7. SOY TODAS ESTAS
¿Cuántas mujeres caben en una mujer?, ¿cuántas en mí? Muchas, si me pienso en soledad, con miedo, alegre, a la deriva, hacia adentro, para el afuera..
Muchas mujeres se me aparecen dentro de mí. Algunas de cuerpo entero, otras con resabios y prolongaciones o retazos de aquellas. A algunas las odio, a otras la admiro. Contra algunas lucho, contra otras me rebelo y con alguna me apasiono de a ratos.
Desde la inseguridad, alguna me hace querer arrancarla, como quien se despoja de una ropa que está sucia. A otra quisiera arroparla de su propio frio y a otra desnudarla frente a un espejo para que pueda verse siempre sin olvidarse de dónde viene.
Alguna de las mujeres tiene el alma vieja. Esa es un poco melancólica, anda pasada de moda y huele a jazmines dormidos. Otras se sienten muy jóvenes, inventan canciones y bailan enloquecidas. Alguna está llena de lunas y noches y a veces suele volverse oscura. A otra se le llenó la cabeza de hijos y otra se llenó de miedo.
Algunas se dejan llevar, y vuelan, vuelan, y se salvan. Y otras se quedan quietas, inmóviles, callan y mueren en ese silencio.
Las mujeres suelen pelearse, y se acusan y escupen blasfemias largas, que después se hacen difíciles de cortar y de esconder. Otras en cambio andan disparando por ahí palabras lindas y educadas y correctas para poder ser aceptadas y queridas. Eso sí, en algún momento del día sin horario preciso, todas andan como tontas, deliradas por allá. Suelen fijar la mirada en algún lugar e inventarse una historia sobre algo que dicen haber visto. A veces se vuelven peligrosas y hay que ponerles límites, porque las acechan los celos. Alguna suele llorar por ratos, sin causa entre ríos de congoja. Mientras otras inventan juegos para soportar la angustia. Hay días en que al anochecer las invade la culpa, entonces corren como locas vomitando miserias que ni siquiera comprenden. Casi todas son de naturaleza romántica, sensibles a los desamores y arropadas de amores que crecen en sus cabezas apasionadas. Casi todas, también, se abrazan a recuerdos de los cuales es imposible arrancarlas.
Qué mujeres estas que me caben, qué desdicha terrible y qué placer llevarlas conmigo. Qué peso intolerable, pero qué alivio ser tantas… para repartir miedos, cargas, ocasos y alegrías. Porque una, solo una, todo el día y toda la noche y toda la vida, no podría con tantas noches y días y tanta vida.Eso sí, se unen en asambleas y arman sus propias trincheras para defender lo diferente, lo pobre, lo negro y lo de abajo. Ahí se las ve huracanadas y fuertes. Y cuando el frio las acecha o cuando la luna se llena de sueños, todas, absolutamente todas se amalgaman en una niña que entre asombrada y temerosa mira al mundo.
María José Ureta (Vedia, Buenos Aires)
6. ACEPTACIÓN
Me veo bien. Me acepto como soy. En lo físico, siempre. En la psicológico, tuve mis bajones. Épocas de poca valoración personal. Me hice daño con adicciones pero lo que siempre me llevo a superarme fueron mis hijos. Que fueron la más poderosa de las satisfacciones, donde los partos fueron un viaje de puro placer. Siempre viví sin cuestionarme demasiado. No puedo culpar a nadie por como soy. Salí disparada de la casa familiar buscando mi lugar. La calle me enseñó a ver las cosas con los ojos y el corazón abiertos, como desafiando el viento en un mar embravecido. El arte me llevó por el mundo. Con lenguaje propios. Lo que me tocó fue bueno y nunca me alejé de mi ángel.Tengo un compañero de aquellos. El mejor. Canto y bailo todos los días. Mis hijos y nietos me miman. Y me ponen en caja cuando es necesario. Únicos e irrepetibles todos.
Metal (CABA)
5. MI YO DE HOY
He aprendido a quererme. Finalmente.
He aprendido a mirarme desde adentro y no desde afuera.
Después de mucho trabajo interior pude entender que no hay que caerle bien a todo el mundo, que no se puede- y no se debe - complacer a todos. Que el amor que se mendiga nunca llega a ser amor, son migajas, dádivas, obtenidas a cambio de sacrificar sentimientos y ocultar malestares.
Aprendí que no vale la pena tratar de importarle a alguien. Lo que no sale del corazón, no se puede forjar con el razonamiento. Hay o no hay.
Entonces, hoy por hoy, yo estoy muy conforme conmigo. Defiendo mis principios contra viento y marea. Trato de no herir con la palabra, prefiero alejarme.
¡He soportado tanto tanto en nombre del amor! El amor de hija, hermana, sobrina, pareja, madre, amiga....
Hasta no hace mucho no podía separar la paja del trigo. Todo me parecía trigo. Y me estaba olvidando de mí. Siempre regida por una hipersensibilidad que voy enderezando a cachetadas, porque no sirve. No sirve dar pena, ni mostrar las heridas, ni siquiera morirse.
Lo que sirve es salvarse, para salvar a aquellos que valen la pena.
Si una anda llorosa por la vida, con la cabeza gacha, no puede ver lo que realmente es importante.
Decidirme a empezar una terapia -que duró tres años- fue muy acertado. Me libré de rencores, pude soltar y despedir a mi madre sin dolor y sin reproches. Pude acercarme a mi hermana, pero sin fingir, de verdad.
Otro arquitecto de mí yo actual fue el viaje al sur de febrero de 2019. Sola. Con mi mochila, mis tiempos, mi cuadernito y mi lápiz. Me encontré. Después de tantas vueltas y callejones sin salida. Fue maravilloso.
Descubrí una fuerza que no sabía que tenía.
Después vino la cuarentena y fue como estar adentro de una licuadora sin poder salir de la jarra. En el 2020 me reformulé muchísimos lazos de amistad, incluida la de mi amiga del alma. Hice cortes, sanadores. Me alejé de relaciones tóxicas que soportaba porque creía que no podía o no debía cortarlas. Dolió, me sentí sola muchas veces pero descubrí el aroma maravilloso de la libertad.
En octubre del 2020 tuvo lugar una de las experiencias más hermosas de mi vida: nació mi nieta. Y fue otro momento bisagra, junto con las vacaciones al sur, las peleas por zoom con mis "amigas" y la terapia que pulverizó mis peores monstruos.
Sigo siendo sensible, por supuesto, y apasionada y demasiado espontánea, para mi gusto. Y justiciera.
Hiervo de ira ante las injusticias. A veces tengo que callar a mi asesino interior porque me cuesta ver los grises y si realmente me dejo llevar por la ira ante las mierdas nuestras de cada día -homicidios, violaciones, abusos, explotación, maltrato....- saldría como Rambo, armada hasta los dientes, matando a todos los monstruos.
Pero no soy Batman ni la Mujer Maravilla. Así que guardando violín en bolsa (más cuchillos, palos y ametralladoras) y tratar de ganarle al tsunami.
Agradecer por la salud, por mi casa, mi familia, mis logros, mi escritura, mis ganas y mis proyectos. Siempre proyectando. El cuerpo ya no es el de antes pero yo estoy mejor que nunca. Lo que llevo adentro no se discute, no se permuta, no se vende.
A veces, solo a veces, y por puro amor, se regala.
Noemí (CABA)
4. SOY
Ahora no soy la que fui, pero tengo mucho de aquella. Si miro el pasado me sorprendo de lo indefensa que estuve y de lo poco que me valoraba, siempre era él o la otra, el objeto de mi deseo y ansiaba parecerme o ser amada cómo veía que lo era el otro. Esto no me permitía ver quiénes sí me querían y disfrutaban de mi amistad.
De chica me decían, que era “buena” y también “no podés, no tenés fuerza”, y cargué con eso muchos años.
Me cuesta venderme, seguramente falta de confianza. En general necesito una socia, así funciono mejor en lo comercial.
Me gusta escuchar, por eso me cuentan muchas cosas, que a otros no. Confían en mi discreción.
Siento que ayudo a mantener las relaciones familiares, los vínculos, los lazos.
Soy tres madres distintas con mis tres hijos, cada vínculo es único, y en mi despierta el ser la que soy.
Disfruto del arte, de la expresión escrita, una pintura o una escultura. Me gusta la poesía y todo aquello que me emocione y me estremezca con solo leerlo, escucharlo, olerlo o tocarlo. Mi buen compañero es un libro, un mate o un té. Sé expresarme con objetos y algo de arte, plástico o textil, lo necesito.
En la cocina me gusta sorprender con algo nuevo a quienes amo. Soy buena cocinera. Llevo en la sangre la cocina y el té: mamá, abuela y tías, todas disfrutaban de ambas cosas.
Cristina (CABA)
3. UN OVILLO
Despistada, generadora de caos y amante de la paz. Enamorada del amor,
racional pero pasional. Alegre, positiva, histérica, malhumorada. Intensa
montaña rusa de emociones y la calma en la montaña a la vez. Soy un ovillo de sensaciones
variadas que aprenden a convivir.
Medio bruja, me gusta entretenerme buscando señales hasta en las pelusas del
buzo, voy paseando por los días tomando cada situación como experiencia. A su
vez, siempre fui muy intensa y no termino una situación que ya estoy metida en
otra.
Buena piba, compañera, una porquería de persona si me lastimás. A veces me
siento incomprendida y a veces que me entienden todos. A veces ni yo me
entiendo.
hablás luego blanco/negro
Amo a mi familia, pero de a ratos no quiero saber de ellos. Amo a mis hijos,
pero disfruto cuando hay paz en casa. Amé, pero me amo más. Toleré situaciones
intolerables y me dejé de lado, no me cupo ninguna y pegué el portazo en un
minuto.
Soy agradecida, la vida me dio muchas cosas, me sacó pocas, pero dolorosas
e importantes. Tengo un grado de conciencia que me encanta y me he visto
expuesta a riesgos estúpidos. Me creo inteligente, filosofal hasta que descubro
que no sé ni acá de todo lo que quiero aprender. Buena/mala madre a la vez, tal
vez. Viciosa, amante de la cerveza y por ahora esclava del cigarrillo, amante
de las caminatas largas, las frutas de estación y los tés en invierno.
En mi vida dediqué horas, gritos, risas y llantos para entenderme, para aceptar
que soy este ovillo que pasa de blanco a negro, de a ratos generando grises de
conciencia.
Hoy puedo decirnos que me acepto, que no escondo lo que soy y entiendo que
no todo el mundo tiene por qué soportar mi intensa calma, así como yo no tengo
por qué soportar a otros. Aprendí a amarme en soledad, tratando de aprender a
mantenerlo en compañía. Fallo en muchas cosas, en algún momento me recriminé no
estudiar, en este no me arrepiento porque me fui fiel. Soy de bien y mal, de
coca y agua, de tabaco y faso, de cerveza y whisky. Voy de felicidad a
tristeza, de alegría a explosivo enojo. Sé que soy única en mi especie, que mi
sarcasmo diario es poco entendido y malinterpretado, mal valorado. Bueno, a
veces es demasiado sarcasmo, debería medirlo. Escupo verdades, a veces callo
injusticias.
Soy lo propio sumado a las experiencias que la vida me regaló, las actitudes de
gente que admiro y las energías que me rodean diariamente. Por ahora, soy esto
y está bien.
Mara (CABA)
2. EL JUEGO FLUCTUANTE QUE HACEN MIS RECUERDOS
Así soy
Hoy.
Como no fui en otros tiempos.
A veces creo que existen varias Gabrielas dentro de mí.
Todas genuinas pero no todas felices.
Siento que mi vida no es una sino varias según los finales de cada etapa.
Lo que hoy digo no lo decía; lo que pienso, lo callaba; ser incondicional no es mi prioridad ahora, escucho lo que quiero y lo que oigo se va; aumento mi ternura pero no soy lo tolerante que fue algún yo anterior; no me escondo si lloro, no tengo ganas y se nota, no cedo aunque molesten mis decisiones; dedico toda mi energía a los amores que descuidé, a los amigos que me hacen reír a carcajadas o que estuvieron (me sostuvieron?)solo con apoyar la palma de su mano ante mi dolor.
Me conmueven los recuerdos, miro sin temblar fotos en sepia, me dan paz los cielos, camino sin luz por las noches y ¡me encanta! …antes tenía miedo.
Grito, aplaudo, conjuro con incienso, benjui y buenas oraciones, aprendo más lento pero aprendo, me cuido yo.
Es extraño, una cuota de egoísmo da vueltas envolviéndome sutil a cada paso…no siento culpa, es extraño.
Todo se ha desvanecido.
Con los años que vinieron y los huesos deformados, con las letras y los pinceles, con la respiración en cuatro tiempos y los días que queden por vivir.
Así soy.
Gabriela Potenza (CABA)
1. ASÍ SOY YO
Soy grande. Por dentro y por fuera. Soy corpulenta, alta, grande de edad. Creo que también soy grande de corazón, porque en él me entran muchas personas y profundos amores.
Soy de terribles enojos, llantos y carcajadas. Abrazos y amores grandes. No tengo ningún rencor, considero que quienes buscan lastimarme lo hacen por su pequeñez y el problema lo tienen ellos.
Mi filosofía de vida es que nunca, nunca, jamás hay que dejar de jugar. Juego todo el tiempo, no le temo al ridículo. Si la música del super me gusta, bailo entre las góndolas, aunque sé que los chinos me miran con las mil cámaras en esa inmensa pantalla que tienen frente a las cajas.
En casa juego, me disfrazo, hago monerías. Si algo me causa gracia, río con estridencia en público o en privado. Juego con grandes y chicos, con perros y gatos. Juego sola o acompañada. Pienso que la vida es lo suficientemente dura como para pasarla sin humor y alegría. ¿Si no a qué vinimos? ¿A hacer, a deber ser, a cumplir? ¿Solamente a eso? Me rebelo a ese concepto de vida y me visto con colores contrastantes. Tengo caderas anchas pero amo mis pantalones fucsia y mis chalinas de todos colores.
Muchas veces me aborrezco, quisiera atar mis caballos y ser menos temperamental. Más calma, más pasiva. Me odio cuando grito y me gana la impotencia, desterraría de mí esa parte de mi ser. Pero lo cierto es que también mi temperamento es el que me ha sacado adelante y gracias al que he dado batallas y ganado en situaciones que muchos me decían que eran causas perdidas.
Soy afortunada, tengo mucha gente que me quiere mucho y bien y a la que adoro de igual forma. Mis vínculos son duraderos. Tengo grandes amigos de muchísimos años con los que cuento y que cuentan conmigo y lo sabemos. Con los que no nos da vergüenza decirmos cosas amorosas. Tengo hijas y sobrinos con los que charlo, me encanta escuchar lo que tienen para contarme. Con ellos aprendí de sexo no binario, que el rap y el trap son dos cosas distintas, aprendí de youtubers, instagramers, influencers, de derechos, de respeto y no sé cuánto más. Ellos también, seguro, aprenden de mí muchas cosas. Me piden consejos, recurren a mí. Me apodan, “tía risa”, “mi tía madre”, “la tía fuerte”, “la tía que está un poquito loca”, como me dijo Juani el otro día, cuando cumplió siete años y le grabé un video disfrazada cantándole el cumpleaños feliz con mi pollo de goma.
Tuve la gran suerte de poder acompañar en los instantes previos a la muerte a mi hijo, a mi adorada amiga Celita y a mi papá. Eso agradezco también, forma parte importante de la vida.
En mis momentos más duros me encuentro rodeada de amor, mis seres queridos emanan amor hacia mí y yo agradecimiento a la vida por tanto afecto. En fin, puedo decir que soy grande, como aclaré al principio, pero no lo sería sin todos ellos.
También disfruto y necesito estar sola, suelo ir a un café a sentarme a ver pasar la gente y desvariar con historias que imagino de ellos.
Respeto la naturaleza, me encanta el otoño, el sol de otoño no se compara con nada para mí. El calor me fastidia, prefiero el frío.
Me gusta comer rico, compartir reuniones familiares y con amigos, adoro las charlas cruzadas, las risas y las bromas. A su vez saboreo las conversaciones íntimas y sinceras con quienes amo, que me enriquecen y me llenan el alma.
Soy ordenada porque pocas cosas detesto más que perder tiempo buscando. Cuando me pongo a hacer algo soy una máquina y el desorden hace saltar mis engranajes.
La carpintería era una materia que me debía hace años, pero hace cinco que la abracé. Amo el olor a aserrín y la suavidad de la madera bien lijada. Mi taller es mi lugar, allí el tiempo no se entiende con el reloj, entro de día y salgo de noche y es como si hubiera pasado un segundo. Allí mis manos bailan con cada herramienta y mi mente vuela a otro estado.
Ahora estoy saldando otra deuda conmigo, que es la de escribir. Nuevos viajes, nuevos descubrimientos, poco a poco empiezo a atreverme a compartirlo. Arranco muchas veces no sabiendo qué voy a decir, pero puesta frente al teclado empiezan a brotar palabras y frases que cobran un sentido que a veces me maravilla. Otro camino iniciado que me amplía el corazón.
Soy todo eso y quizá mucho más, porque seguiré construyéndome día a día y este relato seguramente tendrá nuevos párrafos para agregar y otros para modificar.
Elena Rudoni (La Plata, Buenos Aires)
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