out, tratando de no oír sus quejas y todo fue más placentero. Hasta íbamos cantando las canciones de Spinetta, en la ruta desierta, rodeada de sierras y verde. Como en las películas.
La cabaña era un sueño. Veía el atardecer, un momento del día que amo. Les daba de comer a los chimangos y juntaba ciruelas y peras de los árboles que había plantado la dueña. Me imaginaba viviendo allí. Recordé cada palabra del texto que había escrito para el Taller Literario cuando me imaginé viviendo en una cabaña a los setenta años. Había una hermosa pileta en el complejo y un arroyo a una cuadra. Con mis nietos la pasé de maravilla.
Me venía a despertar Lisandro -el mayor que tiene seis- y nos íbamos a desayunar al porche, disfrutando la brisa de la mañana. Yo dormía en el living porque necesitaba un televisor cerca por mi insomnio. Cada uno se levantaba a la hora que quería, desayunaba lo que quería y hacíamos lo que queríamos. A mi hija y a su padre les costaba ponerse de acuerdo para las excursiones y las comidas, disentían bastante. Dalila con su panza no podía hacer mucho. En general, yo respetaba sus decisiones, siempre eran las correctas y ella amorosamente respetaba las mías. En aquel lugar todo estaba más que bien, mi tranquilidad me llevaba al cielo, al sol y al arroyo, mientras ellos decidían.
Fue mágico. Sentí que me lo merecía después de todo lo que había pasado. La naturaleza mantuvo mi mente despejada. Volví tranquila y más paciente con mi mamá. Se me fue el insomnio. El duelo por haber perdido a mi hermano había pasado a segundo plano porque tomé real consciencia de que venía Clarita, mi nieta que está por nacer. Un día, de la nada, mi pierna dejó de doler. Es una cuestión de actitud, como dice el cantautor.
Alejandra Busconi (San Martín, Buenos Aires)
21/2/2023
11. VACACIONES ETERNAS
¿Vacaciones?
Llegó
diciembre con el final tan esperado. Luego de más de treinta años de profesión,
colgué definitivamente mi guardapolvo.
Siempre
para esa fecha empezaba mis vacaciones.
Esta
vez también. Pero con una salvedad: no tienen fin.
Se
siente raro y hermoso. Placentero e inquietante a la vez.
Diciembre
me despidió con covid por lo que los primeros diez días del año me encontraron
aislada y en reposo. Con el alta a
tiempo para poder viajar a San Luis a compartir una semana en familia en El Trapiche
y celebrar los quince años de mi sobrina menor.
Un
lugar soñado, ya conocido por nosotros, donde nos sentimos como en casa y damos
rienda suelta a todo lo que nos falta el resto del año. Charlas, chistes,
risas, ricas comidas, juegos de mesa, acuáticos, en las canchas y el infaltable
karaoke. También distribuir las tareas domésticas y por qué no…alguna que otra
peleíta. Familia en el más completo sentido de la palabra.
La
sencilla pero cálida fiesta de 15, todo un éxito.
Volvimos
felices a casa a los siete días justos.
Al
día siguiente, salí hacia la costa con mi mamá como copiloto y mi papá en el
asiento trasero.
Segunda
vez que realizaba el viaje como conductora. Se nos pasó volando entre charlas y
recuerdos de la semana anterior.
Cuando
llegamos a destino, llevé a mis papás a su casa, me quedé a almorzar con ellos
y a la tarde me sumergí en una aventura personal que resultó una experiencia
increíble. Vivir por primera vez sola durante tres semanas.
La
única responsabilidad que tenía era realizar el cambio de inquilinos en nuestra casita del mar.
Por
lo demás, el tiempo y el espacio fueron totalmente míos.
Sin
reloj, sin obligaciones, sin nadie que desacomodara o ensuciara la casa…mucho
silencio . Todo para mí.
Creí
que me iba a sumergir en la lectura o miraría series sin parar… o me lanzaría a
la escritura .Tal vez me la pasaría en lo de mis viejos o en la playa.
Nada
de eso ocurrió.
Un
poquito de cada cosa sí, pero el resto del tiempo me dediqué a estar conmigo. Por
primera vez. Hacer lo que tenía ganas en el momento en que me daba la gana.
Sin ningún tipo de planificación .
Caminatas
varias por la orilla del mar al atardecer. Fallidos intentos de leer escuchando
el mar entre cantos de heladeros y churreros, sumados al espantoso estruendo de
los desubicados parlantes de quienes creen que todos queremos escuchar su
música. Dormir a cualquier hora y mirar
series sin interrupciones. Comer cualquier cosa sin importarme qué. Momentos a
solas con mis viejos que nunca tengo. Videollamadas con César y Flor, quienes a
su vez, compartieron tiempo a solas, también por primera vez.
Salir
a las once de la noche a dar vueltas en auto o a caminar por la peatonal, a la
espera de que volviera la luz en casa. Mate con un amiga costera y
cafecito con una vieja amiga que necesitaba
de mi oreja y mi abrazo.
Y
así se evaporaron esos veintiún días.
¿Si
extrañé? La verdad que no.
Pero
me puso feliz la invasión que llegó durante las primeras horas de mi
cumpleaños.
Marido, hija, amiga de hija, mis hermanos y mis dos
hijas caninas.
Barullo,
desorden y amor por los cuatro costados.
La
paz de los días anteriores se transformó otra vez en charlas, risas y bullicio.
Fue
realmente un feliz cumpleaños. Le siguieron tres semanas de a dos, otra primera
vez en nuestras vidas, intercalando algunos momentos familiares pero
disfrutando mucho de estar solos como pareja.
Fue
raro ver, a la distancia, a mis amigas volver a la escuela. Pero qué bien se
siente ya no ser parte…
Volvimos
a casa felices. César a su trabajo y yo….a comenzar esta nueva vida que me
niego a planificar.
Por
primera vez decidida a dejar que fluya…eligiendo hacer sólo lo que me haga
feliz. Sin rutina y sin reloj.
Casi
como seguir eternamente de vacaciones….
No
hay mejor plan.
Gla (Ituzaingó, Buenos Aires)
10. ¿VACACIONES?
En 2022 se pensó mucho sobre las vacaciones, pareciera
existía la urgencia por dejar atrás estos años difíciles, pues así lo fueron en
muchos aspectos, ya sea por la pandemia o en lo personal.
Nosotros nos tomamos solo tres o cuatro días, fuimos a
Concepción del Uruguay. Entre Ríos es
uno de los lugares que frecuentamos y elegimos para irnos un par de días.
En realidad, en mi caso, quien más anhela el tiempo de
vacaciones es mi marido. Nunca formaron parte de mis prioridades o deseos.
Siempre las vacaciones para mí significaron un estrés
extra. En primer lugar, porque no soy de las personas que pueden decir “cierro
la puerta y me voy”, sumado a que muchísimas veces, tuve que dejar resueltas
algunas situaciones que, algo contradictorio, no eran totalmente propias.
Después, se sumaba dejar a cuidado a mis perros y a mi gato (algo que me sigue
pasando); me cansa sobremanera no solo preparar, sino también pensar qué debo
llevar, armar ya sea dos valijas o un bolso, elegir un lugar donde pasar esos
días… Esto derivó en alguna que otra discusión con mi marido, pues cuando llega
el momento de decidir, mi respuesta en general es: “me da lo mismo”. De por sí, él y yo tenemos gustos diferentes,
a Claudio le gusta todo lo que tiene que ver con el aire libre. A mí no me
gusta el verano, ni el calor, ni la playa, ni las piscinas, me gusta pasear en
las ciudades. Pero pienso que la verdadera razón es que me resulta muy difícil
desconectarme de todo aquello que me cansó durante el año, nunca puedo lograr que
mi mente descanse un poco. Supongo también tiene que ver mi poca capacidad de
disfrute, algo que me caracteriza.
Tampoco significa que cuando estoy de vacaciones, lo
pase mal, ya sea con mi marido o en familia. Simplemente siento que no son mis
lugares, ni mis espacios. Parece tonto, pero es querer escapar de la rutina, y
cuando puedo, no me sirve. O por lo menos, no del todo.
Nunca elijo tomar más de cuatro o cinco días, lo hice
por más tiempo cuando mis hijas eran pequeñas y los días me resultaban
interminables. No extraño mi casa, extraño mis cosas, mis rutinas propias en
ella.
Si me preguntaran cuáles serían mis vacaciones
ideales, contestaría que serían unos días en casa, o quizá en cualquier lugar, pero donde pueda estar
con mis libros, mi música y mi libre albedrío. A solas conmigo.
¿Por qué sola? Porque es la única forma en que podría
ocuparme y pensar nada más que en mí.
Claudia (CABA)
9. VACACIONES SOÑADAS
El micro salió a las siete en punto, viajamos por ruta hasta llegar a
las veinte horas a Doblas ( Provincia de la Pampa) donde comimos.
De vuelta a la ruta, a la oscuridad absoluta. Nos estábamos durmiendo
cuando nos cegaron las luces del Bingo de Santa Rosa, y nos costó retomar el
sueño.
Hasta que otra vez llegó el día, y a las siete paramos a desayunar en
Piedra del Águila, Neuquén.
A partir de ahí, el camino se transformó en una ruta colorida, mezcla de
rocas y distintos tonos de verdes, mucho más entretenida que las llanuras de La
Pampa.
Y por fin, llegamos a Bariloche, al Centro Cívico. Puras piedras
irregulares en las construcciones, el reloj, las casitas que dan al lago, las
chocolaterías, los comercios, restaurantes y boliches.
El azul profundo del lago, que se torna negro si empieza a nevar.
Los días que siguieron pasaron volando, fuimos a comer, a comprar
pulloveres y probamos chocolates de todos los gustos posibles. Hicimos la
excursión al "circuito chico", nos conmovió el Llao Llao, imponente,
la capilla San Eduardo, el Cerro Campanario, donde nos sacamos hermosas fotos,
incluyendo la típica con el perro San Bernardo.
Además del lago, el Cerro Catedral fue lo más hermoso que vi en mi vida.
L;astima que en el cerro no esquié por miedo, pero, eso sí, no nos perdimos el
chocolate con churros.
Nunca me voy a olvidar del color verde del lago, cuando fuimos en
catamarán a Los Arrayanes, ni los colores únicos de los árboles, y lo que nos
reímos sin parar viendo a los chicos y chicas haciendo culipatín en Piedras
Blancas.
La cortina del cuarto me rozó apenas la cara y sentí un chucho de frío.
Abrí los ojos y me desperté.
Todo había sido un sueño, nunca conocí Bariloche, aunque Roberto y yo lo
habíamos pensado como luna de miel, y deseábamos conocerlo algún día con
Mariana. Pero no pudo ser. Él se fue antes. Aunque este sueño lo viví como unas
de las mejores vacaciones
Florencia Zaldívar (CABA)
8. MINI
VACACIONES 2022
Volví y tuve que
seguir trabajando ya que mis verdaderas vacaciones las tomo en abril o
septiembre. Buenos Aires estaba muy calurosa y húmeda, pero bastante desolada y
como el trabajo estaba tranquilo, no la pasé tan mal, me permitió salir con mis
amigos o tirarme panza arriba a mirar series y películas. Fue entonces cuando
el verano cambió por completo porque descubrí la serie The Beatles: Get back.
Haber
visto este documental me hizo reconciliar con la música popular inglesa ya que
por largos años me dediqué a los coros y grupos vocales, cantando música
clásica y latinoamericana, no podía sentarme a escuchar nada por tener tantas
notas dando vueltas en mi cabeza. Entonces comencé a escuchar The Beatles todos
los días y entre mis conocimientos musicales y el estar estudiando el idioma,
entré en lo profundo de las almas de esas cuatro estrellas que iluminaron el
mundo: John, Paul, George y Ringo. Escuchaba una y otra vez cada canción, cada
respiración, cada palabra: el calor se hizo frío volviendo a la USSR, el sol
viniendo hasta mí o simplemente admirando al señor cartero o dejarlo ser
nomás. Mis viajes en colectivo se volvieron más placenteros, ensimismada a través de ese universo del que jamás
quiero salir, recordando trozos de mi infancia cuando bailaba sobre los troncos
cortados de la quinta de mis primas o junto al wincofón; los domingos de Beatles con el tío Oscar o a mi vecino
Jorge, quien me preparó para rendir física que me decía: Alejandra, más física y menos
Beatles. Son parte de mi vida, abarcan un lugar gigantesco en mi mente y mi
alma.
Por supuesto que quedaron en segundo plano las mini vacaciones y mi quejosa familia.
7. EL PASO: UN LUGAR DE PAZ
Faltaban diez
kilómetros para llegar a Paso de la Patria, “El Paso” como es conocido. No sabía
cómo iba a encontrar mi casa después de dos años sin ir por la pandemia.
Miguel, el primo de mi marido, la cuidaba. Mientras mi esposo manejaba pensaba
en Juana, mi perra, que se había ido para siempre. Me preguntaba cómo seria mis
vacaciones sin la fiel compañera. La voz de Luis me sacó de mis pensamientos:
“estamos entrando al pueblo”. Pude ver cambios: calles asfaltadas, nuevos
negocios, hasta semáforos en la avenida principal.
Al llegar, observé que
Maira, la empleada doméstica, barría el patio mientras Miguel nos abría el
portón, Luis bajaba las maletas.
Saludé a Maira, le
pregunté por su madre y me respondió que estaba en la cocina. Respirando ese
aire puro me dirigí a la casa, desde la puerta percibí olor a salsa recién
hecha.
La cocinera al verme
por la ventana abrió la puerta diciéndome:
-Doña Lau, ¿cómo esta?,
que alegría que estén de vuelta por acá.
-Ramona, me alegra que
esté bien. ¿Qué está cocinando?
-Arroz con pollo, es lo
que me indicó Don Miguel.
Le respondí que estaba
bien, entré al dormitorio, la cama estaba hecha, toallas y toallones acomodados
en un estante y un olor a jazmín inundaba la pieza. Sabia que ese detalle era
de Maira.
Escuché la voz de
Ramona y salí rápidamente.
-Doña Lau, ¿no le
parece que falta alguien?
-Sí, así es.
En ese instante recordé
a Juana, siempre se sentaba en el piso de la cocina esperando que la cocinera
le diera algo de comer.
Le pregunté a Ramona
donde había sido enterrada y me contestó que al lado de limonero. Salí, vi que
Luis conversaba con su primo, me acerqué al árbol, sobre una madera estaba
escrito “JUANA, UNO DE NOVIEMBRE DEL DOS MIL CINCO-VEINTE DE MAYO DEL DOS MIL
VEINTE”
Sentándome en el pasto,
recé un padrenuestro y un avemaría, había superado su partida, no deseaba ponerme
triste, siempre recordaría a mi compañera de caminatas.
Las vacaciones en el
Paso siempre fueron muy tranquilas, el lugar se presta para descanso.
Luis me dijo desde el
principio que yo iba al Paso a descansar, que no tenía que ocuparme de la casa.
Es por eso por lo que hace veinte años que está Ramona. Al principio ella limpiaba
y cocinaba, cuando su hija adquirió la mayoría de edad decidí repartir las
tareas.
Me levantaba temprano
seis o siete de la mañana, salía a caminar, iba hasta la costanera, sentándome
en la arena miraba el rio, observaba a algunos pescadores, muchas veces brotaban
ideas para escribir algo fantasioso, hacía volar mi imaginación.
De regreso a casa
compraba chipá o algunas medialunas, desde la calle se olía a café recién
hecho, preparado por Miguel. Casi siempre Luis seguía durmiendo y eso me daba
tiempo de hacer el jugo de naranja y poner la mesa afuera, en el jardín.
Luego de ese delicioso
desayuno y de conversar sobre distintos temas, esperábamos la llegada de
Ramona. Yo ya tenía la lista del menú para cada día de la semana, siempre tengo
todo organizado.
Los fines de semana
Luis hacía asados y recibíamos la visita de su cuñada con su hija y nietas: Aylén
y Micaela, se divertían mucho bañándose en la pileta. Estaban dos o tres días y
después volvían a Corrientes.
Este año, no nos
animamos a ir a la playa, teníamos temor por los contagios, pero superábamos el
gran calor con la pileta.
Me entretenía con palabras
cruzadas, haciendo caminatas, escuchando música y charlando con mi concuñada,
pero a veces necesitaba un poco de soledad para disfrutar de la naturaleza, oír
el canto de los pájaros y escuchar el grito de los monos carayá que paseaban por
el cableado eléctrico.
En ningún momento faltó
la comunicación con mis hermanos. Oti y yo redujimos las llamadas de dos por día
a una y con Jorge hablaba dos o tres veces a la semana. Nos enviamos fotos o
audios.
Fueron cuarenta días de
mucha paz y volvimos renovados.
María Laura Finochietto (CABA)
6. VACACIONES
Qué lindo reencontrarse
con gente querida después de unos meses, de unas merecidas vacaciones o
descanso anual. Seguramente, algunas habrán sido más cortas que otras o eternas
como las mías. Lo digo porque desde que me jubilé, no tengo horarios ni
corridas y me da la sensación de que vivo de vacaciones, quizá porque es el
primer año.
Les cuento que las pasé
acá, en Neuquén. Compramos un terreno el año pasado y nos hicimos un quincho
con pileta, así qué fueron días con amigos, hijos, nietos, asado y mateada. Y
en esas mateadas con amigas surgió la idea de hacer un viajecito juntas. Así nos
fuimos cuatro, ¡cuatro días! Re locas para viajar ( jajaja) a Playas Doradas.
Para mí toda una hazaña, la primera vez en mi vida que salí sola con amigas. Si
bien el lugar no me gustó para nada, salvo la playa, donde estuvimos solo un
día porque llovió siempre, la pasamos super lindo, mucha risa, comidas y
charlas eternas. Un día nos fuimos bajo lluvia hasta Puerto Madryn a pasar el
día. Nos complementamos perfecto, a pesar de que a una de las chicas casi no la
conocíamos porque era amiga común de otra. Empatizar y compartir fue el fuerte.
No fueron “las
vacaciones“ ni un viaje fastuoso, pero si hubo mucha paz, disfrute familiar y
de amigos.
Mari (Neuquén, Neuquén)
5. VACACIONES ERAN LAS DE ANTES
¿Vacaciones?
¡Eran las de antes!
Enero, febrero y por ahí un diciembre.
Más las de invierno en julio, a veces.
No creo que estas, 2022, hayan sido
vacaciones.
La pandemia se encargó de agrupar los
años y no sé en cuál vivo.
Me despistan los días, las fechas. Es
todo una continuidad.
Hago mil cosas a la vez, de repente y
muchas otras me encuentro comiendo demasiados bizcochitos de grasa tirada en la
reposera del patio.
¿Vacaciones?
¡Si la mente no para!
De un aislamiento insoportable donde
tuvimos que aprender a vivir de otra manera, sin besos, sin abrazos como adentro de un vainitas
resaltando la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como alegoría
bien real, y en ese instante…cuando tenía casi el barbijo fuera de la segunda
oreja …adentro de nuevo.
¿Vacaciones?
Si de golpe y porrazo, a los casi sesenta
y cuatro, me encuentro en medio de una
casi Guerra Mundial porque a un pelado trastornado que se quedó en el siglo XVIII
anda bombardeando chicos, familias.
La mente tampoco descansa.
La vida, te pasa, te habita, te abarca.
(Mientras escribo escucho la murga en la
plaza: ¡qué lindo es Carnaval!)
¡No, vacaciones eran las de antes!
Con los preparativos, los termos, las ojotas, el libro por leer, la pala y los baldecitos, el amor adolescente,
ver si el auto tenía agua o bastante aceite en la varillita para viajar por la
ruta, abrir la sombrilla unos días antes o alquilar la carpa, saber que
terminaban un 30 o un 28 sin negociar la quincena, era la ficha para los
peluches imposibles de atrapar, tirar la yerba en algun huequito, respirar
sierra o mar, era el camping y estar roñosos todo el día, volver con los
cachetes colorados y un poco intoxicados de espirales, la vuelta a caballo, la
guitarra, el club…
En fin, vacaciones dame las de antes.
Era cambiar de estrategia o de geografía, no muy lejos, pero cambiar.
¡Qué nostalgia!
Tal vez volvamos tiernamente cuando
vengan los nietos.
No es queja porque puedo adaptarme sin demasiada expectativa y
algo inesperado es un descanso para mí; entonces las vacaciones se transforman en
escapadas en cualquier dia del año. Es realidad.
Estuve tan abrumada estos años que
disfruto cada dia que se me ofrece como
descanso y creación.
Marzo, ¿qué traes?
Gabriela Potenza (CABA)
4. VACACIONES EN EL MAR
Siempre me he ocupado de mirar los
cielos. Desde pequeña. Trato de imaginar que correspondencia tiene el pedazo de
cielo que me toca en suerte con mi existencia.
Ya sea de día o de noche. Amo el azul
cielo que impacta a la vista por lo vivaz y presente. En el verano. Más aún la
combinación de ese cielo con el verde de los árboles. Tiene que ser verde-árbol
por la altura a la que llega para acercarse al cielo. Cielo celeste de mañanas
frías. Cielo gris claro o plomizo, mucho antes y muy cerca del proceso de la
lluvia.
Cielo.
Mi preferido, sin lugar a dudas, es el
cielo que se une al mar. Ah, cuánta belleza. Observar con detenimiento a lo
lejos y que ni siquiera las nubes me impidan el disfrute. Mar y cielo unidos,
inalcanzables, poderosos, impactantes.
Hacia allá fuimos este febrero. Luego de
tanto encierro y el inmortal “por las dudas”. Había ido a Chascomús con mis
amigas. Si bien la extensión del agua salada (eso significa el término
Chascomús) se impone por su inmensidad, existe algo en el mar que te potencia y
energiza. El rulo de las olas, la arena caliente y luego fría, la espuma , las
conchas de caracoles que pinchan las plantas de los pies, pasar la primera
rompiente, sumergirse como escalera mecánica que desciende, el viento que
acaricia las caras tensas debido a la temperatura del agua, los otros que miran
-siempre miran-, uno que observa y se siente mirado.
En una batalla solitaria y muy personal,
me había enfrascado en conseguir dónde vacacionar. (Luego de haber confirmado
la reserva, ¡surgió la posibilidad de ir a tu quinta, Yima!) He molestado a
todos los conocidos y por conocer. La dificultad acarreada era poder ir con el
peludo cuatro patas.
¡Estuve horas enfrente de la computadora
y enviando mensajes a todos los contactos que me pasaron!
A veces terminaba con tal malhumor, que
me ponía a escuchar música -tranquilizadora de las bestias que ocultamos- hasta
poder regresar a mi ser acostumbrado: feliz y contenta.
¡Y lo conseguí! Como buena taurina, algo
se me pone en la cabeza y no paro hasta lograrlo. ¿Maldición astrológica?
La dueña de la cabaña me compró desde el
minuto cero. Las facilidades, acceder a mis pedidos y preguntas, la simpatía
con la que nos recibió.
Confieso que el viaje con el canino ha
sido más ameno que el anterior antes del encierro generalizado. Bien por él.
Fuimos los cuatro y Django. Sebastián
llegó el miércoles por una cuestión con los entrenamientos y estuvo bien su
elección.
Fue raro y lindo a la vez vernos de
nuevo todos juntos tanto tiempo. Todo fluyó como debía suceder. Cada uno
desarrolló lo que deseaba con total libertad.
Mi tarea primordial fue liarme con el
mar que me esperaba siempre con el agua fresca mezclada con arena. Mañana y
tarde. Eternamente.
Edith Oxilia (CABA)
3. VACACIONES VINCULARES
Mis vacaciones estuvieron
perfumadas con los mismos aromas y sabores que venía mezclando el año pasado.
Me dediqué a saborear
reencuentros y a disfrutar el olor que emana la profundidad de los afectos.
Programé encuentros con amigos con los que no me veía desde hacíamuchísimo
tiempo, con algunos por efecto de la pandemia; con otros, porque la vida nos
tenía distraídos en otros asuntos.
Viajé, visité, me visitaron.
Charlamos, reímos, lagrimeamos. Hubo encuentros con el mar como testigo, otros
con nuestros mates a la sombra de un árbol, en la pileta, o caminando por las
calles arboladas de Palermo.
Con todos mis amigos conecté de
inmediato y desde lo profundo, sin añoranzas. Cada uno con la avidez (pon;es
luego, hambre? Deso? Necesidad?)de saber lo más posible del otro.
Casi no interrumpí mi trabajo,
pero eso no me impidió hacer de este un verano distinto, salpicado, con matices
que iluminaron mis días y que me dejaron con la avidez de seguir teniendo estos
encuentros, construir este entramado que soporta y da energía.
Solo deseo no volver a
distraerme y creer que siempre hay tiempo, la vil excusa que tantas veces nos
ponemos para posponer la feliz coincidencia de encontrarnos.
Elena Rudini (la lata, Buenos Aires)
2. MIS PROGRAMADAS VACACIONES
Todo
comenzó cuando programé mis vacaciones 2022. Tenía claro lo que deseaba y
los motivos.
Del lugar no tenía dudas, después de casi seis años
sin hacerlo, quería volver a mí San Clemente querido.
Mi idea primitiva fuE compartir una semana
con cada hijo, Patricio, su esposa y Francisca, su hijita, y otra semana
con Vanesa y Guada.
Para todos la idea estaba buena, pero al
momento de concretar, todo resultó de manera diferente a lo deseado
por mí. En realidad mi idea era la de compartir unos días con
Francisca, ya que
desde que comenzó la pandemia, prácticamente no tuve contacto directo con
ella y esos días en la playa eran un buen motivo para estar juntas. Sin
embargo, por razones poco creíbles, no pudo ser. Mi hijo decidió no ir.
Debo confesar que un poco me molestó,
pero el hecho no empañó mis días de vacaciones.
También mi hija hizo el intento de echarse
atrás, aduciendo que eran demasiado gasto en pasajes por solo
tres días, ya que, por cuestiones laborales , no disponía de más tiempo,
pero en este caso, cuando Guada, mi nieta de siete años, se enteró,
armó tal escándalo que al final mi hija decidió llevarla y
finalmente reconoció que había sido una decisión acertada, porque
Guada pudo conocer el mar y las tres compartimos momentos inolvidables.
Además, yo tenía otro motivo muy
especial y personal para volver a ese lugar tan querido.
Deseaba reencontrarme con mis recuerdos, sentir
algo de lo mucho que allí había vivido junto a mi esposo.
Pasaron casi cuatro años de su partida y necesitaba
saber cuán fuerte y preparada estaba para enfrentar sola ese desafío de
recorrer esos lugares que fueron tan nuestros.
Al hacerlo no me sentí triste, por el
contrario, un sentimiento indescriptible me colmó el alma. No me
sentí sola, si no emocionada y agradecida, porque de algún
modo lo sentí muy cerca.
En estas vacaciones me sentí en paz,
plena y segura de percibir que mi instinto y mis deseos me llevan siempre
por el mejor camino.
Li (CABA)
1. MESES DE VERANO EN MI BARRIO
No
solemos salir de vacaciones en diciembre, enero o febrero, como lo hace
la mayor parte de la gente.
Esto es porque esos son para mi marido los meses de trabajo fuerte y los más redituables económicamente.
Durante
este año no hemos siquiera ido a algún lugar turístico a pasar unos pocos días
como en otras oportunidades.
Es más, teniendo nuestra bien equipada casa rodante en un agradable club de cabañas no me ha tentado ir más que un par de fines de semana y en mi caso, cuando fui, lo hice sin demasiado interés.
Me da pereza encarar los preparativos y recorrer en auto los kilómetros de distancia que separan nuestro hogar citadino de aquel lugar en el que nos hemos sentido tan a gusto que hasta habíamos pensado, durante 2022/ 23 en construir allí una idílica cabaña.
No tengo
noción de en qué momento, ni por qué, dejó de seducirme el hecho de ir los
domingos y menos aún dejó de atraerme el plan de quedarme allí durante unos
días de la semana, algo que siempre me resultaba muy placentero.
La verdad es que esto me tiene sorprendida.
En un momento dado le planteé a Esteban la posibilidad de venderla y terminamos discutiendo porque tenemos diferentes posturas al respecto, aunque siendo honesta tampoco lo veo a él con el entusiasmo que tenía otrora para ir allí.
En su caso, pobre, sospecho que el problema de artrosis que padece en ambas rodillas sea la verdadera razón de su desinterés, pues lo noto muy dolorido a veces.
Yo en
estos meses he revalorizado la suerte que tengo de vivir en un barrio con
propiedades de baja altura, a lo sumo de una o dos plantas con jardines y
pequeños parques perfumados.
Hay una
bonita plaza a la vuelta de mí casa a la que suelo ir a diario, a eso de las
nueve con una silla plegable que cargo colgada de una tira estilo
mochila. Portó además una bolsa con un termo con café con leche y una
manzana asada.
Al llegar busco la sombra de un frondoso tilo, que termina siendo siempre el mismo y me siento a disfrutar de la mañana.
Cambio este ritual al menos de tres veces por semana, ya que me he hecho habitué de algunos barcitos ubicados enfrente, donde me acomodo a resguardo del sol bajo una de las sombrillas ploteadas para gozar del sabor de una medialuna calentita mientras mantengo unas breves e intrascendentes charlas con gente de otras mesas, por lo general vecinos solitarios como yo, o con las amables mozas del lugar.
El
celular es un buen compañero, con el me informo y me comunico.
Peparo posteos con frases célebres y algunas fotos para publicar en Facebook e Instagram, algo que hago con alegría desde hace varios años porque estas publicaciones son terapéuticas para mí ya que en ellas canalizo mis estados de ánimo, me resultan automotivadoras y sé, porque me lo dicen, que apoyan a otras personas que las leen.
Siempre llevo conmigo un libro que casi nunca leo y revistas de sopa de letras a las que me encanta completar salvo los autodefinidos.
Regreso a casa a eso de las trece para comer mí almuerzo frugal, normalmente una tostada con palta y queso blanco acompañada por un té de manzanilla.
Las tareas de la casa las hago luego del desayuno, antes de salir, pero por la tarde me dedico a terminar algún detallecito hogareño y ver Netflix o Youtube en mi sillón preferido con el aire acondicionado irresponsablemente graduado en 16°C, hasta que el frío me obliga a taparme los pies con una manta, momento en que lo subo a los sugeridos y respetuosos 24°C.
Me he ido
a encontrar con amistades, pasado bonitos momentos con mi hija y su
familia.
Esteban y
yo viajaremos en abril a Europa a visitar a nuestro hijo y familia.
Estar con ellos nos hará inmensamente felices.
De este modo me encuentro vivenciando un verano maravilloso. Con su simpleza me hace sentir plena...
Muy por
lo contrario a lo que reza cierta canción, yo amo ser sensible a las cosas
simples...
Melinna Trigo ( CABA)
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