6. FIEL A MÍ MISMA
Estoy en franco plan de ser más fiel a mí misma.
Entiendo que por una cuestión de baja autoestima en el pasado frecuentemente no lo era.
Me adaptaba a las condiciones, planes y propuestas de los demás dejando de lado mis propios gustos e intereses por temor de no encajar en un grupo o a perder la aprobación o el cariño de alguien.
De todas maneras, de tanto en tanto aparecía mi criterio y eso me ha preservado de cometer unos cuantos errores.
Siempre me ha encantado pertenecer a un grupo, pero en algún momento, si la situación me hacía ruido, al final, me corría de ahí.
Con el paso de los años me volví más segura de mis capacidades.
Empecé a tomar en cuenta mi manera de razonar y ahora, aunque en oportunidades dejo de lado una preferencia es en favor de la buena interacción con otros. ahorrándome incomodidades
Eso sí, si bien en esos momentos lo evito, después seguramente hallaré cuando manifestar mi opinión.
Me encanta conocer gente y soy súper sociable pero donde y cuanto me quedo lo decido yo de acuerdo a mí confort emocional.
Digamos que soy bastante fiel a mí misma, pero me tomo alguna licencia.
Me percibo una persona de gustos bien definidos.
Mis elecciones se fundamentan en situaciones que me dan plenitud y satisfacción,
motivo por el cual, si un lugar, una persona o un producto me resultan según lo que espero, me quedo con eso sin buscar algo similar salvo por alguna cuestión de fuerza mayor.
Mis convicciones son bastante férreas y aunque reviso mis actitudes solo cambio si estoy profundamente convencida.
De todos modos, como dije al inicio estoy en plan de optimizar el vínculo conmigo misma y para eso serme fiel es fundamental.
Melinna Trigo (CABA)
5. PRIMERA Y ÚLTIMA VEZ
La infidelidad es una traición. Está íntimamente ligada a la deslealtad y aunque abarca cualquier tipo de vínculo, las consecuencias dentro de una pareja suelen ser insalvables.
Durante casi treinta años le fui fiel a Daniel, mi ex marido, y no lo viví como un sacrificio, era parte del compromiso asumido. Soy respetuosa de los valores en los que creo, y la lealtad con el otro es algo que no se negocia.
La infidelidad no tiene que ver con el amor, sino con una ocasión que hay que evitar.
Digo esto porque hace cuatro años se me presentó una oportunidad y no la quise desaprovechar. Pienso que lo que viví no califica como infidelidad, pero es algo parecido.
Estaba en dos aplicaciones de parejas, a full con los cafés descartables.
Conocí a Luis, chateamos unos días y nos citamos en una confitería para conocernos.
Empezamos a salir. Era un turco muy celoso. Vivía pendiente de mí y no por amor. Quería controlar mis actividades, mis horarios, mis amistades, en fin, me di cuenta de que no podía prosperar una relación tan tóxica, ese vínculo tenía fecha de vencimiento.
Lo único que me mantenía unida a él era el buen sexo que teníamos.
Al mismo tiempo yo continuaba con mis clases de tango. Después de varios meses habíamos formado un lindo grupo. Hasta que un día llegó Sergio.
Venía de otra sede a recuperar una clase que había perdido por problemas en el trabajo.
A la semana siguiente volvió y durante dos clases más continuó en nuestro grupo; había decidido cambiar y fue bienvenido.
Lentamente nos fuimos enganchando; bailábamos en todos los encuentros tangueros a los que nunca íbamos solos, poco a poco nos fuimos separando del resto y empezamos a hablar por privado, largas charlas con muchos temas en común y risas compartidas.
Aunque yo seguía con Luis, no sentía que lo traicionaba. No tenía ningún conflicto con la situación, los disfrutaba a los dos porque me atraían cosas distintas de cada uno de ellos. Me escudaba diciendo: ---- Los hombres lo hacen y está perfecto, ¿por qué yo no puedo? Las mujeres, ¿no podemos hacer las mismas cosas que ellos?-----
Me sentía una mujer empoderada, fuerte y libre, no pensaba que me estaba traicionando. Me gustaba eso de tener a dos hombres bajo mi control, algo que no me era difícil ya que siempre fui muy organizada; además, tengo la memoria necesaria para poder mentir y dotes de actriz para salvar cualquier contingencia imprevista.
Luis vivía lejos, en San Justo, el conurbano, tenía que usar la Gral Paz para llegar a Urquiza.
Los dos hijos adolescentes, a los que llevaba y traía de todas sus actividades, lo mantenían muy ocupado. Una tarde estábamos merendando en el Pindal y lo llamó la hija para que la fuera a buscar. Él le contestó que ya salía, que no se moviera del lugar. Pagó, me pidió disculpas y se fue inmediatamente.
Yo no me quejaba porque todo esto jugaba a mi favor, en especial los viernes o sábados, días de milongas a las que yo podía asistir tranquilamente con Sergio que vivía en capital, en el barrio de Flores por lo que llegaba rápidamente.
Todo iba muy bien, hasta que un día se me juntó el ganado, como diría una de mis hijas.
Estaba con Luis en casa en plena acción y sonó el timbre. Por supuesto lo ignoré, pero siguió sonando de una forma tan insistente que tuve que atender…
Quedé atónita al escuchar la voz de Sergio que a través del portero exclamaba ¡Sorpresa!
Luis me preguntó: ¿Quién es? ¿esperabas a alguien?
Mientras me vestía tan rápido como podía, pensaba ¡qué iba a decir!
Mirándolo fijo le contesté: ¡Hoy no tenía que venir nadie!, a este señor lo tenía citado mañana, se equivocó de día. Voy a ver qué le pasa y vengo, vos mientras vestite.
Caminé serenamente por el pasillo hasta la puerta y con mi mejor sonrisa le dije a Sergio:
-¡Pero qué linda sorpresa! El único inconveniente es que estoy atendiendo a un paciente, tengo para unos quince minutos más, ¿qué te parece si vas a la plaza?
¡Es un día espectacular!; termino y te voy a buscar. Le sumé a estas palabras un abrazo, una linda sonrisa y mucha convicción.
- ¡Uhhh! ¡Tenés razón! no me acordé que atendés gente enferma, perdoname…
- No te preocupes, me encantan las sorpresas, bancame que después venimos a merendar, ¿te parece?
- ¡Obvio, linda!, terminá tranqui. Te espero en la plaza, me encanta esa opción.
Entré casi galopando, Luis ya estaba vestido sentado en el sillón con cara de pocos amigos.
Había actuado con éxito la primera escena con Sergio, ahora venía la escena dos…
-Mi amor, este hombre no está nada bien, fue a la vuelta a comprarse una bebida al kiosco y vuelve, lo tengo que atender sí o sí….
- ¡Pero es un boludo!, me dijiste que tenías un paciente mañana.
- ¡Es él! Pero vino hoy, se ve que está mal, no puedo dejarlo así ¡Es una cagada! Te pido mil disculpas, pero es mi trabajo, no soy vendedora de boutique …
¿querés venir vos mañana a terminar lo que empezamos hoy?, le susurré al oído con voz muy seductora --- ya que él se confundió, voy a tener libre la tarde.
Por supuesto que aceptó gustoso, pero sería la última vez que eso iba a ocurrir.
Mágico Abril (CABA)
4. SORPRESA
Estaba raro, ausente física y emocionalmente. Sentado, sin hacer nada, cuando estaba en la casa y empezó a pasar mucho más tiempo afuera sin dar mayores explicaciones.
Hacía poco más de quince días que habíamos ido a buscar a las dos niñas que ampliarían la familia que ya formábamos los tres con nuestra hija biológica.
Por fin habíamos logrado concretar el sueño. La búsqueda que tantos años nos habían llevado, estaba dando su resultado y nuestra vida juntos empezaba a tomar nueva forma.
Un mes antes de que fuésemos a La Rioja, había sido mi cumpleaños y él me había regalado un hermoso ramo de flores con una tarjeta de dedicatoria y un perfume que se llamaba “Amor”.
A los pocos días nos habían llamado del juzgado, para decirnos que había dos hermanitas y nos preguntaron si estábamos dispuestos a adoptarlas.
Allá habíamos ido, llenos de alegría y emoción, luego de haber conversado y evaluado que sí, que definitivamente estábamos en condiciones de emprender la ampliación de nuestra familia.
Ya en tierras riojanas lo había notado raro, me llamaba la atención que se desorientara en la ciudad, ya que se caracterizaba por ubicarse en seguida cada vez que realizábamos un viaje. Pero lo adjudiqué al torbellino de emociones que nos recorrían el cuerpo y el alma en ese momento.
Pero mi instinto había fallado. Para nada imaginé que ya en casa, ante mi cuestionamiento por su rara ausencia casi permanente, me contestaría sentado desde el sillón y mirándome a los ojos: “me enamoré de otra mujer”.
Elena Rudoni (La Plata, Buenos Aires)
3. UN ETERNO TRIÁNGULO
Margarita Rosa Gilio (nótese que ha sido nominada con el nombre de tres flores) es una adherente al grupo de secundaria. Solamente estuvo con nosotras en tercer año porque decidió repetir el curso para juntarse con su amiga de toda la vida, Elsa Olmo. Dos niñas terribles de los pagos de Morón. Cuentan que se escondían de sus padres para salir con sus compañeros temporales con mentiras en las que siempre involucraban a una tercera. Ese lugar lo ocupó seguido mi amiga Grachu.
Marga es la amante-viuda de un juez de Morón -mujeriego él, según ella misma cuenta- con quien tuvo dos hijos: Paula y Mariano que se han transformado en su razón de vivir, a pesar (por qué a pesar?)de que ambos son jóvenes profesionales con una trayectoria breve. Obvio que siguieron el camino del padre -son abogados- al que casi no conocieron porque se murió de un síncope cardíaco a los cuarenta años cuando ellos eran muy pequeños.
A
medida que me reúno con ella me adentro por increíbles caminos
de su mente increíbles.
Marga es una mentirosa serial. Eso me quedó claro cuando una vez me contó un suceso de una manera, y a la vez siguiente que nos encontramos, la cosa había sucedido de otro modo completamente diferente. Y justo me lo cuenta a mí que, al igual que mi amiga Gaby, tengo “memoria de elefante”
Lo
cierto es que por otras participantes de tan afamado grupo, me enteréo
de que ella ya lo cuerneaba al juez en
vida con el señor apodado Cacho. Que don Cacho se cuidaba bien del señor Juez
al que sindicaban de violento, que andaba por la vida “calzado” y con guardaespaldas.
Fíjate vos en qué ámbito se metió Marga que la va de mosquita muerta.
Como dije, falleció el juez por causas naturales (bobazo) y ella se hundió en los brazos de Cacho quien le dio sostén psicológico, monetario y amatorio. Pero se llevaba muy mal con la señorita hija. “¡Vos no sos mi papá!”, dicen, creen, suponen que se escuchaba seguido en la casa de la calle García Silva razón por la que el señor Cacho abandonó el hogar materno, pero no el lecho compartido con la madre. Es un hombre que catalogaré de sencillo y buen tipo. Esa sensación me dio a mí cuando en el 2019 festejamos el cumple de Marga (disfrazado de una reunión con las compañeras) en el club de barrio que regentea don Cacho quien, además, vive a dos cuadras de la casa de Marga. O sea.
Así siguieron con la negativa de la señorita Paula a que su madre continuara con esta relación. Claro, a Paula no le contaron o no se enteró de que ellos ya venían “haciendo de las suyas” antes de su nacimiento.
A Marga le gusta vivir al filo del abismo. Cuando más filoso el abismo, mejor. Hace cinco años conoció a Carlos quien parece ser que es un potro en la cama. Nada más: una relación puramente sexual. Cuando ella quiso dejar el cepillo de dientes en su casa, él se lo tiró a la basura. De una. Sin mediar palabra. Claro, ahí Marga se enamoró de un tipo que la tenía alzada día y noche. Sus hijos lo conocieron. Paula ama a este padre sustituto. Peeerooo, Marga debía atender también a Cacho, por costumbre, por desidia, por recelo.
Los dos hombres viven en un radio de diez o quince cuadras por Morón centro. Se supone que ninguno sabe del otro. Digo se supone porque las bocas de las gentes mal pensadas y mal habladas… En fin. Y los dos hijos nada saben que continúa su relación con Cacho. Es un soberano quilombo. Soberano.
Marga se fue en el verano 2022 a Santa Clara donde su hermano tiene una casa gigante. Hemos ido las chicas solas y lo hemos pasado genial. ¿Con quién se va? Con Carlos. Venía teniendo dolores fuertes de cabeza a los que curaba con Sertal® No fue suficiente: perdió el conocimiento, la llevaron a una clínica de Mar del Plata: aneurisma cerebral. La trajeron de raje a Buenos Aires por esto que dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires. Pidió su celular para llamarla a Grachu para que ella estuviera al tanto de su enfermedad y -en clave- para que le avisara a Cacho que todavía estaba en la costa. ¿Qué? De más está decir que doña Grachu se pudrió de este boludeo constante de “decile, decime, contale esto” y dijo no.
Acá la trataron bien y ahí anda con su temita que no se termina de resolver aún.
Es significativo: tiene un despelote en la cabeza y es el cerebro el que le explota.
Creer o reventar. A la araña se le están rompiendo todas las telarañas tejidas. Y no hay repuesto.
Edith Oxilia (CABA)
2. INFIDELIDAD
La infidelidad es el fin de una relación, la demostración más firme de que a una persona no le importa nada de otra porque es capaz de herir sin piedad.
Amar es no hacer, no decir aquello que va a lastimar.
Amar es no traicionar.
Se puede ser infiel con la pareja, la amistad, la hermandad…con cualquier otro que cree que lo amamos.
Es el vínculo roto en mil pedazos, la falta de respeto por el secreto que alguien confió, la falta de lealtad que desnuda el desafecto, la falta de compromiso, la carencia de mirada limpia, el quebrantamiento de la confianza.
Porque pienso así me propongo fidelidad.
Hace muchos años, pasando por un periodo de crisis matrimonial, acepté un café con Daniel, mi primer noviecito.
Al llegar a la cita miré sus ojos celestes grisáceos, los mismos del día que lo conocí. Estaban acompañados de una sonrisa enorme y esa complicidad seductora que siempre uso para mí.
Palabra tras palabra sacó de sus labios lo que me estaba pasando, adivinando todo con la inteligencia emanada de su ser, esa que me capturó en los 80.
Escuchoó en mis gestos, expresó en los suyos.
No necesite decirle nada, mostró cada espina que nos separó hace tanto tiempo, dijo la frase que despertó mi vivir, esa frase que por un rato me mantuvo de pie en ese abismo profundo que yo estaba viviendo…dijo la frase: “Sentí todo por vos”.
Mi cuerpo pudo haber caído en esos brazos que me cubrirían nuevamente…pero me prometí no llegar a defraudarme.
Edith Martini (Jáuregui, Buenos Aires)
1. DISTINTAS INFIDELIDADES
No solo pienso, sino que además sostengo, que es muy difícil expresarse sobre un tema que uno no sintió como propio, u opinar demasiado sobre una situación no vivida.
Algunos escépticos de la fidelidad, podrán decir: “a lo mejor no te enteraste” o se puede escuchar la consabida frase: “de eso nadie se salva”. Yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos.
En definitiva, la infidelidad es una mentira hacia el otro. La persona infiel no solo sabe lo que está haciendo y por qué, sino que es su elección. Que después lo vea como equivocación, quizás. Como en general sucede, se perciben las equivocaciones cuando algo se pierde.
Me cuesta creer que algunas personas dicen que el ser infieles está en
su naturaleza… por lo menos, no es una razón que esté dentro de mi lógica.
El engaño y la infidelidad existen desde lo remoto de los tiempos, negar que sucede sería tonto. Pero me pregunto, así sea una infidelidad “ocasional”, ¿se podrá seguir confiando en el otro?, ¿tomarlo como algo natural?, ¿seguir la relación como si nada hubiera pasado?
Para interiorizarme sobre la cuestión, antes de escribir leí un par de artículos sobre la misma. Mi sorpresa fue saber que existen distintos tipos de infidelidad, a saber:
Infidelidad económica: radica en que un integrante de la pareja oculte al otro sus gastos, mienta sobre su salario o saque dinero de una cuenta en común sin decirlo.
Infidelidad vital: es cuando alguien dice tener un trabajo que no existe,
acusa tener otra edad o inventar
sobre su pasado. Se da sobre todo en las redes sociales, en estas personas puede
tratarse solo de mentir o de un trastorno de
personalidad, una baja autoestima, queriendo mostrar algo que no son.
Infidelidad emocional: se considera cuando una persona atraviesa un estado
emocional pero lo oculta a su pareja, puede ser por un motivo laboral o anímico.
En general, proviene desde un distanciamiento en la pareja, y
no siempre se trata de enamorarse de otra persona.
Por último, la más conocida, la infidelidad de índole sexual.
Personalmente, creo que la infidelidad está relacionada con los acuerdos de cada pareja respecto al compromiso que cada uno quiera tener con el otro.
Claudia (CABA)
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