Balances

23. BALANCE. AÑO 2021

No pertenezco al grupo de personas que hacen balances al terminar el año.

Alguna vez, bastante tiempo atrás, me lo había propuesto. Pero pronto descarté la idea. El resultado era siempre el mismo, comprobar que la cuenta era: menos momentos de tranquilidad, más de desasosiego, multiplicado por amargura y dividido por el desgaste.

Y sobre todo, ver que una vez más, aquello que yo quería, deseaba o me había propuesto, quedaba allí. Arrumbado en el año que se iba.

Pasar del año viejo al nuevo es para mí una sucesión de días. Trato de dejar atrás lo malo que puede haber pasado, pero ya no pongo expectativas en lo que vendrá.

Al oír esto, muchos deben pensar que soy pesimista. Puede ser. Yo no me veo así. Simplemente pienso que hubo situaciones que existieron en el año que pasó, las cuales no pude cambiar, pues no todo depende de nuestro albedrío. Que en general, pocas fueron como lo creí o esperé, ni las situaciones y menos, las personas.

Busco en mí el ser agradecida, por la salud de quienes amo; por levantarme cada día, todo lo que a veces asumimos que tenemos por simple derecho, cuando en verdad son tesoros que pueden desaparecer en un momento.

Solo rescato los momentos en que verdaderamente me sentí bien, y quizá suene egoísta, son aquellos que tienen que ver puramente conmigo.

De este año 2021, me quedo con haber hecho algo por mí, en el sentido de que la única beneficiada por hacerlo haya sido yo. Comenzar un taller literario no tradicional, donde pude expresarme a través de mi propia historia, poco compartida hasta ahora, escribiendo sobre mis sentimientos que esta vez no fueron juzgados.

Volver a la música a través de mi piano, pero desde otro lugar, que no incluyó la frustración.

El retorno de la pasión yendo nuevamente a un teatro.

Ahí terminaría mi balance. Releyendo lo escrito, esta vez podría decirse que lo hice.

Quizá el próximo pueda agregar nuevas metas cumplidas, más alegría, no lo sé.

Por ahora cierro este año como los anteriores, volviendo a juntar mis partes, rearmándome, para así volver a empezar.

Claudia (CABA)

 

22. EL BALANCE

Balance viene del francés y significa balanza o del italiano "bilan/bilancio" con el mismo significado. Ahí estuve durante este bienio, en un balanceo permanente, inclinando mis emociones, mis pensamientos y mi cuerpo hacia un lado y hacia otro para sostener el equilibrio entre la incertidumbre y la certeza, entre el miedo y el valor, entre el tiempo dedicado a mi actividad laboral y mi tiempo de ocio, entre decir y no decir, entre seguir y no seguir, entre tolerar o no tolerar, entre los sí y los no.

Experiencia intensa la que aconteció en mi interior, en mi metro cuadrado y a nivel global. Un tsunami  que vino, arrasó y cuando la ola se retiró dejó lo que destruyó, lo que sobrevivió, lo que  se puede reconstruir y lo que hay que derribar , lo que hay que que duelar y lo que hay que disfrutar o recrear.

¡Cuánto aprendí! Empezando por ordenar mis prioridades, mis espacios, mis tiempos, mis tensiones.

Responder con habilidad a tantas exigencias desmedidas e inéditas a nivel laboral, a nivel familiar y a nivel social.

Agradecida porque nos tocó atravesar esta situación sin hijos a cargo, aunque con una tensión permanente para poder estar cerca a la distancia.

En casa, mi esposo y yo compartimos responsabilidades. Él hacía las tareas del hogar y yo cumplía con "home office" de 9 a 18 horas. Tardó mucho él en reactivar su actividad laboral y aún le cuesta.

En los momentos de ocio cada uno elegía lo que quería hacer o ver. No coincidimos.

Yo me enamoré de Netflix, You Tube y Amazon mientras él se lució con la  jardinería, huerta, además de mirar noticieros y hacer las compras.

Ya levantadas algunas de  las restricciones, comenzamos a hacer  caminatas y visitar a nuestra nieta fue nuestro primer gran desafío juntos fuera de casa.

Hoy convivimos pero estamos separados como pareja y como en esta historia "somos mucho más que dos", como cantan Sandra y Celeste, nuestros hijos y nuestros nietos son nuestro tesoro.

Estoy tan agradecida por este paréntesis en mi tránsito por esta vida… Agradecida porque me estoy redescubriendo y reeducando para llegar a mis sesenta primaveras con mi mejor versión. Continuará…

 Rosana (Morón, Buenos Aires)


21. BALANCE 2021

   Soy de las que piensan que recién el 31 de diciembre puedo hacer un balance, el año no termina aún y algo se puede escapar:  un cambio, un suceso imprevisto podría tirar por la borda dicho recuento anual. Muy a mi pesar, debo confesar que soy temerosa y pesimista, así que a veces, tomo una actitud de alerta. No es para justificarme, pero vivo en un país que no para de sorprendernos, todos los días nos despertamos con noticias que interfieren en nuestras vidas de la manera menos deseada. Esto es casi natural para cualquier argentino, ya es parte de nuestra idiosincrasia, no nos podemos aburrir nunca, no nos dan respiro.

   Sé que este trabajo apunta a lo personal así que, aquí va.

   El 2021 me subió a un zamba, esa enorme rueda que va acelerando sus giros y se balancea de un lado a otro con distinta fuerza, esa donde uno se bambolea e intenta aferrarse de donde puede para no caer y lastimarse.

  Un año en lo laboral, con muchos vaivenes, cambios, permisos, restricciones, incomodidades, injusticias, indignación…tanto así que fue determinante para la decisión de jubilarme, aun cuando pueda perder un cinco por ciento, ya que no estoy dispuesta a seguir trabajando un par de años más.  Debo decir también que pude quedarme en casa, para resguardarme, casi la primera mitad del ciclo. Increíblemente me acostumbré a trabajar en forma virtual.  Luego, con temores y molestias, me reintegré y pude sorprenderme de la alegría que me produjo volver al aula e impartir mis clases con grupos pequeños. Después se rompieron las burbujas y hubo que reacomodarse, no fue fácil, especialmente por cuestiones de disciplina. Es triste y alarmante ser observador del deterioro de las instituciones, de la apatía de los alumnos, de todo lo que perdieron en poco tiempo; a veces parecían anestesiados, sin reacción, temerosos. A fines de año, muchos fueron recuperando su personalidad y sus conductas empezaron a verse más “normales”.

   Respecto de lo familiar, se fueron dando cambios positivos, mi hermana y mis sobrinos volvieron a la casa de mamá a visitarla como antes, devolviéndole la alegría, también por suerte mi madre salió bien de dos operaciones.

   Luego de años de sobrepeso, el que se estaba disparando con la pandemia y el encierro, logré con la ayuda de la nutricionista bajar nueve kilos, todavía falta y tengo cierto estancamiento, pero sé que lo voy a lograr. Este hecho repercutió en mí de una manera formidable, de a poco, voy recuperando la confianza, me veo mejor, me ven mejor y me lo hacen saber. Me siento halagada y con ganas de seguir para alcanzar mi objetivo.

Afortunadamente, recuperé varios afectos, el reencuentro con gente que hacía muchos años que no veía, los chicos de Interbaires, que ya no son tales. Pudimos celebrar y formar un grupo de WhatsApp, donde revivimos viejas épocas de oficina.

En ambas escuelas estreché más lazos e ingresé en nuevos grupos de compañeros muy jóvenes, en los cuales soy una más, me hacen sentir querida y respetada y aunque podría ser la madre de todo el grupete, ellos me incluyen en diversas salidas, en las cuales me divierto bastante.

Como resultado negativo de la pandemia, la muerte pasó cerca, muy cerca. La cruel parca se llevó a varios compañeros de ambas escuelas, familiares de alumnos y gente conocida de la familia.

Alcancé a equilibrar trabajo con actividades que me gustan y me sanan, como estos encuentros. Tal vez, a mediados del 2022 llegue mi jubilación. Tengo proyectos, por ejemplo, empezar una diplomatura de literatura infanto juvenil con vistas a crear cursos para docentes y/o alumnos. Si me dan los tiempos, incorporarme a uno de los talleres de letras de Yima. Además, recomenzaré terapia, ya tuve mi cita de admisión y espero la asignación de un terapeuta.  Con esfuerzo y voluntad sigo con gimnasia en casa para verme mejor. Sé que debo seguir haciendo cambios y ajustes. En el nuevo camino puede que pierda ciertos privilegios y que gane otros beneficios. El 2022 me espera con el festejo de una nueva década.

Hace unos días, vi un reel en Instagram que me gustó mucho y lo compartí porque me identifica. En el mismo, música de fondo mediante y un bello paisaje, se desprendía el siguiente mensaje: “Qué bonita se ve la vida cuando ya no esperas nada de nadie. Quien se quiera ir, que se vaya; quien se quiera quedar, que se quede y quien venga, bienvenido sea”.

   A pesar de los cimbronazos, el 2021 me trató muy bien.  No puedo quejarme, sigo intentando vivir lo mejor que pueda(o puedo?), aprender a disfrutar; trabajar en algunos miedos que me paralizan, aprovechar el tiempo con mis amores, en especial con mi nieto; esforzarme por comprender y no guardar rencor, aun a expensas de mi descontento; seguir durmiendo en paz conmigo misma y alimentar las esperanzas que pudieron flaquear últimamente. Soy creyente, me siento protegida por Dios, al que no pasa un día sin que le agradezca y le ruegue por los míos y por mi país tan golpeado y dividido.

Bertha 2003 (CABA

 

20.  BALANCE 2020/2021

El 2020 empezó con mi viaje soñado por tan largo tiempo, la India. Experiencias únicas, viajé con un grupo de mujeres desconocidas, todo un reto ya  que siempre iba en familia, con amigas, con parejas de amigos o con mi pareja, esto fue diferente.

Qué decir del destino, increíble, superó mis expectativas. La cultura, las costumbres ancestrales tan parecidas a las armenias. Me identifiqué totalmente cuando el guía nos contó de ellas, tanto que de mis ojos rodaban lagrimas ya que veía mi vida. Varanasi es la pura India, es regresar a la historia del pueblo, es muy fuerte lo que se siente allí, es como que el tiempo se detuvo. Varanasi es yoga, meditación, religión, pobreza, castas y todo se concentra allí. Disfruté cada minuto de ese maravilloso país y qué decir del TAJ Mahal, soberbio hay tanto para contar que no alcanzan las palabras. Regresé el 4 de marzo y a la semana nos encerraron, había llegado la pandemia. No llegué a ver a mis amigas, a contar todo lo que viví y sentí. Nos trasladamos todos a Pilar, toda la familia junta: hijos yernos, nietos y ex. Yo no sabía si quería estar allí o en mi departamento, fue un caos para mí. Tanto que terminé en una depresión.  ¿Yo?, increíble que esta mujer se fuera a deprimir algún día. No entendía nada de por qué estaba así pero ahí entendí a mis primas que padecieron y están todavía en ese momento tan duro e inexplicable. Sin darme cuenta hice un ayuno largo, no tenía voluntad de ingerir comida y baje varios kilos. Mi cuerpo consumió mi grasa y mis músculos y a mi cerebro le faltaron nutrientes.  Me costó salir de esa situación que hasta hoy continúa aunque cada vez en menor medida, gracias a Dios. Todo parece estar bien pero hay un vacío en el medio de tu pecho que no lo comprendés .

En la soledad y el estar para adentro empezó mi duelo por mi divorcio, mi nido vacío. Yo me sentía vacía. Me tenía que hacer cargo de miíy no sabía cómo ya que desde mis catorce años me había hecho cargo de mi padre, un marido y a los dieciséis una beba. En ese momento tenía que aprender a hacerlo conmigo. Se tornó angustia,  otras veces ansiedad por el futuro. Mucho pensar. sentir, vibrar. Fue un año de replegarme, ir para adentro, observarme, conocerme. Todos los días aprendiendo y así llego el próximo año.

2021 año de vivencias tan distintas. En marzo nació mi nieta Luciné, qué gran felicidad. Dentro de todo lo que pasaba en el mundo, nos llenó de luz y amor, un ángel. Yo me dediqué a ella, a colaborar en su crianza, me sentí de nuevo necesitada y comprendí lo que es el desapego, el que cada hijo tiene que seguir su camino, sus experiencias, su vida. Yo estoy para acompañar, siempre pero, no a cargar con sus mochilas, ya bastante es la mía la cual voy alivianando de a poco. Empecé a hacerme cargo de mí, buscar lo que me gusta, experimentar con cosas nuevas. Me inscribí en el curso de escritura terapéutica, sentí que lo necesitaba y que era algo pendiente en mi historia, la cual quiero contar en un libro. uizás con mucha ayuda lo voy a lograr. Conocí un grupete de mujeres con sus historias, sus desafíos, sus dolores, sus alegrías y me abrí a ellas, sin dudar, y pude contar mis sentimientos los cuales me sorprendieron. Qué lindo es escuchar y que te escuchen.

Fue un año raro diferente, tuve Covid, viaje a vacunarme, estaba dudando todo el tiempo de mis decisiones y no podía entender este estado de indecisión, esto de no saber, nunca había sido así, al contrario, yo decidía y organizaba todo. Bueno, aprendí a no hacerlo más, el control hay que soltarlo. Esto me dejo la pandemia.

Mi último viaje fue mágico, soñado. Fue difícil decidirme pero al final fui y qué bien hice. Allí vi que estaba la Ross de siempre, que no se había ido. Fueron días maravillosos , mujeres hermosas, amigas hoy, no conocía a ninguna. Una gran experiencia y quise compartir el cuarto a ver cómo lo llevaba y mi compañera fue de lo mejor, una gran maestra de la vida. C ompartí muchas fotos, quería vivir con las personas que las miraban mi experiencia, pasarles algo de todo eso, hacerlos sentir la magia de Marruecos y lo logré, varios me agradecieron que los hubiera transportado a esos maravillosos lugares. Misión cumplida y gente que no conocía, eso es tan lindo.

2021 año de muchos cambios. Entenderme, aceptarme, quererme, amarme, perdonarme, reconocerme. Quiero tomar las riendas de mi futuro, vivir en armonía, en paz mental y espiritual conmigo misma, con mi mundo, el mundo y con el universo.

Gracias, solo eso, simplemente gracias, por estar, por existir, por amarme y ser fiel a mí.

Todo lo mejor para todos y que los años que vienen traigan sabiduría a la raza humana.

Ross (Vicente López, Buenos Aires)

 

19. NUEVO, NUEVO, TODO NUEVO

Nunca fui dada a hacer balances cada fin de año. Así como no desespero pensando en lo que me deparará el futuro.

Creo que mi caminar por la vida es inconscientemente feliz y optimista, tal vez porque hace algunos años nací de nuevo y me di cuenta de que hay que abrazar el momento sea como sea.

No hago premoniciones escabrosas por más noticieros y fake news que atiborren nuestros días. No me adelanto al desastre, porque es probable que nunca suceda y hubiera perdido un tiempo precioso de mi presente.

Pero volviendo al balance de este año, comenzaré diciendo que la dicha de ver crecer a mi primera nieta me empacha de amor porque me lleno de sus imágenes, de sus parloteos inentendibles, de su olorcito a bebé y de la suavidad increíble de su piel.

Estoy re aprendiendo lo que es un niño, cómo evoluciona, cuáles son sus necesidades, sus miedos, su inmenso asombro ante todo.

No recuerdo haber vivido todo esto con mis hijos. ¿Tan ocupada/enajenada estaría entonces?

No tengo presentes todos esos pequeños detalles.

Este año mi vida se llenó de detalles, mayormente de amor. Y no es poca cosa.

En cuanto a mis actividades, me sobrepasó el trabajo. Volver a la presencialidad requirió de mucha organización y preparación. Y cuidados.

Si algo puedo reprocharle a la vertiginosidad de los días es haberme dejado sin tiempo para escribir con la frecuencia con que lo estaba haciendo.

Abandoné momentáneamente la novela y solo escribí los textos para el taller gracias a que la imagen de Yima y el grupo me sobrevolaban todos los miércoles.

Agradezco pues esa "presión" de tener que escribir. Sin ella se habría secado toda la tinta del balance de este año.

Entre agosto y septiembre retomé mis clases de canto y en grupo, lo cual me hizo inmensamente feliz. Si bien asistía con mi mochila llena de exámenes para corregir luego en una confitería, el momento de cantar y hacer las armonías me llenaba de energía.

Fue un año que me hizo amigar con los cambios. Yo, que siempre los detesté, me ví obligada a aceptar infinidad de situaciones que taladraban mi zona de confort.

Pero hoy reconozco que fue necesario, para saber que yo también me puedo adaptar a otras casas, otros grupos, otra forma de trabajar, de dialogar, de ver la vida.

A pesar de la pandemia, de la incertidumbre, del dolor de todo el planeta en todos los sentidos, mi balance 2021 fue positivo. Y doy las gracias. Inmensas gracias.

Estamos todos sanos, piloteamos la catástrofe económica, hablamos de cosas que nunca antes habíamos hablado, caminé firme y segura aun experimentando un tremendo cansancio físico, porque ese agotamiento se me quitaba con unas horas de sueño pero sobre todo con la alegría y la expectación del nuevo día.

Nuevos desafíos, nuevos aprendizajes, nuevas alegrías.

Veinticuatro horas para estrenar, para mejorar el ayer, para pintar un nuevo horizonte.

Nuevo, nuevo, todo nuevo.

Como la mirada, la sonrisa, el asombro y los primeros pasos de Catarina.

Noemí (CABA)


18. BALANCE 2021

¿Qué decir? A días de finalizar este año veinte veintiuno, empañado por la maldita pandemia que desde marzo del dos mil veinte trastornó la vida del planeta. Miles de personas han perdido seres queridos, familiares, han quebrado sus empresas, han perdido trabajos, donde vemos un país que no encuentra la salida para reactivar la economía, la salud, educación, etc. Donde la incertidumbre nos abraza tan fuerte que a veces asfixia…ahí, estoy yo. Me cuesta decirlo, pero Feliz, feliz porque es la primera vez en mi vida adulta, que recuerde, que termino un año TRANQUILA, sin sobresaltos, sin discusiones, sin corridas, sin avatares de escuela, sin cierres tediosos y sobre todo con una palabra maravillosa, que hoy me doy cuenta de que es tan imprescindible en nuestra vida como el agua, que se llama TIEMPO, tiempo para mí.

Mi balance se inclina para el lado POSITIVO, aunque no digo que haya sido un año fácil ni color de rosas. Mi marido contrajo Covid en junio y no estuvo nada bien, mi hija mayor y mi pequeño nieto también, en ese ínterin fallecieron algunos conocidos. No fue fácil transitarlo, tuvimos mucho miedo.

Después para mí, no fue sencillo dejar treinta años de trabajo ininterrumpidos donde transité una carrera que requiere de mucha responsabilidad y compromiso, por lo menos así lo viví yo en los tres estadíos que transité en la misma, como maestra de grado, secretaria y vicedirectora. Agradezco el reconocimiento, las amigas y el saldo rico y positivo que la docencia me dio, a pesar de que siempre digo, no es la carrera que soñé, pero es la que me eligió y creo que estuve a la altura. Feliz de haberle dedicado tanto. Feliz también de que me haya jubilado joven, para disfrutar de la vida y mi familia con salud.

No tuve una vida fácil y cómoda, con mucha adrenalina constante, la suma de problemas económicos, crianza, pérdidas y también tratar de sobrellevar y acompañar a la pareja. No es fácil casarse tan jóvenes y migrar solos a una ciudad para empezar una nueva vida. Menos fácil sostener el amor. Por eso hoy, yo siento que vivo en un paraíso, que pude contra todo y creo que me lo merezco. Medio egocéntrica pero es lo que siento.

Y la cereza de la torta fue conocerlas, compartir con ustedes este taller con Yima a la cabeza, con sus palabras justas, precisas cuando nos analiza, como si nos conociera de toda la vida. Claudia que es pura dulzura e inteligencia, una luchadora de la vida, Rosana irradia ternura y calma, Ross, hermosa mujer, chispeante y María se parece mucho a una amiga, bohemia, a veces dura con ella misma  siendo que debe ser una persona transparente, frontal y muy buena. Es mi versión, quizá nada que ver, dirán ustedes, pero yo feliz de haberlas conocido. Agradezco a la vida y a Dios que en este año, aparte de todo lo bueno, y lo no tanto, ustedes hayan sido parte de mi vida y hayan abierto la de ustedes para conocerlas y vivir sus experiencias juntas.

Mari (Neuquén, Neuquén)

17.  AÑO DE CAMBIOS

Este año ha sido positivo, comparando con el anterior donde he sentido mucha incertidumbre. Pero el 2021 fue alentador, tuve proyectos, empecé el taller Encuentro con la propia historia, que para mi ha sido algo nuevo y con muchos desafíos.

Me gusta escribir, he hecho otros talleres de escritura creativa, donde mi imaginación y fantasía vuelan creando personajes y situaciones irreales. Formamos un grupo de WhatsApp con las compañeras del taller del dos mil veinte y todos los martes a las quince y treinta horas, grabábamos nuestras historias, nos escuchábamos y dábamos nuestras devoluciones.

En cuanto al taller Encuentro con la propia Historia fue revelador, apasionante y emotivo recordar momentos vividos de mi infancia, adolescencia y adultez. Además, mis hermanos estaban muy interesados en mi escritura. En las videollamadas de los fines de semana con mis hermanos y cuñada, siempre hubo algún recuerdo o comentario de nuestra infancia que me ayudaba o me daba pie para escribir.

En varias oportunidades grababa mis relatos y se los enviaba por WhatsApp, mi amiga Elba y Luis también participaba con algún comentario.

A través de este taller conocí otras historias de vida que me llevaron a pensar si mi familia era “normal”, nunca una discusión, ni maltrato, todo amor y cariño. Las devoluciones de la profesora y talleristas me hicieron reflexionar.

En lo personal ha sido un año feliz, aprendí a jugar con mi sobrinanieta de tres años, como lo hacia con su mamá cuando tenía esa edad.

Conocí a Frozen, a Poko shop, a los bebes llorones, a la familia de Pepa Pig, esos juegos me hicieron volver a la niñez y a sentirme útil, a tener más energía y disfrutar de la vida.

Me gusta tener proyectos, soy una persona positiva e inquieta, para el próximo año pienso seguir con los talleres, jugar con mi sobrinanieta y viajar a Mar del Plata a conocer a otros sobrinosnietos, que por la pandemia no he visitado.

María Laura Finocchieto (CABA)

 

 16. AÑO BISAGRA

Empecé el año muy lejos de donde estoy. En enero se me revolucionó la cabeza, me cayeron todos los procesos del 2020 y desde ahí supe que iba a ser un año cuesta arriba. Agradezco la manera en que salieron las cosas, agradezco a los de siempre que estuvieron e hicieron mis días más livianos y a los que se fueron dejándoles lugar y soltándome las alas.

Trabajé durante todo mi año la vulnerabilidad, esa que no permito nadie vea, todos tan acostumbrados a que sea “Mara la que se come el mundo” y no la que necesita frenar, un abrazo y tranquilidad. Intenté reconectarme con lo que sabía me hacía feliz, como el stand up, fracasé y quise abandonar, seguí dando batalla, aislada, pensando cada movimiento y tuve la fortuna de volverme a subir y descubrir que a pesar de todo, ahí arriba del escenario, sigo siendo yo. Perdí esperanzas, me sorprendió el mundo, gané amistades y perdí otras. Mil amores veloces por los que no me quemaba más que un rato, no dejé que nadie me perturbase pues ya bastante lo hago sola, remarcándome cada error.
Descubrí la plena aceptación de lo que soy, a entender que no siempre es culpa de uno lo que en otro genera y con mucha soltura orgullosa comencé a responderles a los atormentados que querían invadir mi paz “Es más tema tuyo que mío, disculpá”. Alejándome de toda responsabilidad no correspondida que quieran imponerme. Muchos se enojaron, algunos me dijeron soberbia, pero lamento informales que no es así. Aprendí más sobre la sinceridad, cosa que no sabía que se podía, a comunicarme sin violencia y muy clara en mis palabras. Dejé de usar frases hirientes para conmigo o para cualquiera, aunque afuera en chiste, soy una fiel creyente de que el universo no conoce de sarcasmo.
Fue un año de pocas experiencias ya que después de muchos años, o de toda la vida, nunca me había dado el permiso de decirle al mundo “Hasta acá porque no puedo con todo”, conocí mi límite y lo respeto. Escuché a mi cabeza pedirme que me durmiera un ratito para callar la ansiedad, otras veces a mi cuerpo pidiendo que saliera a despejarme porque no iba a poder así. Un año sin respiro, que no dejó ni un solo día de removerme las entrañas para encontrar un equilibrio y creo que por fin este año se logró: he reído más de lo que he llorado, pero lloré lo que nunca me había permitido. Gracias al tiempo por regalarme este año bisagra, el año donde asimilé los dolores de los dos anteriores. Ahora espero la cosecha de lo plantado estos 365 días.

Mara (CABA)


15. UN AÑO POSITIVO

En lo personal el balance de este año 2021 fue  muy positivo.  De todos modos, nunca falta una perlita que haga temblar mi emocionalidad.

A mediados de este año mi hija Vanesa decidió  separarse de su pareja, no niego que el hecho me apenó, dado el afecto que sentía  por mi yerno, una bella persona conmigo. De igual manera, lo de ellos es una cuestión  de pareja y en ese campo, yo no me meto.

Para el resto de la familia también este año tuvo sus beneficios, logros cumplidos y satisfacciones.

Lo bueno del 2021 es que aprendí  a decir NO, entendí que no me servía no querer fallarles,  tratando siempre de estar  cuando me necesitaban, ellos no precisaban tanto sacrificio de mi parte, solo querían  verme tranquila y feliz.

Otro logro de este año fue  decidirme a escribir formando parte de un grupo. No voy a negar que los primeros textos que escribí, los leía  con pudor. Sentía que mis compañeras escribían muy bien sus vivencias. Yo sigo disfrutando de sus historias, pero ya no siento que los míos sean tan malos, en ellos estuvo reflejada mi vida tal cual fue. 

Li (CABA)

 

14. FINALES Y COMIENZOS

2021. Mis hijos grandes. Gabriel casado en China. Natalia sigue en Capital. Hago una lista de emociones: orgullo, felicidad, tristeza, melancolía, incertidumbre, alegría, soledad, impotencia, culpa.

Suena el teléfono. El padre de los chicos. Me sorprendo. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que hablamos. Atiendo.

-Te llamo porque Gaby me avisó que no vuelve, se queda allá aunque abran los aeropuertos- me dice.

- Sí, lo sé-le contesto. Y pienso: “Cómo no lo voy a saber”.

-Te llamo para preguntarte cómo estás vos- contesta como si hubiera leído mi pensamiento.

Me quedo en silencio. Quieta. Frío. No hablo. No sé qué decir. Se da cuenta. Sé que me imagina y me dice:

- Si necesitás hablar, llamame, un beso. Chau.

¿Cómo estoy? ¿Cómo saberlo? Es más fácil responder cómo debería estar. Feliz con la felicidad de mis hijos, que están buscando con pasión lo que quieren, como yo les enseñé. Ellos bien. Yo bien. Así de simple. ¿Así de simple? ¿Y qué hago con este agujero gris que quedó en mi pecho ese día, hace más de tres años en Ezeiza cuando Gaby traspuso la puerta de embarque? ¿Cómo lleno las noches vacías cenando sin Natalia?

2021. Año de búsqueda de lo que yo quiero. Año de comienzos también para mí. Soltar miedos y culpas. Plan de nuevos comienzos.

Tomo el teléfono. Hace tanto que no llamo. Contestan del otro lado y hablo:

-Karina, ¿me darías un turno?, necesito re comenzar las sesiones por un tiempo.

Laura Quintana (La PLata, Buenos Aires)

 

13. UN AÑO BISAGRA

Fin de un 2021 intenso, que me encuentra transitando un año bisagra en mi vida.

Una etapa que termina. Una nueva que  comienza. Un rompecabezas que, por fin, va encontrando el lugar de cada una de sus piezas. Luego de casi tres años en que, lamuerte rondando,  me enseñó paradójicamente,  a vivir mejor, va terminando este año,   habiendo aprendido, definitivamente, las lecciones más valiosas.

Disfrutar cada pequeño momento, sin necesitar de una gran historia para sentirme feliz.

Darle a los conflictos el lugar que tienen y descubrir, de una vez y para siempre, que lo único irremediable es lo que nos deja sin tiempo.

La pandemia vino a enfrentarme con la materia final de este aprendizaje. Tantas pérdidas cercanas me hicieron valorar lo mucho que tengo.

Un compañero de toda la vida, que, con nuestras idas y vueltas, sigue siendo  quien elijo para seguir compartiendo el camino.

Una hija adulta, desplegando sus alas, con dos títulos en la mano y un corazón lleno de buenos valores. Lista para devorarse la vida, sin mi ayuda, pero acompañándola todo lo cerca que ella me permita.

Mi familia de origen, papás, hermanos y sobrinas, sanos; disfrutando más algunos,  peleándola más otros, pero todos bien y unidos.

Amigos leales siempre a mano, compartiendo y conteniendo, como siempre.

Un trabajo que elegí y me eligió, disfrutando de una vocación que llevo conmigo desde que tengo uso de razón y tuve el privilegio de desarrollar durante treinta y tres años. Pude planificar  con cuidado cada detalle de este final tan esperado. No puedo creer que este momento haya llegado tan increíblemente rápido. Toda una vida que, paulatinamente(tres mentes seguidos), comienza a modificarse. Tiempos y espacios propios que tanto me costó conquistar y que, de a poco, comienzan a ser  míos por completo.

Tiempo para descansar, leer, emprender, conversar, reencontrar y reencontrarme.

Mis talleres literarios, que me permitieron ser yo misma en cada página y cada encuentro. Bucear en mi historia, reconocerme, perdonarme y perdonar.  Sanar.

Así llego a este 2022. Con algo de inquietud por lo desconocido. Pero más sana. En paz. Con mucha motivación y proyectos.

Siendo más Gla que nunca.

Gracias a cada una de ustedes y a vos, Yima, en particular, por haber acompañado en este proceso y haberme enriquecido con sus aportes.

Me resulta increíble que, sin habernos visto nunca físicamente, nos conozcamos tanto.

Mari, feliz de habernos encontrado en un espacio de reflexión y emociones que afianza nuestra amistad de tantos años y la vuelve más cotidiana.

Feliz por el 2021 vivido, a pesar de sus muchos episodios oscuros.

Feliz por el 2022 que llega, sin expectativas, pero que me ofrece un camino nuevo que me permitirá seguir explorándome y creciendo. Ojalá el nuevo año nos permita coincidir en este espacio de entrañable encuentro. 

Gla (Ituzaingó, Buenos Aires)


12. UN AÑO DE MUCHOS CAMBIOS

Un año de muchos cambios, gran crecimiento y grandes logros. De luchas, introspección y sostenimiento interno.

Puedo decir que este 2021 me deja mucho aprendizaje acerca de mí misma, de mi cuerpo, de mi ser. De mi ser conmigo misma y con los demás.

Los dolores físicos parecían haber venido para quedarse, hasta que me senté frente a la médica y le dije “vengo porque no doy más, estoy llevando mi cuerpo, él no me lleva a mí, mi ánimo es de tristeza, cansancio e irritabilidad”. Rápidamente ella me explicó que por lo que veía y escuchaba creía que se trataba de una fibromialgia y con análisis descartó que se tratara de alguna enfermedad reumática. Me indicó medicamentos y que comenzara tratamiento nutricional para desinflamar y bajar de peso. Hoy, pasados ocho meses de aquella visita, he recuperado mi cuerpo, ya no es todo dolor. Tengo episodios, que siempre están asociados a alguna aflicción, pero he hecho de la alegría mi gran herramienta. Exprimo lo bueno con todas mis fuerzas para sacarle todo el jugo posible y bebérmelo todo. Recargo mi energía con cada cosa que pueda nutrirme el alma y cuido de esa energía como si fuese un diamante. Todo esto me demanda observarme y ser selectiva. Hago cosas que no quiero hacer solo en el ultimísimo de los casos, cuando ya no me queda otra.

En esto he puesto mi enfoque de este año, siento que cuanto más difícil, más alegría hay que ponerle. Eso me corre del enojo y de la omnipotencia de creer que todo tiene que estar bien y depende de mí.

Siento que este espacio de escritura y reflexión le ha sumado a mi otro espacio histórico que es la terapia.

He podido ver cosas que no veía, transformarlas. También agradecer y valorar mis raíces, compartirlo con mis hijas y poder mostrarles de dnde venimos para también poder saber elegir hacia donde va cada una. Siento que esto les desmaleza el camino a ellas, les da un conocimiento que yo no tuve de mis mayores, me humaniza ante sus ojos y me baja del pedestal.

Agradezco enormemente este año. Ha sido muy especial para mí. Ha habido de todo, luchas y satisfacciones, de las pequeñas y de las grandes.

Elena Rudoni (La Plata, Buenos Aires)

 

 

11. BALANCE 2021

Contenta por todo lo acontecido. Hice un montón de cursos: Literatura Argentina por dos (Universidad Nacional de Rosario y Museo de Ricardo Güiraldes de San Antonio de Areco), Historia Argentina hasta segundo peronismo, Neurociencias, Cantar la Historia, Literatura Occidental Clásica, Cine, Dramaturgia, Teatro, Coro (estos dos últimos talleres con mucho trabajo clase a clase: grabación de audios, filmaciones con fondos acorde a las escenas, escritura), Redacción Literaria, talleres varios de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno y la Biblioteca del Congreso y por supuesto, los talleres de Yima también en su versión doble. Ya empezado enero recuerdo haber armado un cronograma de horarios para cumplir con todo lo propuesto. Más contenta que perro con dos colas. La posibilidad de volver a estudiar en este año con una dosis de autoexigencia. Muchas lecturas de las más variadas. Datos sorprendentes. Autores y autoras que habían sido dejados de lado por el cartel de “difíciles”. Lo que más me dio placer fue el Club de Lecturas “LecturAma” , del cual soy “socia fundadora”, al que vi crecer desde bebé y ahora está convertido en un niño de un año. ¡Increíble!

Habrá que agregar las lecturas y películas sugeridas de cada uno de los cursos que busqué con ahínco y miré con ojos frescos.

Me dediqué a estudiar. Como antes. Ahora con un gusto agigantado por saber de todo  y querer seguir aprendiendo.

Federico me señala que no puede ser que siempre tenga Zoom, Meet o transmisión vía YouTube para asistir. No me entiende. No me importa. Lo sigo haciendo.

También tuve la hermosa oportunidad de conocer a muchas personas por esta vía virtual que -creo- ha salvado vidas. Ya hace más de cinco años, por Skype tomé clases de inglés con mi compañera de Coro, Marina. De alguna forma, he tenido un entrenamiento adelantado debido a la distancia que separa nuestras casas. Cuando mis hijos viajaron al extranjero, amé la posibilidad de verlos por la cámara del celular. Considero que la virtualidad formará parte de nuestras vidas así como la presencialidad. De este modo fue que asistí a talleres dictados desde Chile y Colombia. Es más: en teatro siempre se habla de los actores del método: expresé que quiero ser “actriz de Zoom”, jajaja.

Toda esta actividad me mantuvo ocupadísima.

Le quedo agradecida a este año que se está yendo porque estamos todos y todos los que estamos estamos bien.

Edith Oxilia (CABA)

 

10. OTRO BALANCE

Otro año más que se va, qu pasó, con pandemia de por medio. Tuvo cosas buenas y malas: angustias, alegrías y planteos.

Éste fue mejor que el anterior. En el 2020 dejé de caminar por mucho tiempo, la osteoporosis silenciosa entró en mi vida, dejándome con una fractura espontánea y frágil, dependiente, como nunca antes lo había estado. Este año le di pelea y estoy mejor, cambios de hábitos: físicos, alimentos y mentales. Me siento en paz con algunas cosas y con otras me peleo, me deprimo, me encierro; y vuelvo a pelear y tratar de salir.

La salud, con algunos tropiezos, suaves y algunos graves acompañaron a la familia (la cercana y la lejana-en distancia, pero muy cercana en el corazón).

 Cancelaciones de viajes, muy esperados, y otras cosas, que me frustraron, no solo por viajar, sino porque eran encuentros con familiares, a quienes extraño;  la duda de si nos volveremos a ver también circula por mi cabeza.

Hoy todo es día a día, paso a paso. Hago planes, sin mucha esperanza, porque no sé si los podré concretar, y si se hacen son una fiesta. Me conecto con la alegría del día a día, con lo que me regala la vida, y con lo que se puede.

Cristina (CABA)

 

 9. BALANCE 2021

Todos los años, cuando llega fin de año, trato de escribir una lista de mis sueños, los postergados y los futuros. Hace un tiempo lo hacía con una copa de vino en la mano, escuchando a todo volumen a Paul Mc Cartney, mi músico preferido. La lista podía incluir: adelgazar, buscar novio, anotarme en una carrera universitaria, arreglar la casa, ir a algún recital importante.

El año 2021 me cambió la vida a raíz de esta Pandemia, un suceso que jamás se me hubiera cruzado por la cabeza porque confiaba en la ciencia médica, porque tenía esperanzas en que la humanidad evolucionaba para bien y que el planeta se estaba acomodando con la contaminación. Pero fue el Apocalipsis. Murió mi amiga Gabriela, al mes mi papá y mi hermano y a los dos meses mi gran amigo Daniel, con quien habíamos formado parte del viaje más hermoso de nuestras vidas cuando fuimos a cantar a España. Hice algo impensado como haberme ido a vivir con mi mamá, la última persona con la que se me cruzaba convivir.

Tengo los mismos sueños y un proyecto nuevo, el de mi propia casa. No encontré novio, adelgacé un par de kilos, me anoté en la universidad, pero no lo pude concretar -es mi eterno pendiente- y volví a descubrir a mis músicos favorito, Paul y The Beatles, una música que me estimula y me emociona. Continué con el Taller literario, lo que me llenó de regocijo, (ya que soy una persona inconstante) porque ingresé a dos grupos maravillosos, aunque confieso que me duele un poco que se vayan compañeras muy valiosas. Seguí estudiando inglés porque mi sueño más importante es conocer Gran Bretaña.

Finalmente haber terminado el año con dos conciertos con mi Coro, lo que me llena el alma, lo que me llena las neuronas y moviliza cada célula de mi cuerpo, haber vuelto, temerosos de los contagios, eso fue un momento feliz.

Alejandra Busconi (Sáenz Peña, Buenos Aires)

 


 2021

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8. SOLO SE TRATA DE ELEGIR...

Llegando al final de un año, como dudo que tengamos que vivir algún otro, el balance se hace aún más necesario que en otro cualquiera.

Doce meses atrás, nadie podía imaginar, que, cualquier argumento de película de ciencia ficción, sería intrascendente al lado de lo que nos tocaría vivir.

Fue un año en que el tiempo se detuvo, pero avanzamos, como nunca, en muchos aspectos.

Podemos quedarnos en el lamento y la queja o dar vuelta la moneda y elegir  la otra cara.

Yo, al menos, elijo quedarme con lo que gané y aprendí.

Gané al darme cuenta de que cada día es único, que es valioso y que no importa demasiado qué suceda más adelante. Un día a la vez, esa es la receta a partir de ahora en mi vida.

Gané en paciencia, en asumir que nada está bajo mi control y que, en realidad, a veces eso resulta positivo.

Dejar que la vida fluya y aceptar lo que trae, poniendo lo mejor de mí, que es, en definitiva,  lo único que puedo hacer cuando la realidad no es la que espero.

Este 2020 vino a reafirmarlo, es la actitud con la que tomamos lo que nos sucede lo que nos garantiza, de algún modo, la felicidad.

Gané en empezar a valorar cada encuentro, cada abrazo que no pude dar y hubiera querido, cada café que, en otro momento hubiera dejado enfriar y este año añoré,  cada charla cara a cara que no pude tener y en otro momento dejaba para después.

Ese después, que, en estas circunstancias, se hizo eterno.

Cada pequeño gesto, cada llamada, cada mensaje,  adquirieron, durante la cuarentena, un valor extra.

Perdimos muchas cosas, pero creo que, tal vez, ganamos muchas más.

Al menos, es la manera en que elijo recordar este año,  si miro para atrás.

Ganamos mucho, contra todos los pronósticos.

Descubrí que lo importante es tenernos, aunque sea a distancia, pero tenernos.

Sanos, por sobre todas las cosas. Y unidos.

Este virus enseñó como nada antes a cuidar del otro.

La distancia con mi familia de origen fue muy dolorosa, pero el reencuentro fue aún más emotivo. Y en el mientras tanto, creció la comunicación y la unión de corazones. La tecnología lo hizo posible.

La búsqueda de las distintas  formas de encuentro con amigos hizo que extrañarnos fuera la excusa para estar aún más comunicados que antes.

Las horas eternas con mi pequeña familia elegida, llegaron para demostrarme que sigo eligiéndola una y otra vez y que nada es más importante que tenernos.

Y en ese tenernos, agradezco, tenerlas a ustedes también. Durante nuestros encuentros,  pudimos construir un espacio en que cada una pudo SER  y transmitir sentires a través de una pantalla, como si estuviéramos compartiendo un mate “en vivo”, encontrando del otro lado, varios pares de oídos atentos y cálidos abrazos virtuales, que ayudaron a sobrellevar un año, que, por momentos golpeó sin piedad.

Muchos recuerdos y vivencias nos deja el año que empieza a despedirse.

 Y ustedes, compañeras de mis miércoles entrañables,  serán siempre, parte de los hermosos recuerdos ganados de un 2020 para el olvido. 

Gla (Ituzaingó, Buenos Aires)

7. PANDEMIA, GRACIAS

Pandemia, año difícil, dramático, vivencias dolorosas, tristeza, panorama de tragedia en el mundo, el virus, la enfermedad, la vacuna, la urgencia, el barbijo, el llanto, la desesperación, el contagio, el encierro, el dolor, la muerte.

  Si me remito a lo personal, tal vez peque de egoísta por lo que voy a contar y deba pedir disculpas a todos los que padecieron en este año y lo sintieron como una odisea o una maldición (lo he escuchado decir), pero en mi caso particular estos temas tan profundos, si bien me tocaron, formaron más parte del noticiero que de mi mundo interior. A mí la pandemia me abrió las puertas de la vida y me conectó con esas cajitas pequeñitas que hacía mucho tiempo estaban bajo llave muy guardadas en ese lugar sagrado de mi corazón, este fue el año mágico en que comenzó a abrirse todo lo que allí se encontraba, "mi costado artístico", por eso a este año pandémico le digo Gracias.

Magui Solda (La Plata, Buenos Aires)

 

6. BIENVENIDA, SOLEDAD

Si bien venías visitándome seguido, nuestro encuentro fuerte ocurrió cuando Nati se subió al remise camino a su casa en Capital. Ella había venido para pasar la cuarentena juntas, pero al mes de estar en casa, nos dimos cuenta de que se empezaba a hacer más larga e imprevisible, por lo que no pudo (no pudo? no queda claro el motivo de partida)prolongar más la partida. Y ahí nos encontramos cara a cara, vos y yo. Me tomaste de la mano, recorrimos la casa, y cuando viste mi cara recorriendo las piezas vacías de los chicos me preguntaste: “¿Y ahora, qué?”.

El panorama era sombrío para mí. El trabajo desde casa, nada de pilates, nada de viajes, nada de clases de inglés, nada de visitas. Nada. Ya no iba a viajar al Reino Unido como tenía planeado y la estadía en mi casa prometía ser muy larga, entonces, me convenciste de que comenzara con los arreglos tantas veces postergados. Y te lo agradezco, mi querida amiga. Poco a poco la casa fue tomando una luz diferente, un orden distinto, mi orden. Tomé conciencia de que podía usar el placard de Gabriel, el elíptico de Natalia, sus útiles, todo era mío y estaba disponible para que yo lo utilizara. La casa entera era mía. Recordé que alguna vez, ordenando juguetes, libros, guitarras y pinturas, había soñado con eso. Todavía no había escuchado ese silencio, ese vacío.

Poco a poco, aprendí a utilizar Zoom y pude comunicarme con todos. Pasé horas charlando con mis amigas, empecé talleres, reanudé mis clases de inglés y de pilates. Festejé mi cumpleaños con un montón de desayunos que me enviaron, soplando un montón de veces las velitas y almorzando a la distancia con mi amiga de Balcarce. Vos estuviste muy escondida para esa fecha, me sentía feliz y acompañada. Casi no tuve tiempo de hablarte recibiendo tantas veces al correo que me traía los regalos.

Pero la cuarentena siguió, Gabriel decidió quedarse en China y en ese momento volvimos a estar muy juntas, Soledad. Y fue entonces que volviste a tomarme de la mano para caminar juntas, pero esta vez me guiaste hacia un viaje muy diferente, hacia adentro de mí.  Comenzamos el taller de escritura que me permitió viajar en el tiempo, bien lejos, a los comienzos de mi vida. Y en este viaje nos encontramos con la verdadera Laura que soy, la que persistió a pesar de los años y la que se transformó en la que soy ahora, mucho mejor que antes de conocerte tan de cerca.

Ya pasó casi un año desde que estamos juntas. Pude ir al campo con Gustavo, ver a Natalia, a Inés, a mis amigas, algunos días a la oficina, pero me siento muy bien cuando regreso y me estás esperando en alguno de los rincones que armé para mí en casa, en mi casa.

Hoy te doy las gracias y te invito formalmente a formar parte de mi grupo maravilloso de amigas.

Sin dudarlo, con todo mi amor, te doy la bienvenida, Soledad.

Laura Quintana (La Plata, Buenos Aires)

 

5. BALANCE 2020

En diciembre de 2019 nos informaron a los habitantes del planeta Tierra que un nuevo virus mortal nos acechaba. Entre dudas e incertidumbre(duda/incertidumbre es similar; quizá temor) se avecinaba una nueva catástrofe humana. El 30 de enero de 2020 la epidemia de COVID-19 fue declarada por la OMS emergencia de salud pública, de preocupación internacional. Alerta. No se hablaba de otra cosa.

Entre chistes, noticias y contradicciones la población mundial comenzó a detener de a poco su marcha,. Mi cabeza estaba enfocada en la felicidad de mi hija que se había casado aquel diciembre y la correspondiente fiesta estaba programada para marzo de 2020. Pudimos concretarlo, al mismo tiempo que internaron a papá. Fue entonces cuando los motores humanos se detuvieron y se declaró la cuarentena en casi todo el planeta.

Para mí, en lo personal, este año no fue muy diferente a otros. Pude hacer un alto de actividades durante el primer mes de cuarentena y descansé, sobre todo la mente, aunque mi labor fue contener a la familia que estaba aterrada por ese monstruo invisible que se había apoderado de las calles. A mí no me dio miedo, siempre confié en la buena salud de mis seres queridos que además son ciudadanos obedientes. Esta situación me unió a ellos muchísimo más, creamos una burbuja compacta que nos permitió darnos cuenta de cuánto nos necesitamos y cuánto nos amamos.

El aislamiento social fue muy positivo para mí: retomé el hábito de la lectura que lo tenía bastante atrofiado; inicié un maravilloso Taller literario que me hizo regresar a zonas olvidadas y me permitió desenredar un ovillo de emociones que tenía totalmente oculto y, por sobre todas las cosas, tomé algunas decisiones importantes para mi futuro. La pandemia(si no parece qe siguieras hablando del taller) me hizo reflexionar sobre cómo la especie humana se está haciendo mucho más daño del que pensamos. El cielo sin aviones, las calles sin autos y sin aglomeraciones de gente fue un respiro para nuestras otras especies convivientes y para mí, que adoro el silencio y la tranquilidad y detesto que este mundo consumista haga que la ciudadanía se mueva en manada hacia quién sabe dónde. Me gustaba verlo como una película: barcos repletos de turistas en cuarentena, personas reinventando sus trabajos, ciudadanos desde sus balcones cantando y los políticos de todo el mundo sin tener un plan, sin saber qué hacer, llenos de contradicciones.

No creo mucho en eso de que se haya detenido el tiempo porque yo tengo más arrugas y más canas y mis nietos han crecido unos cuantos centímetros pero lo que sí me dio muchísima pena fue que los niñitos hayan perdido el contacto con sus pares y nos hayamos privado del abrazo que es tan importante para sanar.

Alejandra Busconi (Sáenz Peña)

4. BISAGRA

Siento angustia, una sensación de dolor que sube hacia el pecho. ¿Por qué? ¿Por qué me cuesta hacer un balance hoy?  Parce algo sencillo. Acostumbrada como docente a realizar informes, diagnósticos, detectar problemas, vislumbrar fortalezas, me cuesta hacer un balance.

Recuerdo los balances en la clase de contabilidad, ese equilibrio entre debe y haber, cuando quedaba negativo o positivo. Y este balance ¿es negativo o positivo?

Ayer estuve en una celebración. Una reunión donde había amigos, enfermeros, personal del hospital local, vecinos. Nos convocó la celebración de la vida. Alejandro, amigo y colaborador, profesional comprometido, regresaba de la terapia intensiva después de haber luchado contra el Covid 19. Entre palabras cortadas, lágrimas en su rostro, nos reconocía y agradecía por todo el apoyo recibido, por su familia. Quedaron en mis oídos sus palabras: no valoramos el tiempo, eso que parece abundante para algunas cosas lo retaceamos en nuestra familia, con nuestros seres queridos y con nosotros mismos. Alejandro es enfermero, sentía y sabia con detalle desde la ciencia lo que le estaba pasando. Nos miró y dijo he cuidado muchos enfermos, sentía mucha rabia porque no nos valoran, no puede ganar la indiferencia. La prevención y la educación son los pilares para detener lo máximo posible la enfermedad. Me veía con tubos y monitores necesitando de cuidados.

Escucharlo me permitió valorar el tiempo compartido con mi hijo. Juan preparo la tierra en un sector del patio pequeño, dispuso la siembra. En estos meses pudimos ver crecer zanahorias, remolachas, lechugas, perejil. Y como él es un gran cocinero, las verduras fueron convertidas en sabrosas empanadas de hojas de remolacha y ensaladas. Compartimos un poco el desorden de los horarios, pero se fueron acamando con la necesidad de dialogar, preparar las comidas y por supuesto alguna serie de siete temporadas de Neflix.  Conocí a Juan como sembrador, como un joven que tiene miedos y dificultades para sobrellevar la vida, escuche sus sueños. Y cuando se pudo la casa recibió a sus amigos, Nahuel y Tomás, que empezaron a pintar y arreglar paredes.

Un año diferente. La ciencia ficción habrá podido crear escenarios tenebrosos de epidemias, la cruda realidad nos deja desnudos, sin piel, llevándose a nuestros amigos y seres queridos.

El dolor estácediendo, da paso a destellos de luz que atraviesan la oscuridad. Un destello fue la tecnología, con la cual me peleo más veces de las que la entiendo, pero que me permitió salir del cuarto de cuatro paredes y llegar a un espacio virtual común en un taller con ustedes. Enriquecedor, movilizante, que fue cambiando mi comunicación con mis padres.

Otro destello de luz son los chicos que me pintaron un árbol con dos pajaritos, una casita y una mariposa blanca. Leí y escribí, lo que salía como nos dice Yima.

No sé qué forma tendrá el mañana solo quiero agradecer por este regalo que es el presente, por lo que pude y pudimos lograr.

Para cerrar quiero compartir un extracto de un cuento de Juan Manuel Alfaro que se denomina ¿Los Zulúes son azules?

“Soñé con una niña que me veía soñar… en un campo de pastos dorados que llegaba hasta el horizonte, en el que el sol, todavía amarillo, ya anunciaba un final anaranjado… ¿Por qué anaranjado? ¡Por que no rojo, como esos soles de los largos veranos de mi infancia, esos soles que, según el ánimo de mi madre anunciaban epidemia, o sequía, o langostas, como si la asustara la belleza o, en la simpleza de su alma, no alcanzara a comprender que también el final puede ser una gracia o que, como ciertas flores, el mundo puede cerrarse y volverse a abrir y ofrecer su novedad, después de todas las estrellas…”

CAV (La Paz, Entre Ríos)


3. EL BALANCE 2020

Cerebro  y corazón empiezan en este momento una cuenta regresiva. Un año que termina lleno de experiencias. Cerebro y corazón abiertos para recibir un 2021 donde todo es incertidumbre, pero reconociendo que en parte será mi trabajo  transitarlo lo mejor posible.

Cerebro y corazón son amigos  algunas veces, entonces el pensamiento y el sentimiento es entendimiento, es aceptación, es análisis, y esas tantas cosas que no puedo, todavía, y que hacen que mi cerebro y mi corazón se desconozcan, no se permitan   entender que todo es parte de esta vida, y que la vida, ya lo sé… me lo advirtieron, lo voy comprobando cada día… es a veces suave como el algodón, a veces dura como una roca, fría como la nieve y cálida como el sol de otoño.

 Había terminado tristemente el 2019 con la pérdida irreparable del único hombre que tuve en mi vida. Con el dolor y el no entender porque la vida me arrancó de a poco una parte de mí, dejando un vacío que solo pude llenar de dolor y preguntas de las que jamás tendré respuestas. Sin embargo encontré en quien apoyarme en esa soledad que se siente aunque todos te rodean. No se llena el vacío, se abren espacios nuevos en los que me sentí protegida y cuidada. A mi madre con la compañía silenciosa, diciendo como puede que la vida es ésto que yo siento y vivo. A mi hermana que siempre está, que intenta a veces sin éxito sacarme de mi casa. A mi hermano, quien ha sabido construir junto a su propia familia una forma nueva de ver el lado bueno las cosas, y transmitírmelo de una forma u otra. A todos ellos agradezco la ayuda, el apoyo, mi silencio, y mis arranques de locura o de llanto.También agradezcoa la familia que tomé prestada cuando me casé, porque siguieron estando, sobre todo por mi cuñado Gabi, a quien conocí cuando tenía catorce años y quise al instante. Ese flacucho cariñoso es hoy un oso que abraza fuerte, y tiene una familia que abraza fuerte, y en mis momentos de debilidad se apropian de mí y me dicen “Mi Lili”, y aunque suene posesivo me gusta y siento que es un vínculo indestructible. Por eso ellos decidieron pasar  Navidad conmigo y con mi familia, para acompañar, sin invadir el vacío pero cercándolode amor para que yo no cayera en él y, pudiera comenzar un 2020 con menos pena.

En esa misma fecha comenzó a empeorar la salud de mi tía Ñata, que ya venía golpeada, y otra vez aparecía esa mezcla de miedo y esperanza que antecede a estos sucesos extraños que amenazan con dejar otro vacío. Pero mi tía bella con sus ochenta y cincoaños la peleó hasta el final. Y yo que tanto la quería estuve un mes a su lado, cuidándola en el hospital, en su casa, acostada a su lado como lo hice cada vez que volvíamos a San Rafael, y cuando fui a estudiar y compartí esos años con ella y con mi abuela.

Es difícil entender que la muerte te separa de alguien amado,  te acerca a quienes sentías lejanos, y te une infinitamente a quienes ya estaban. Por eso a veces pienso que las muertes  abren abismos pero que también construyen puentes que debemos cuidar para seguir comunicados. Pude comprender a mi primo Tito, Osvaldo, el mayor de mis primos, ese que tomamos de ejemplo mi hermana e inventamos el personaje del Tito bueno y el Tito malo cuando jugábamos, y que en la vida real era un hombre con sentimientos escondidos debajo de esa cáscara dura y resistente que se había formado para evitar sus propios dolores. Y pude afianzar lazos con Lita su mujer quien es amiga y confidente de mis logros, mis desdichas, mis penas y mis miedos. Ella sabe todo de mí… casi todo. Y en medio de la muerte y la tristeza pude acompañar a Walter, mi otro primo que cuidó de su madre hasta el último instante, y compartir  con él después de una manera tan linda, tan sana, tan cercana. En ese mundo de vacíos y soledades nos encontramos para curarnos las heridas, y para darnos cuenta  de que todo se derrumba como un castillo de naipes y deja a la vista lo que somos, con nuestras debilidades y fortalezas.

En medio de ese dolor tan grande de no poder hacer nada cuando la muerte es implacable, llegó el primero de marzo mi jubilación, pero nada fue como lo había imaginado. No había lugar para el festejo. Pero fui consciente de que cerraba un ciclo de treinta y un años, y ahora mientras escribo me doy cuenta de que el ciclo se cerró en el mismo punto donde comenzó, en la casa donde vivícon mi abuela y mi tía Ñata mientras estudié.

En marzo volví a casa y dos días después comenzó la cuarentena más larga del mundo, que me llevó a profundizar una crisis ya existente, para sumarla a esta nueva que me pegaba muy fuerte, y ya no podía cargar tantas pérdidas. Fue duro, lo sigue siendo, pero sé que es cuestión de tiempo y de esperar que el cerebro y mi corazón se entiendan. Largos días tirada en el sillón mirando series y pensando. Largos días escuchando a mis hijos amados tomando clases por zoom y sintiéndome orgullosa por sus logros y pensando en qué momento fue que mis niños se hicieron adultos. Terminan este 2020 con notas excelentes y con mi hija a solo un año de ser médica. Con un hijo que decidió irse a vivir con su pareja, que estudia y trabaja y me hace dar cuenta de que ya creció.

Las charlas telefónicas, mensajes y audios fueron muchos.Risas, llanto, confesiones, miedos, bajones anímicos… todo… tanto con la familia como con el paciente oído de Gustavo, mi psicólogo, con el que no dejé de tener contacto por videollamadas todos los jueves a las dos de la tarde para ayudarme a desenredar pensamientos, sentimientos, frustraciones y ver un poquito más allá cada encuentro. Volver a juntarme con mi prima Alejandra a reírnos de pavadas, aunque extrañando compartir el mate, mientras nos encerramos esa habitación/taller donde cosemos nuestras carteras, bolsos y mochilas, me desenfoca salir de mi burbuja, y meterme en otra para charlar, crear y  divertirnos. También es mi gran terapia.

Un día,  en medio de la cuarentena y después de varias propuestas,  casi por casualidad, decidí hacer mi taller de escritura, me gusta escribir y quería aprender, tenía el tiempo y pensaba que era fácil conseguir las ganas si me obligaba a hacerlo.  Nunca imaginé que pudiera abrir mi corazón a un grupo de mujeres desconocidas en las que encontré puntos comunes. Darme cuenta de que hay gente que también ha pasado por cosas complicadas y sigue en pie me alienta a seguir, a buscar la manera de sanar, cambiar, renacer, reencontrarse para corregir y darme cuenta que en este mundo imperfecto se puede caer, levantarse, tropezar tambalear y seguir. Y también soy agradecida por eso.

Hoy es el cumpleaños de mi hermano Gustavo, Gusti, ese gordo bello que pensé que venía a arruinarme la vida. El taller, el análisis certero que Yima, la profe, y las fotos me hicieron dar cuenta que, siempre estuvimos más cerca de lo que imaginé.

El día que cerebro y corazón puedan ponerse de acuerdo podré decir que pese a todo el balance fue positivo sin que dude tanto. Porque ya sé que soy la que ve el vaso medio vacío, y eso también lo estoy trabajando. Ya sé que tengo que sanar yo primero para poder asimilar todo lo que hiere, lo que duele, lo que despierta emociones angustiantes, pero sabiendo que la vida no tiene devolución, y peor aún, tiene vencimiento. Por eso hago lo posible para que al menos sea una cálida siesta de otoño, para volver con fuerza a ser esa primavera de árboles floridos, manteniendo esas raíces que me hicieron crecer y ser lo que soy, una loca soñadora que siempre sale a flote en medio de las tormentas. Y tal vez despertar de ese sueño y hacerlo realidad sea el camino. Con cierta expectativa y temor espero un año nuevo después de vivir este tan difícil pero que me ha enseñado mucho también, y en el que ustedes, compañeras de grupo han sido parte. Un gusto conocerlas. ¡Buen 2021!

Lidia Lozano (Centenario, Neuquén)

 

 

2. BALANCE 2020

¡Y sí! Este año estaban programados, viajes, culminación de mi carrera de Profesorado de Ritmos, encuentros con amigas, entre otras cosas para así sobrellevar mi duelo por mi separación. Me encontré igual que todo el mundo, y no exagero, viviendo el día a día, sin planificar el mañana. Conviviendo con la preocupación de no perder mi salud y lo peor, contagiar a otras personas. Trabajé sin parar, lo elegí y fue mi mejor entretenimiento que mantenía ocupada mi cabeza.

Volví a leer libros que tengo Louse Hay, Rolón, Pilar Sordo, Risso, Dr Rosetti. Constaté que era mayor mi entendimiento.

Descubrí y me atrapó escuchar audiolibros, rememoré el Diario de Ana Frank, leído en mi secundario, que salvando las diferencias, algunos escritos eran lo que yo vivía en pandemia. Aparecieron Reinventarse, Emociones Destructivas, Tus zonas erróneas, Siete hábitos de la gente altamente efectiva. Sentí que era lo que necesitaba escuchar en esos momentos y cómodamente lo hacía, mientras realizaba mis tareas en casa.

Un día, un dolor me llevó a la psicóloga, porque si bien lo sentí en el pecho, supe que no era motivo para ir al médico, eran mis emociones quienes lo gestionaban. Escuché el mensaje. Allí pude poner en palabras mi angustia, identifiqué mis conceptos errados, postura sobreprotectora y sentimentos ambivalentes. Con gran consuelo, liviana y satisfecha salí de cada sesión.

Simultáneamente, recibí una invitación para hacer meditaciones, "Alivio para el personal de salud" y asi fue, lo comprobé cada día que lo practiqué.

Del trabajo al encierro de mi casa, vivencié lo triste que es para mí no socializar, ver a mis seres queridos. Lo compensé a través de la tecnología.

Mis compañeras de trabajo pasaron a ser mi familia, compartía más horas con ellas que con todo mi entorno, la convivencia se torno difícil, el miedo y lograr acuerdos. Aprendimos a manifestar nuestras emociones. Aún así el compromiso, la solidaridad y la empatía fueron lo que predominó en cada una de nosotras. Como acto de cariño, hacíamos algo rico en nuestras casas para compartir.

Esperaba el sábado, para encontrarme con Eugenia, terapeuta transpersonal, a quien escuché atentamente temas como resiliencia, propósitos, creencias generacionales, sueños, culpa, dolor, sufrimiento, soltar, entre otros. Además de festejar el día del amigo por zoom. Entendí que estaba sola de compañía, no vacía interiormente y con gran potencial para seguir creciendo. A fines de julio se presentó el curso del árbol genealógico, descubrí y entendí a mis generaciones pasadas, empaticé con mi familia. Lo más valioso fue que incorporé a mis abuelos y bisabuelos desde el amor.

Al poco tiempo el Taller de Escritura Terapéutica, el complemento justo para reflejar mis pensamientos, sentimientos y lo que hago. Siento que vivo en coherencia, que hace  a mi tranquilidad. Fui capaz de escribir desde mi niñez, adolescencia y adultez a mi mamá, papá, hermanos, al amor y a la vergüenza. Historias muy profundas que agradezco a Lili, Susy, Gladys, Lidia y Yima por escucharme.

Un mediodía de agosto, recibí un wathApp de una compañera de ritmos invitándome a participar de un retiro de sanación interna y crecimiento espiritual del Padre Martin Lampa: aceptacion, sanación de heridas emocionales (abandono, rechazo, humillación, traición e injusticia) y sus efectos. La libertad interior (humildad para reconocer el problema, pedir ayuda, expresarlo, vivir el proceso). Renovar la mente. Entre otros temas. Destaco el perdón igual a salud, madurez psíquica y cristiana. Y autoestima: mi valor, ser única con dones que nací para brillar. Temas desde otra perspectiva que después de estos retiros, adopté mayor actitud de Fe.

Agradezco cada mañana por un día más con  salud. Repito mis frases positivas. Lo que yo creo se hace realidad en mi vida, el mundo está lleno de oportunidades.

Mis hijos son mi orgullo: adultos, trabajadores, responsables, de buena esencia. Siento una conexión de corazón con ellos, que nada tiene que ver con el tiempo compartido. Los solté porque los hijos son para la vida. Quisiera ser un ejemplo  para ellos, no por lo que les digo, sino por lo que hago.

Con mis padres, hermanos y nietos voy a alcanzar ese acercamiento de demostración afectiva que siento que me falta.

Mis amigas han estado presente aun en la distancia, como yo con ellas ante la pérdida de sus queridos familiares. Reconozco dos bellas personas como mis guías espirituales.

Hoy admiro que no planifiqué nada de esto, veo que soy capaz de pedir ayuda, descargar mis miedos, culpas, vergüenza.

Lo que se presentó lo escuché, tomé, visualicé, incorporé y relacioné en mi vida. Entiendo que nada es casualidad.

Con esfuerzo, mi objetivo lo estoy cumpliendo, entiendo que solo se modifico: ¿cómo hacerlo?.

Invierto en mi salud mental. Me dediqué a mi Ser. Siento que me lo merezco porque soy lo más importante de mi vida.

Leer, escribir, meditar, cocinar, escuchar música, trabajar y bailar. Hacen que mi día sea agradable, completo, alegre. Lo disfruto y agradezco a Dios.

 Graciela Benítez (Río Gallegos, Santa Cruz)


1. BALANCE 2020

 Y SÍ…el 2020

 Tiempo de reconectarnos

Tiempo de acomodamientos

¿Qué es esto de lo global?

Se jode uno, nos jodemos todos.

 Andar por la casa

 en pijama y descalza

sosteniendo el tiempo

envolviendo el alma.

Buscando en el facebook

alguna noticia

watssap y sus memes

sacando sonrisas.

Apagar la tele

las cifras, los miedos

y la pesadumbre

de la incertidumbre.

Valientes de blanco

actores sin teatros

heros del pueblo

cansancio y aplausos.

Las letras volaron

tomaron espacios

se multiplicaron

en tiempos desiertos.

¿Qué tuvo este año?

miradas intensas

buscando en los ojos

calor necesario para reencontrarse.

  

Galu Juin (Junín de los Andes, Neuquén)


 2020

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