En
mi vida caí varias veces a raíz de situaciones dolorosas. Me llevaban a lugares
inimaginables y volvía a caer. Llegó un momento en que toqué fondo, como cuando
tocaba el piso de la pileta al tirarme, y desde lo profundo veía los rayos del
sol distorsionados y me dejaba llevar hacia la superficie. Fue una decisión
empezar de cero. Me dije a mí misma: Tengo
todo el tiempo del mundo.
Lo
primero que hice fue buscar fotos de mi infancia y reconciliarme con la niña
que había perdido. Luego quise reencontrarme con la adolescente: volví a
escuchar mi música y busqué mis propios amigos. Y más tarde recompuse la figura
de la adulta comiendo sano y vistiéndome como yo quería y no como me lo pedían.
También indagué en mi interior sobre qué cosas me gustaban además de hacer
música, que ya me había empezado a cansar.
Entonces
encontré el Taller literario donde puedo escribir sobre mi propia historia, el que
me ayudó a entender mi relación con mi familia de origen y mis hijos.
Me siento orgullosa de la mujer que reconstruí y de mis textos. Pude salir a la superficie y sentir el sol. Me siento muy feliz de mis logros.
Alejandra
Busconi (Sáenz Peña, Buenos Aires)
22/6/2022
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