1. DE BARAJAS A ORLY
El subte me lleva a la estación terminal del aeropuerto de Madrid para viajar a París. Mi sueño se va a cumplir al fin; vivir en el barrio Latino, un pequeño estudio en 18 de la Rue de Lyonnais me espera. No llevo valijas ni cartera. Ignoro cómo se va a resolver este tema, pero sigo pasando estaciones hacia Barajas.
Papá y mamá acaban de despertarse y se dan cuenta de que es tarde. Nunca llegarán a la parada. No se hacen mucho problema. Está la abuela también. Todos atrasados. Tengo que volver a buscarlos. No sé cómo comunicarme. Me doy cuenta de que tampoco tengo el pasaporte ni los pasajes. Aparezco súbitamente en la casa de mis padres. Ruego que se apuren, porque voy a perder todo lo que tanto me costó alcanzar. No me miran. Estoy en otra dimensión, aunque los veo reír y conversar. No me hablan, bromean entre ellos. Seguro es la inquietud y la desesperación lo que hace que ignoren la situación. Dudo de todo, demasiada charla para que me acompañen. La risa de papá me exaspera.
De nuevo en el subte camino a Barajas. La misma escena, sin valijas, sin mochila, sin nada. Las estaciones pasan oscuras y siniestras. Leo los carteles: Agüero, Pueyrredón, Pasteur, Callao. Me bajo en Callao a una cuadra del colegio. Son las siete menos diez de la mañana y tengo que entrar a las siete en punto. A horario como todos los días. Algo me hace retroceder y bajo rápido las escaleras de la estación de subte. Subo al próximo coche y recorro una y otra vez de ida y vuelta, las estaciones Nuevos Ministerios, Pinar del Mar, Mar de Cristal, Feria de Madrid y Barajas como en vano laberinto. Llego sin tiempo ni espacio a Barajas, miro a mi alrededor y veo pasajeros fantasmales que se trasladan en todas direcciones. En más de seis niveles de altura se anuncian los carteles de partida y llegada. No sé en cuál estoy; se superponen voces chillonas que pregonan un millar de indicaciones. Ya no sé qué hacer ni a dónde ir y comienzo a asustarme y transpirar. Me doy cuenta de que es un sueño, pero no puedo salir de las confusiones y tinieblas, aunque hago todo el esfuerzo posible.
En un impulso postrero me despierto en nuestro dormitorio de Mar del Sur. Estiro el brazo y allí estás esposo mío y la pesadilla se esfuma rápidamente, aunque el corazón me siga latiendo impetuoso. Soy esta mujer que cumplió su sueño que no era precisamente vivir en París.
Alexis de la Fuente (Buenos Aires)
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